Ryan Reynolds, antes de ser una de las estrellas mejor pagadas de Hollywood, trabajó de noche como dependiente en un supermercado para costear sus estudios como actor. Tuvo su propio grupo de improvisación teatral, Yellow Snow, e hizo parte del Club Disney, antes de convertirse en la mezcla de galán y héroe de acción que muchos amantes del cine recuerdan en La Propuesta, Diario de una Pasión, La La Land, Deadpool y Linterna Verde.
Precisamente, se volvió viral un video que el intérprete canadiense compartió en sus redes sociales, portando la camisa del Inter, de Bogotá (antes La Equidad): “Me enviaron una camiseta, una bufanda y una taza. Y llegaron después de Navidad, lo que lo hace todavía más especial”, expresó feliz en sus historias de instagram, como si se tratara del tráiler de una nueva película.
Ese es otro rol que Reynolds representa de maravilla, el de apadrinar clubes de fútbol, invertir en desarrollo juvenil y usar su fama para convertir a los equipos en marcas globales y producciones televisivas exitosas. Así lo hizo con Wrexham AFC. “Es una historia de desvalidos, y esa es una historia que me encanta”, dijo sobre su proceso con el club que él y Rob McElhenney compraron en 2020, no exentos de tener que afrontar decisiones difíciles como despedir a algunos jugadores, como explicó el actor en una serie documental sobre el equipo: “Muchos de ellos se juegan la vida. No tienen contratos de esos de la Premier League a los que recurrir para poder retirarse mañana”.
Además de sus dotes histriónicas para pasar de la risa al llanto y del drama a la acción, Ryan tiene otros superpoderes. Así lo demostró con el Wrexham AFC, al que llevó a ascender varias divisiones, convirtiéndolo en una historia de éxito, y con el Club Necaxa, de México, en el que tiene una participación minoritaria, pero que goza de gran popularidad en Estados Unidos. Lo que pocos saben es que, además del negocio que esto conlleva, lo impulsan motivos más personales.
Su propia historia
La vida de muchos actores es digna de una película y la de Ryan Rodney Reynolds no es la excepción. Nació el 23 de octubre de 1976 en Vancouver, Canadá. Es el menor de los cuatro hijos de James Chester Reynolds, mayorista de alimentos, y Tamara Lee ‘Tammy’, vendedora minorista.
Tuvo Ryan una relación “complicada” y “fracturada” con su padre, “expolicía, exboxeador y una mina terrestre a tiempo completo”. Cuenta que de niño lo ponía “nervioso”: “Mi padre era un tipo duro. Era bueno, pero también muy duro. No pretendo contar una historia triste, todos tenemos nuestra mochila de piedras y no soy diferente, pero crecer en mi casa no fue fácil y, a lo largo de mi vida, he tenido que lidiar con la ansiedad”.
En la única faceta en la que el pequeño con trastorno de déficit de atención obtenía el respaldo de su progenitor era cuando practicaba deporte. “Lo hacía más que por motivación, solo por lograr su aceptación”. Aún, hoy en día, muerto su padre, ayuda a otros chicos a crecer en el deporte, aunque está seguro de que es algo que su progenitor no aplaudiría: “Habría pensado que todo esto es una locura”.