Mujeres hablaron de sus hijos desaparecidos, de las violencias que aún habitan en su cuerpo, de búsquedas que no culminan y de territorios sostenidos por generaciones enteras de lideresas.

Estas voces llenaron la Casa de las Memorias del Conflicto y la Reconciliación de Cali, no desde un discurso preparado, sino desde un conversatorio marcado por experiencias del conflicto armado.

El 27 de mayo se lanzó el podcast ‘Mujeres Tejiendo Memoria’, impulsado por la Secretaría de Paz Territorial y Reconciliación de la Gobernación del Valle del Cauca, que se construyó alrededor de estos relatos de madres buscadoras, sobrevivientes de violencia sexual.

Esta serie reúne cinco episodios con diferentes voces que narran sus luchas y los procesos de sanación colectiva que las han llevado a tejer el futuro.

“Nosotros reconocemos que las mujeres han vivido un hecho diferencial en el marco del conflicto. Pero, más allá de los datos y las investigaciones, había una pregunta sobre cómo convertir eso en un relato”, explicó a El País Camila Mantilla, secretaria de Paz Territorial y Reconciliación del Valle.

Según la funcionaria, el podcast fue un pretexto, pues detrás hubo un proceso de acompañamiento psicosocial que se construyó desde “una lógica de mujeres cuidando mujeres”.

También explicó que esta iniciativa surgió como una respuesta al llamado de las víctimas y a la necesidad de reconocer cómo las mujeres sobrevivientes del conflicto armado tienen experiencias distintas atravesadas por las ausencias, el cuidado y la violencia. “Fue un proceso que construimos no solo para ellas, sino con ellas”, señaló Mantilla. “No hubiese sido fácil hacerlo de la noche a la mañana si no se acompañan estas mujeres y si no planeamos metodologías centradas en las víctimas, en el dolor que ellas han vivido, pero también en la capacidad que han tenido de acompañarse”.

Las protagonistas de ‘Mujeres Tejiendo Memoria’ participaron en el lanzamiento del podcast, una iniciativa que reúne relatos de madres buscadoras, sobrevivientes de violencia sexual y lideresas del territorio ancestral de Mulaló | Foto: Suministrada a El País

Estas son algunas de las historias de las protagonistas, cuyas voces están atravesadas por dolores físicos y del alma, pero que están unidas por la misma convicción: seguir hablando para que la violencia no sea la única historia que quede sobre ellas.

Natalia Restrepo, la madre que transformó su búsqueda en liderazgo

Natalia Restrepo era presentadora de noticias en medios de comunicación de Cartago y tenía un emprendimiento de joyería; así transcurría su vida entre el trabajo, su familia y la crianza de sus tres hijos: Jonás, que está por cumplir 19 años; Isis, cercana a los 18, y Emmanuel, de 16. Pero su vida cambió el 19 de diciembre de 2023.

Natalia Restrepo busca a su hija Isis y a su yerno. | Foto: Suministrada a El País

Ese día su hija Isis Sánchez Restrepo, de entonces 15 años, desapareció junto a su novio Jean Paul. La adolescente había pedido permiso para encontrarse con él, ir a comer helado y regresar horas después; sin embargo, nunca volvió.

Durante la noche, su hermano mayor salió a buscarla sin éxito y en la mañana Natalia comprendió que algo no estaba bien, pues su hija nunca se quedaba fuera de casa, por lo que acudió ante las autoridades para denunciar y comenzó una búsqueda que continúa hasta hoy.

Entre lágrimas, narró que la desaparición de la pareja transformó su dinámica familiar, pues mientras se enfrentaba a la incertidumbre por el paradero de su niña, también debía acompañar a sus otros hijos a afrontar el impacto emocional. “Todo cambia. El miedo está presente”, mencionó.

Con el paso de los meses, Natalia encontró en otras madres una red de apoyo y decidió convertir su dolor en una acción colectiva, por lo que nació su liderazgo en la Fundación Hilos de Justicia, que acompaña a familias de Cartago y otros municipios del norte del Valle del Cauca que atraviesan situaciones familiares y exigen respuesta de las autoridades.

Isis Sánchez Restrepo, de entonces 15 años, desapareció junto con su novio Jean Paul el 19 de diciembre de 2023. | Foto: Suministrada a El País

Aunque su principal objetivo es encontrar a Isis y a Jean Paul, afirmó que, al recorrer este proceso junto a otros hogares, se transformó su propósito. “Esta labor no va a terminar. El día que aparezcan voy a estar muy agradecida con Dios y con todas las personas que han estado allí, pero este liderazgo va para siempre”, manifestó.

También resaltó el respaldo de la abogada Ángela Margarita Rey Anaya, directora de la organización United for Justice, e indicó que ha sido una aliada fundamental para la búsqueda de verdad y justicia para las familias.

Natalia reconoció que hay días en los que la fuerza se agota, pero insistió en que la búsqueda no termina. “En medio del dolor se hace familia”, sostuvo, por lo que, además de buscar a Isis y Jean Paul, trabaja para que otras personas no recorran solas el mismo camino.

Ana Deiba Palacios cambió su dolor por el liderazgo

“Yo fui la voz de muchas personas que no podían hablar”. Así narró Ana Deiba Palacios, una lideresa incansable por los derechos de las sobrevivientes del conflicto armado. Cuando tenía 14 años fue víctima de una agresión sexual que marcó su vida y derivó en el nacimiento de su único hijo.

Tres años más tarde enfrentó un nuevo abuso, esta vez relacionado con un cabo del Ejército. Aunque lo denunció en una instalación militar, recibió burlas y revictimización, por lo que enterró ese episodio y no fue capaz de verbalizarlo hasta 2015, tras un extenso proceso psicosocial.

Ana Deiba Palacios es una lideresa incansable al apoyar a víctimas de abuso. | Foto: Suministrada a El País

Aunque Ana nació en Buga, pasó gran parte de su vida en el departamento del Cauca junto con su familia, pero, a medida que se hacía conocida por su liderazgo con comunidades negras y campesinas, años después llegó el desplazamiento forzado, las amenazas y el asesinato de su hijo, en 2004, hechos que terminaron por expulsarla de su territorio.

Pero su historia no se quedó anclada al dolor. Desde 2008 acompaña a mujeres y hombres víctimas del conflicto armado, ayudándoles a encontrar espacios de escucha, orientación y recuperación.

“Nosotras no somos débiles, somos muy fuertes”, sostiene. Su trabajo se enfoca en abrir caminos para que otras personas puedan hablar sobre sus experiencias atravesadas por el miedo, el silencio y el abandono institucional.

Ana Deiba y Mariluz han compartido en diferentes actividades en favor de las víctimas. | Foto: Suministrada a El País

Durante casi dos décadas esta mujer ha trabajado con las personas afectadas por el conflicto armado, acompañando sus procesos comunitarios y encuentros para escucharse. Además, enfatizó que los hombres también han sido afectados por la violencia sexual, pero que en su caso este delito está más invisibilizado, por lo que lucha para que ellos también tengan acceso a la justicia y a la sanación personal.

En ese camino insistió en que hablar es uno de los mayores desafíos, pues muchas personas siguen cargando el peso de sus historias, las cuales no han podido nombrar por miedo, vergüenza o falta de apoyo.

Por eso, gran parte de su labor consiste en tender puentes de confianza para que otras personas encuentren las herramientas para construir sus propias vidas.

Hoy, Ana Deiba continúa diciendo que sanar las heridas personales también puede convertirse en una manera de acompañar a otros.

Mariluz Chicaiza (izq.) y Ana Deiba Palacios (der.) se conocieron durante la pandemia por covid-19. | Foto: Suministrada a El País

Mariluz, la mujer que volvió a florecer

Mariluz Chicaiza es la definición de resiliencia, pues ha enfrentado episodios que han marcado de manera fuerte su vida.

Mariluz Chicaiza ayuda a mujeres víctimas del conflicto armado en todo el Valle. | Foto: Suministrada a El País

Su papá creó una empresa con esfuerzo, pero desde 2007 comenzaron a llamarlo para extorsionarlo, por lo que semanalmente el hombre debía ceder un porcentaje de sus ganancias.

Mariluz, quien es madre de dos hijos, le dijo a su papá que debían denunciar, tras siete años de intimidaciones, pero, en retaliación, ella fue retenida ilegalmente.

“Estuve 21 días secuestrada. Sufrí lo más terrible que se le puede hacer a una persona; no recuerdo un solo día que no me hayan violentado sexualmente”, recordó entre lágrimas.

Tras ese episodio, se desplazó junto con su padre a Ipiales, Nariño. Estar lejos de sus hijos y el trauma sufrido la llevaron a la depresión, ya que, además, un tiempo después fue diagnosticada con cáncer.

Mariluz se convirtió en lideresa y apoya a sobrevivientes del conflicto armado realizando diferentes actividades. | Foto: Suministrada a El País

Pensó varias veces en la muerte e incluso intentó quitarse la vida, “porque cuando a uno lo desplazan, cuando le quitan su dignidad e integridad, solamente ve como opción la muerte”, dijo, pero, gracias a la ayuda de la Unidad para las Víctimas y de la doctora Beatriz Morales, logró sanar su corazón.

Luego, en medio de la pandemia, conoció a Ana Deiba Palacios y, junto con ella, comenzó a interactuar con otras mujeres sobrevivientes, por lo que empezó a trabajar con las manualidades como una manera de reconstrucción.

Entre sus creaciones están las muñecas de trapo elaboradas a mano con las que ayuda a las personas a sanar desde el interior y también les enseña a sus compañeras a fabricar flores eternas para que puedan salir adelante económicamente.

Hoy continúa liderando espacios comunitarios en diferentes municipios y, junto con su esposo, se sostienen con un emprendimiento de perros calientes.

Las muñecas de trapo son importantes para las actividades de sanación. | Foto: Suministrada a El País

A pesar de su dolor, insistió en que siempre es posible volver a empezar y más aún con el acompañamiento de personas que ayudan a tejer el futuro.

Juana Bermúdez busca respuestas a pesar de los años

Juana María Bermúdez lleva más de una década buscando a dos de sus hijos, quienes están desaparecidos.

Con el paso de los años perdió el miedo, recorrió caminos, tocó puertas y fue a diferentes instituciones, pero todavía no tiene respuestas.

Tampoco suele hablar de ellos públicamente; guardó los nombres en su intimidad y en la búsqueda que nunca ha abandonado. Los hechos ocurrieron en Obando, en el norte del Valle, y las primeras informaciones que recibió eran que habían sido asesinados, pero no ha encontrado sus cuerpos.

La señora Juana aseguró que no dejará de buscar a sus dos hijos desaparecidos. | Foto: Suministrada a El País

Durante mucho tiempo el temor la tuvo en silencio; tras la desaparición de su primer hijo se encerró en su casa, evitó hablar de lo que le pasó mientras intentaba entender cómo la ausencia transformó para siempre la vida de su familia. Pero con los años se encontró con otras madres buscadoras y halló en ellas una red de apoyo que le permitió acompañar a otras mujeres que atraviesan situaciones similares.

Hoy, ya entrada en años, aseguró que uno de sus mayores temores es que el tiempo se le agote antes de encontrar una respuesta. Por ello, piensa constantemente en el futuro de la búsqueda y quiénes podrán continuarla. Según mencionó, junto a ella tiene un hijo y tres hijas, quienes han estado con ella en el proceso y en ellos deposita la esperanza de que esta historia no quede inconclusa.

“Yo ya estoy peinando canitas”, dijo con timidez en una mezcla de resignación y fortaleza, pero insistió en que mientras tenga vida seguirá buscando.

Su deseo es sencillo: quiere encontrar a sus hijos. Si están vivos, espera que regresen un día por la puerta de su casa; pero si murieron, anhela saber dónde están para recuperar sus restos y poder despedirlos.

“Así fuera polvo, pero encontrarlos”, sostuvo, pues después de tantos años, más que una explicación, lo que busca es conocer la verdad que le permita cerrar un capítulo que aún permanece abierto.

Gloria García, la guardiana de la memoria de Mulaló

La memoria no siempre se teje desde el dolor; también nace de quienes conservan las historias, la identidad de sus comunidades y sus tradiciones para que no desaparezcan con el paso del tiempo.

Esa ha sido la misión de Gloria García, lideresa del Consejo Comunitario de Mulaló, que ha dedicado su vida a proteger el legado cultural de su territorio ancestral.

Gloria creció viendo a su papá participando de las primeras Juntas de Acción Comunal de la zona y de él heredó el liderazgo y el compromiso que hoy continúa defendiendo.

Gloria García trabaja junto con su equipo para la protección de las tradiciones. | Foto: Suministrada a El País

Es mamá de cuatro hijos y desde que era muy joven se ha interesado por el servicio a la comunidad, por lo que se involucró en procesos colectivos que hoy lidera en este corregimiento del municipio de Yumbo.

Desde el Consejo Comunitario impulsan becas, apoyo a adultos mayores, proyectos productivos y mejoramientos de vivienda para fortalecer la calidad de vida de sus habitantes. “Nos hemos dedicado a cuidar nuestro territorio y nuestras prácticas, usos y costumbres”, explicó la lideresa.

Una de sus principales apuestas es involucrar a las nuevas generaciones, por lo que desde la escuela promueven ejercicios de memoria para que los niños reconstruyan sus árboles genealógicos y se sientan orgullosos de las historias de sus abuelos y bisabuelos. “Ahí es donde empiezan a tener amor propio por la comunidad”, comentó, convencida de que los jóvenes continuarán esta labor.

Aunque Mulaló es conocido por su gastronomía, sus paisajes y por la iglesia San Antonio de Padua, hay mucho más por saber. Por eso la lideresa quiere que las personas dominen las tradiciones que han convertido este territorio ancestral en un espacio donde la memoria se transmite de generación en generación.

Para Gloria, conservar la memoria implica garantizar que los niños y los jóvenes conozcan de dónde vienen. Por este motivo insistió en que las historias familiares, las celebraciones religiosas, las tradiciones culinarias y los saberes de los mayores no deben perderse. “Nos gusta ir transmitiendo todo esto a medida que vamos creciendo, porque ya tenemos chicos y chicas que serán líderes”, aseguró.

Si bien su historia no comparte lazos de dolor, Gloria afirmó que se siente orgullosa de sus compañeras, pues en sus testimonios de lucha, resiliencia y resistencia también está el deseo de ayudar a otros y tejer memoria.

Consejo Comunitario de Mulaló

  • Esmeralda Ortiz.
  • Abelardo Tello.
  • Alexandra Ortiz.
  • María Fernanda Sánchez.
  • Ana Joaquina Ochoa.
  • Julia Zúñiga.
  • Dufay García.
  • Yulieth Franco.
  • Jairo Góngora.
  • Eliécer Quijano.
  • Rubén Tello.
  • Sergio Tello.
  • Luz Dary Lugo.

¿Cómo escuchar el podcast?

‘Mujeres Tejiendo Memoria’ está disponible en Spotify, a través de Frecuencias de Paz en El Paraíso de Todos, y en YouTube, en el canal de la Secretaría de Paz Territorial del Valle del Cauca. El primer episodio se lanzó el 27 de mayo y aborda el tema de las madres buscadoras.

El 29 de mayo se lanzó la segunda entrega con la misma temática, mientras que desde el 3 de junio está disponible el tercer episodio llamado ‘Tejer esperanza desde el dolor’.

El 5 de junio llegó el segundo capítulo del mismo tema y el 10 de junio el episodio ‘Voces de ancestralidad’.