Si algo tiene Hollywood, es que a lo largo de los años ha sabido convertir algunos de sus personajes en iconos de culto.
Y justamente uno de ellos ha vuelto a emocionar a quienes han visto pasar a través de los años una de las sagas de espionaje más afamadas a nivel global: James Bond, el agente que apareció por primera vez en la novela Casino Royale, publicada en 1953, y que desde entonces se ha convertido en uno de los más reconocidos de la literatura y el cine.
Es que, el icónico personaje, creado por el escritor británico Ian Fleming, volverá, una vez más, a la pantalla gigante luego de meses de rumores y especulaciones sobre quién podría interpretarlo.
Sin embargo, la decisión aún no está tomada por los realizadores, quienes ahora batallan sobre el sucesor de Daniel Craig como nuevo 007.
Según se conoce, el proceso para encontrar al siguiente Bond avanza hacia una etapa definitiva, con pruebas de cámara programadas para agosto y un reducido grupo de actores que continúa en la competencia, entre los que se encuentran el británico Callum Turner, Harris Dickinson y Jacob Elordi.
Sin embargo, aunque ellos lideran las apuestas, otros nombres siguen apareciendo como favoritos. Entre ellos están Aaron Taylor-Johnson y Tom Holland, quienes durante meses han sido mencionados para enfundarse el traje del agente 007. Eso, sin decir que incluso se habla de cambiarlo por una mujer o por un Bond de tez negra.
Pero, y aunque muchos barajan ya sus apuestas, hay algo que el equipo de casting, en cabeza de Nina Gold, reconocida por Juego de Tronos y Star Wars, debe tener en cuenta además del talento interpretativo: encontrar un perfil que pueda representar una renovación del personaje sin perder la esencia del icónico espía.
Una exigencia que ha prolongado el proceso de selección y que, para algunos miembros de la industria, está siendo algo desacertada con los actores elegidos hasta ahora.
“Es absolutamente esencial que Bond conserve un carácter totalmente enigmático. No quiero ver a ninguno de los opcionados como Bond, porque ahora sabemos demasiado sobre ellos. Queremos saber lo menos posible sobre su vida personal, porque eso son los espías. No necesitamos saber dónde hace sus compras ni dónde vive. Nunca queremos verlo en casa. Y un elemento vital es su descripción laboral. Tiene licencia para matar, y debemos creer que puede hacerlo. Si no lo crees, has perdido al público”, afirmó la exdirectora de casting de la saga Debbie McWilliams, quien trabajó 4o años decidiendo quién ocuparía ese lugar.
Es que, para ella, comenzar con el misterio, desde el intérprete del personaje, es fundamental. “Timothy Dalton y Pierce Brosnan no eran particularmente conocidos. Daniel Craig tenía una carrera en películas independientes y una vida amorosa algo llamativa, pero no era una figura popular en todos los hogares, eso ayuda enormemente. Quiero ver a alguien completamente inesperado”, concluyó.
2. Rostros de leyendas
Durante 6 décadas y 25 películas 7 actores han interpretado al legendario espía James Bond, creado por el novelista Ian Fleming, para la pantalla grande.
El último, y quien le aportó un tono oscuro y crudo a la franquicia, fue Daniel Craig, que culminó su etapa en Sin Tiempo para Morir, en 2021.
Pero si se pudiera devolver el tiempo —y el séptimo arte puede lograrlo con maestría—, las nuevas generaciones verían a un James Bond bastante mayor; el agente sale de su retiro para luchar contra una organización nefasta, Smersh, en 1967, a cargo del actor David Niven.
Fue una parodia cinematográfica que no guarda relación con ninguna otra película: ni fue producida por Eon Productions ni por Albert Broccoli.
Su realización se debió a que Fleming vendió los derechos exclusivos del libro antes de su publicación en 1953.
Fue Sir Sean Connery quien, con una legendaria carrera a cuestas con más de 50 películas, al fallecer, fue recordado principalmente como el primer 007. Logró encantar a todos, menos al autor de la historia: “Nunca me presentaron a Fleming hasta que ya llevaba bastante tiempo rodando la película, pero sé que no estaba contento con mi elección”, dijo el escocés nacionalizado británico a The South Bank Show, en 2008.
Pese a Fleming, Connery interpretó al agente secreto en siete películas entre 1962 y 1983, y su versión es recordada no solo como la más genial de la franquicia sino de la historia del cine. Su carisma como 007 residía en su personalidad.
Barbara Walters, en una entrevista de 1987, lo definió muy bien: “No intentaba ser sexy; simplemente desprendía clase”, en especial al pronunciar la frase de Bond: “Martini, agitado, no revuelto”.
Un Bond que sí figura en la lista por pura cortesía es George Lazenby, australiano que lo interpretó en la entrega ‘Al servicio secreto de Su Majestad’, contratado por Eon Productions, luego de que Sean Connery decidiera abandonar el papel. Aunque fue rápidamente reemplazado por Roger Moore, cuando la saga se reanudó en 1973, con ‘Vive y deja morir’.
Este último, actor británico, se puso el traje de Bond en siete películas, donde Moore viajó al espacio, se enfrentó a una manada de cocodrilos y desactivó una bomba nuclear. Si bien era carismático y entretenido, sus diálogos, a juicio de la crítica, pocas veces tenían sustancia y la trama era menos coherente para dar cohesión a todas las acrobacias de gran presupuesto.
En los 80, Timothy Dalton se hizo al papel, al que dio vida en Alta Tensión (1987) y Licencia para Matar (1989), dos de las películas más queridas de la saga. Su interpretación oscura y seria es considerada la adaptación más fiel de las novelas de Ian Fleming. “Quería humanizarlo” —dijo en 2008— “No es un superhombre; no te puedes identificar con un superhombre, sino con el James Bond de los libros. Es un hombre con defectos. Quería capturar esa vulnerabilidad ocasional y el espíritu de Ian Fleming”, dijo.
Su carrera como Bond se vio truncada por la disputa legal entre MGM y Eon Productions, que detuvo la saga en 1994.
Luego Pierce Brosnan lució el traje a medida del agente, logrando un equilibrio entre carisma, elegancia y vulnerabilidad en los títulos Golden Eye (1995), El Mañana Nunca Muere (1997), El Mundo no Basta (1999) y Muere Otro Día (2002).
3. Datos curiosos
El propio Pierce Brosnan ha dicho públicamente que, aunque interpretar a Bond fue una etapa mágica y un gran honor que le abrió puertas, le cuesta mucho ver sus propias películas del agente 007 porque sentía que su interpretación dependía demasiado de los chistes fáciles y que nunca logró la intensidad palpable que deseaba.
Aunque disfrutaba el estatus y el impacto global de ser el agente 007, había en él un sinsabor por el exceso de elementos fantasiosos en sus últimas películas, como Muere Otro Día (2002), por lo que pidió a los productores tramas más oscuras, realistas y descarnadas, un enfoque que la productora implementó, pero cuando él ya había dejado el papel para dar paso a Daniel Craig en Casino Royale.
Un sabor amargo le dejó también que, justo cuando estaba negociando la quinta película del 007, recibió la llamada inesperada de los productores Barbara Broccoli y Michael G. Wilson para informarle que la franquicia buscaría un nuevo rumbo.
Brosnan quedó en shock, tras haber dedicado casi una década a mantener a flote la saga.
Para algunos críticos y seguidores su presencia en la saga fue vista como una bocanada de aire fresco que revitalizó la franquicia, combinando el estilo clásico con tramas más modernas. Sin embargo, sus películas posteriores, a juicio de expertos, se volvieron muy dependientes de los efectos especiales y rayaron en la farsa.
Detalles inéditos
Ian Fleming buscaba un nombre común y plano para su espía, quería que fuera un instrumento anónimo de la ley. Por eso le puso el primer nombre que vio en el lomo de un libro de su casa. El autor, un ornitólogo estadounidense experto en aves del Caribe llamado James Bond.
Uno de los actores favoritos en este rol, Sean Connery, no era del gusto del creador de la saga, quien lo llamaba “doble de riesgo robusto” y lo consideraba muy tosco, musculoso y carente de refinamiento para el papel; prefería a alguien más aristocrático, como Cary Grant.
Cambió de opinión al ver el éxito de Dr. No e incluso le dio un pasado escocés a Bond en las siguientes entregas para honrar al actor, quien usó peluquín en todas las películas, pues empezó a perder cabello a los 21 años.
Otro dato curioso es que el sustituto de Connery, George Lazenby, mintió descaradamente para conseguir el papel en Al Servicio Secreto de su Majestad (1969). El joven, quien era modelo, se compró un traje a medida hecho por el sastre de Connery, un reloj Rolex idéntico y se inventó una filmografía completa en diferentes continentes. Cuando lo descubrieron, ya tenía comiendo de su mano al director, por su carisma.
Actualmente, con el aval de los productores ejecutivos Amy Pascal y David Heyman, Denis Villeneuve será el director de la nueva entrega: “Un cineasta excepcional”, dicen.
“Mi intención es honrar la tradición y abrir el camino a muchas nuevas misiones por venir. Es una gran responsabilidad y a la vez increíblemente emocionante”.