La actriz británica Tilda Swinton usó su clase magistral en el Festival de Cannes para trazar una defensa del cine hecho por humanos y señalar lo que considera la única respuesta efectiva al avance de la inteligencia artificial en la industria: la impredecibilidad creativa.
Swinton fue directa. Para la protagonista de ‘Constantine’ y ‘Tenemos que hablar de Kevin’, el debate sobre si la IA reemplazará al cine es, en gran medida, un problema que los propios realizadores pueden evitar.
“Creo que mientras no produzcamos algo formulaico y de alguna manera agotador para el público, la IA no tiene ninguna posibilidad”, dijo durante la sesión moderada por el periodista Didier Allouch. Luego añadió una advertencia: “Pero mientras podamos seguir haciendo eso, tenemos que estar atentos”.
La actriz no situó la amenaza en la tecnología sino en la repetición. Describió la frustración de un espectador que invierte en transporte, entrada y una cena solo para encontrarse con una película que siente haber visto cuatro veces.
“Eso es lo que tenemos que evitar”, señaló. En su lugar, propuso una ruta concreta: “Lo que necesitamos hacer es lo que solo los humanos pueden hacer: crear experiencias desordenadas y aventureras para que el público no sepa lo que viene a continuación y disfrute de esa experiencia”.
Swinton recordó que el cine ya sobrevivió transformaciones que en su momento parecían terminales: el sonido, el color, la televisión, el video doméstico y el streaming.
Confió en que este nuevo capítulo no será diferente, siempre que la industria permanezca en manos de quienes están dispuestos a correr riesgos. “Es un negocio humano”, dijo. “Los humanos hacen cine, ¿verdad?”.
El argumento de Swinton puso en segundo plano el enfrentamiento entre plataformas de streaming y salas de cine, una disputa que ha dominado buena parte de la conversación del sector en los últimos años.
Para ella, ese no es el eje central del problema. Lo que define la supervivencia del cine no es el soporte, sino la disposición de quienes lo hacen a asumir riesgos reales.
El legado de Derek Jarman y los comienzos de una carrera
Una parte significativa de la clase magistral estuvo dedicada a la figura del cineasta británico Derek Jarman, con quien Swinton rodó su primer largometraje, ‘Caravaggio’, en 1985.
Describió los rodajes de Jarman como espacios de apropiación colectiva radical, donde cada colaborador asumía responsabilidades que iban mucho más allá de su rol formal.
Resumió ese espíritu con una frase que atribuyó al director: “Vas al set cada día como si fueras a una fiesta. Y como si tú la organizaras”.
Esa dinámica produjo trayectorias notables. La diseñadora de vestuario Sandy Powell tenía 24 años cuando Jarman le confió las escenas del clero papal en ‘Caravaggio’ con apenas 500 libras de presupuesto.
El compositor Simon Fisher Turner fue convocado inicialmente para reclutar extras en cafés del East End londinense y terminó recibiendo, a mitad del rodaje, el encargo de componer la banda sonora completa. “Hizo cineastas de todos nosotros”, dijo Swinton sobre Jarman, quien murió en 1994.
El legado material del director también está siendo recuperado. Swinton reveló que metraje inédito del rodaje de ‘Eduardo II’, filmado en 1990 por el entonces asistente de cámara Seamus McGarvey, está siendo montado como documental.
Además, una exposición que montó recientemente en la Fundación Onassis de Atenas incorporó material recuperado en formato Super 8 del archivo personal de Jarman.
La actriz también habló de su vínculo con el director surcoreano Bong Joon Ho. Contó que lo invitó a desayunar en Cannes después de ver sus primeras películas, entre ellas ‘Memorias de un asesino’ y ‘The Host’.
Cuando Bong le dijo que su siguiente proyecto no tenía un papel para ella, Swinton esperó. Semanas después, el director la llamó para ofrecerle un personaje descrito en el guion como “el ministro Mason, un hombre apacible en traje”. Su respuesta fue inmediata: “Déjamelo a mí”.
Esa anécdota condensa, de alguna manera, la actitud que Swinton defendió durante toda la sesión: la disponibilidad para entrar en territorios inciertos, sin garantías de resultado, como condición esencial del trabajo creativo. Una postura que, según ella, no solo define su carrera sino la razón por la que el cine sigue siendo irreemplazable.
*Este artículo fue creado con ayuda de una inteligencia artificial que utiliza machine learning para producir texto similar al humano, y curado por un periodista especializado de El País.