Alexander Corrales, mejor conocido en el mundo del entretenimiento como ‘Snoopy’, es una de las voces más icónicas de la radio musical en el suroccidente colombiano. Tras casi tres décadas vinculado a grandes cadenas como RCN, Todelar y, más recientemente, Tropicana, el locutor paisa ha decidido dar un giro radical a su carrera.

En entrevista para El País, Corrales revela el ser humano detrás del micrófono, su faceta como padre de gemelos y la motivación espiritual que lo llevó a abandonar su “zona de confort” para emprender un proyecto independiente que promete revolucionar la comunicación en Cali.

Lea aquí la entrevista completa:

El País: Nos gustaría conocer un poco más de su vida personal, ese lado íntimo que quizás muchos oyentes no conocen. ¿Quién es Snoopy detrás de la cabina?

Snoopy: Soy un locutor profesional desde hace muchos años y por eso hablo y hablo. Pero en resumen, soy un “paisita chévere”, nacido hace 49 años en Medellín. Soy hincha furibundo del Atlético Nacional, aunque mi papá era del Medellín; no logró convencerme. Vengo de una familia de estrato 2, de un barrio popular, con valores muy fundamentados en Dios y en el respeto por los demás.

¿Cómo fueron sus inicios en los medios de comunicación?

Viví en Medellín y llegué al Valle en el 86. Estudié en Buga y, al salir del colegio, quería ser ingeniero civil. Pero un día encendí la radio y escuché a un locutor de Cali con una voz hermosa; ahí dije: “Quiero ser como él”. Casualmente, escuché un anuncio de un taller de locución en 1994, me inscribí y ahí arrancó todo. Mi primera oportunidad fue en RCN Radio; presenté el casting y duré seis meses.

En ese primer empleo, ¿qué fue lo que más lo impactó del medio?

Al principio, uno quiere ser famoso, que lo reconozcan. Pero poco a poco entendí que lo más importante era llevar compañía a la gente. Pasé de RCN a Todelar (La Zeta), que fue el trampolín para llegar en 1998 a Caracol, específicamente a Tropicana. Mi motivación siempre ha sido que una persona pase de la tristeza al júbilo a través de la música.

Snoopy DJ se confiesa sobre el "salto de fe" que lo llevó a abandonar su zona de confort para reinventarse en el mundo digital. | Foto: El País

Usted lleva más de 30 años en este mundo. ¿Hay algo que muy pocas personas conozcan de usted?

Quizás que en mi vida personal no hablo tanta “cháchara” como en la radio. La radio es mi desfogue; fuera de ella soy callado, serio e incluso me dicen que parezco “picado” o introvertido. En el micrófono me transformo y exploto; soy más de improvisación que de memoria.

Mencionaba el deseo de ser famoso. ¿En qué momento se dio cuenta de que ya tenía una marca personal?

Desde el inicio. Dios fue muy bueno porque me puso a trabajar con gente famosa. En RCN le abría la consola a ‘El Canario’, un ícono en Cali. Cuando él se fue y me pasaron al turno del día siendo un “cascarón”, supe que estaba para grandes cosas. Luego, en La Zeta, el director me puso a presentar vallenatos sin yo saber nada del género; ese éxito hizo que Caracol pusiera la lupa en mí. Hice mi “camita” solo durante 28 años en Tropicana para reconocer mi propio legado.

¿Qué ha sido lo más lindo de ejercer esta profesión?

El poder ayudar. Lo aprendí de mi abuela, que nunca negaba un vaso de agua. En Tropicana aprendí el servicio social en zonas difíciles como El Calvario o la zona de Sucre. Ayudar a la gente a salir de las drogas o transformar su pensamiento es lo más gratificante.

Ha cubierto muchos eventos. ¿Cuál ha sido el más impactante a nivel personal?

La pandemia y el estallido social. Ver la magnitud de la necesidad, llegar con remesas de la emisora a sitios donde la gente se abalanzaba por comida, me tocó profundamente el corazón.

¿En algún momento quiso renunciar?

Estaba muy estable, en una zona de confort en la empresa de la cual acabo de salir. Pero aprendí que el agua que se estanca, se pudre. Por eso tomé la decisión de decir: “no soy conformista”. Un amigo me dijo: “tírate sin paracaídas, que Dios te sostiene”. Di el primer paso de fe para renovarme y reinventarme.

Ahora que sale de los medios tradicionales, ¿cómo se encuentra personalmente?

Muy bien. Tengo una relación con la mamá de mis nenes, a quien respeto bastante. Mi familia son ella y mis cuatro bendiciones: Jean Paul (24), Alexia (27) y los gemelos Jerónimo y Jacobo, que nacieron en 2017. Yo no pensé que Dios me daría la fortuna de tener gemelos; son igualitos a mí, mis genes son dominantes (risas).

¿Qué le diría al Snoopy de hace 20 años?

Le daría una valoración completa. Le agradecería por creer en él y no tirar la toalla. Recuerdo que casi me retiro de la universidad porque no podía con el inglés, pero una amiga me ayudó a no rendirme por una sola materia. Hoy veo que cada década Dios me ha dado algo mejor.

¿Alguna lección que le haya dejado un cubrimiento en específico?

Una vez me tocó entrevistar al general Naranjo en la Feria de Cali. Yo solo entrevistaba salseros y merengueros, pero me lancé con una comunicación disruptiva. Le pregunté qué loción usaba para ser un “matapasiones” y cosas de su perfil personal. Al final me dijo que nunca lo habían entrevistado así. Eso me graduó.

¿Qué mensaje le daría a las nuevas generaciones que quieren entrar a este medio?

Que sean auténticos. Yo no aprendí de nadie, logré una identidad propia. Mi sello es la autenticidad y un poco de sarcasmo con humor negro, pero siempre con el ánimo de hacer reír, nunca de ofender. Sean ustedes mismos.

¿Cómo ha logrado mantenerse vigente en un medio tan cambiante?

Entendiendo que la esencia de la radio no cambia, cambia el canal. Ahora vamos hacia el streaming y plataformas digitales. La radio por antena puede que tienda a desaparecer, pero el concepto de informar, entretener y debatir seguirá vigente. Precisamente, en ocho días les contaré un proyecto que fusiona el sonido con lo digital aquí en Cali.