Los familiares de Blanca Emery Pardo, una mujer de 72 años dedicada a la elaboración y venta de quesos en la vereda Plazuelas del municipio de San Bernardo, Nariño, exigieron a los organismos judiciales celeridad para esclarecer las circunstancias de su muerte.
Los hechos ocurrieron a finales de agosto, cuando la campesina fue hallada con graves marcas de agresión física en una zona de difícil acceso cerca de su residencia.
La mujer había salido de su vivienda para recoger leña en un potrero de su propiedad. Al notar su prolongada ausencia, una de sus hijas comenzó a buscarla en el sector. Horas más tarde, la encontró en estado de shock, con hipotermia y sin prendas de vestir sobre el terreno.
Con la colaboración de varios vecinos de la vereda, la víctima fue cubierta con cobijas y llevada al puesto de salud de San Bernardo. Jenny Pulido, una de sus hijas, relató el impacto que generó el estado de salud de su madre entre el personal médico local que la recibió de urgencia.
“Hasta los enfermeros que atendieron a mi mamá lloraban en el estado en que la llevaron”, afirmó.
Dada la severidad de las heridas y la imposibilidad de estabilizar a la paciente en el puesto rural, los profesionales dispusieron su remisión inmediata a un centro asistencial de mayor complejidad en la ciudad de Pasto. Durante la valoración, el equipo médico detectó evidencias físicas compatibles con una agresión violenta.
En ese primer dictamen entregado a los parientes en el centro hospitalario, los especialistas informaron que la mujer presentaba indicios clínicos de haber sido víctima de presunto abuso sexual. Pese a las maniobras de reanimación y los intentos de soporte vital en la unidad de cuidados, la mujer de la tercera edad falleció cerca de la medianoche del 30 de agosto.
A más de un mes de registrado el crimen, los allegados de Blanca Emery Pardo insisten en que en la comunidad no se habían presentado antecedentes de violencia contra los adultos mayores del sector.
La familia reiteró la solicitud a la Fiscalía General de la Nación para que asigne un grupo especializado que recolecte testimonios en la zona rural.
La hija de la víctima manifestó la incertidumbre que rodea a los habitantes de la vereda, donde las viviendas se encuentran distribuidas entre predios agrícolas y los vecinos sostienen relaciones cotidianas de trabajo.
“Esta persona hoy está suelta, si todos nos conocíamos en la vereda, ¿quién fue la persona que se atrevió a ultrajar a mi mamá?”, cuestionó Pulido al reiterar el llamado a las autoridades.