El pasado 26 de agosto, una devastadora emergencia golpeó un distrito montañoso del norte de Nepal, cerca de la frontera con Tíbet, en China, tras el colapso de un glaciar que generó una fuerte avalancha del río Bhotekoshi en Rasuwa y terminó por arrasar poblaciones, carreteras y otras infraestructuras.
Al corte de este sábado, cifras preliminares indican que 633 personas murieron y casi 3000 siguen desaparecidas. Entre los desaparecidos se encuentran cientos de habitantes de la zona y numerosos extranjeros que se encontraban en este importante corredor fronterizo y turístico.
Por este corredor circulan cientos de creyentes a realizar una peregrinación anual en el monte Kailash y el lago Manasarovar, sitios sagrados para hindúes, budistas, jainistas y practicantes de la religión Bön.
Aakriti Dotel, coordinadora de la red nacional de Jóvenes Nepaleses por la Acción Climática (NYCA) y joven activista climática, explicó en entrevista con la revista Semana que la emergencia tomó por sorpresa a las comunidades y el tiempo disponible para reaccionar fue demasiado corto.
“Ante todo, se trata de una tragedia humana devastadora. Las comunidades de estas áreas han sufrido una enorme destrucción y pérdidas significativas. En este momento, nuestra principal preocupación son las personas desaparecidas, desplazadas y afectadas. Comparadas con otras inundaciones registradas este año, estas han sido mucho más devastadoras”, señaló la activista.
Según la cifra de la Junta de Turismo del país, de 579 personas desaparecidas, incluidos 466 extranjeros, se identificó que hay 133 indios, 90 estadounidenses, 34 australianos, 33 británicos y 24 canadienses que siguen sin aparecer.
Mientras siguen las labores de búsqueda, los habitantes y organizaciones ambientales también están preocupados por la recurrencia de este tipo de fenómenos.
“Muchos están enfrentando ansiedad, trauma e incertidumbre. Circulan rumores sobre nuevas inundaciones y sobre lagos que podrían desbordarse en cualquier momento, lo que aumenta aún más el miedo. Al mismo tiempo, muchos jóvenes están colaborando activamente con el Ejército y los equipos de rescate en la búsqueda de víctimas y en las labores de apoyo a las comunidades”, añadió Dotel.
Entre tanto, Aakriti Dotel reveló que la masa que se formó de hielo, roca y agua se desplazó de manera tan repentina que ni las autoridades locales tuvieron tiempo de alertar a los pobladores.
“Fue un evento bastante inesperado. Incluso el propio Gobierno recibió la información con muy poca anticipación. Los sistemas de alerta temprana emitieron advertencias, pero en un margen de tiempo muy corto. La información comenzó a circular alrededor de las 9 de la mañana y el evento ocurrió cerca de las 9:15. Esa diferencia de tiempo fue insuficiente para que muchas personas pudieran evacuar o ponerse a salvo. Por eso, aunque existían mecanismos de alerta, no lograron evitar la pérdida de vidas ni la destrucción”, aseveró.
Según las primeras evaluaciones de geólogos y glaciólogos, un bloque de hielo de aproximadamente 600 metros de ancho se desprendió de un glaciar ubicado a unos 5.180 metros de altura, descendió más de 1.200 metros y arrastró hielo, roca y agua.