Respuestas de la psicóloga y psicoterapeuta Natalia Puga
El terremoto en Colombia dejó una profunda réplica emocional en los sobrevivientes, quienes enfrentan síntomas como alerta constante, insomnio y sensación de que el suelo se mueve.
La psicóloga Natalia Puga explica el funcionamiento del mecanismo interno de pánico que se puede presentar tras una tragedia de la magnitud de la ocurrida en el país, y especialmente en el occidente, el pasado lunes.
Y también ofrece pautas para recuperar la calma en momentos difíciles como el actual.
¿Qué pasa con los sobrevivientes después de un sismo a nivel mental y psicológico?
Aunque el terremoto haya terminado en el exterior, en el cuerpo y el cerebro el movimiento continúa.
Durante el sismo el cerebro procesa la información bajo la premisa de “hay peligro y necesito sobrevivir”, lo que activa una alarma o “botón de pánico” que desencadena la respuesta de estrés y cuando la amenaza cesa, el sistema nervioso no necesariamente recibe de inmediato el mensaje de que el peligro pasó.
Durante las horas o los días siguientes las personas suelen experimentar hipervigilancia, sobresaltos ante cualquier ruido o movimiento, insomnio, pensamientos repetitivos sobre lo sucedido y la necesidad constante de comprobar que están a salvo.
Hay que hacer una claridad y es que estas reacciones no deben clasificarse de forma automática como trauma o trastorno; con frecuencia son una respuesta aguda frente a un estrés percibido ante una amenaza real.
Como suelo expresar, el sismo puede durar segundos, pero la alarma en tu cerebro puede tardar mucho más en apagarse.
¿Por qué algunas personas sienten que el piso continúa moviéndose?
El síndrome de mareo posterremoto o sensación de “terremoto fantasma” se debe a que el centro del equilibrio en el cerebro ‘se desajusta’ temporalmente. El cerebro necesita integrar de nuevo la información proveniente de los cinco sentidos. Si a esta alteración sensorial se le suma la ansiedad, el estado de hiperalerta o la activación del sistema nervioso, la persona sentirá físicamente que algo se mueve aunque no esté temblando.
No se trata de una invención del individuo, sino de un proceso real de interpretación sensorial de movimiento que puede tardar días en regularse.
Quienes son propensos al vértigo pueden experimentar mareos o inestabilidad durante días posteriores.
Se recomienda una consulta médica general para descartar factores fisiológicos.
¿Mareo físico o estrés?
No se debe hacer una división tajante, ya que tras un sismo interactúan mecanismos físicos y psicológicos. El estrés es capaz de generar síntomas corporales muy reales.
Si el mareo es de alta intensidad, persiste o se acompaña de otros síntomas, como alteraciones en la visión o afectación del funcionamiento cotidiano, es prioritario descartar causas médicas antes de asumir que es exclusivamente psicológico.
La valoración que hace la persona sobre lo que vive y los mensajes que emite (incluso en pensamientos internos) influyen directamente en la respuesta de su sistema nervioso.
Frente a la ansiedad y el estado de alerta...
Hay que “permitirse sentir”, en lugar de luchar contra las emociones o catalogar la ansiedad y la alerta como algo negativo, lo cual genera flexibilidad psicológica para procesar la experiencia.
La recomendación es retomar rutinas progresivamente: horarios de comida, evitar comida chatarra o azúcares que alteren el sistema nervioso y mantener horarios de sueño estables.
Es conveniente reducir la exposición compulsiva a videos del terremoto o la verificación constante de réplicas.
Anclarse en el presente mediante información sensorial, notar dónde se está, poner los pies en el suelo, hacer pausas programadas para respirar. También, implementar planes de emergencia familiares razonables sin revisarlos de forma obsesiva.
¿Qué hacer para unas noches más tranquilas?
Una rutina muy saludable es llevar un diario de pensamientos y emociones, mantener una libreta en la mesa de noche para volcar y plasmar por escrito todo lo sentido, incluso si no se sabe nombrar con exactitud.
Es muy reparador usar sprays de lavanda o difusores con aceites esenciales para regular el sistema nervioso y realizar duchas con agua tibia antes de acostarse.
Y ante la marejada de información, el consejo es evitar revisar noticias después de las 6:00 de la tarde y optar por contenidos de televisión o series que resulten relajantes en lugar de activadores.
Consumir cenas ligeras (como un vaso de leche tibia con canela) y evitar el consumo de cafeína o teína por la noche.
Ayuda mucho para la calma hacer ejercicios de visualización en lugares seguros, pausas respiratorias, las oraciones o las meditaciones de carácter bíblico, para quienes profesen estas creencias.
Estrés postraumático
Este se presenta cuando se acumulan una serie de síntomas a lo largo del tiempo: revivir repetidamente el evento, evadir recordatorios, mantener una activación extrema, experimentar cambios cognitivos o emocionales profundos (fallas de memoria, amargura, ira constante, llanto incontrolable) y cuando existe una interferencia directa con la vida cotidiana.
Cómo debe ser el manejo del duelo
Posteriormente a un desastre natural, en el sobreviviente suelen aparecer sentimientos de culpa por la pérdida de seres queridos: “no me despedí”, “hubiera regresado”, “si tan solo hubiera hecho algo”.
Muchas personas, después de un sismo, enfrentan simultáneamente la pérdida de familiares y el impacto traumático de haber estado en riesgo.
Por eso, antes de abordar la elaboración de la pérdida a nivel terapéutico, es indispensable devolverle al individuo una base de seguridad y estabilidad.
La sensación de temblor después del evento...
Después de un terremoto muchas personas sienten que la tierra se sigue movimiento.
Dicho fenómeno es una respuesta adaptativa del cerebro en búsqueda de control y seguridad.
Al estar en movimiento, el cuerpo recibe constante información sensorial externa; al quedarse quieto, las sensaciones internas se vuelven más perceptibles.
Cuando hay hipervigilancia, el cerebro anticipa peligro y baja el umbral para detectar cualquier estímulo (el movimiento de una silla, un vehículo pasando o una lámpara). Esto no implica una pérdida de contacto con la realidad, sino un sistema de alerta altamente sensibilizado.
¿El dolor comunitario puede impedir el duelo individual?
En catástrofes colectivas ocurre una jerarquización tácita del dolor, donde la persona puede invalidar su propia pérdida (por ejemplo, haberse quedado sin su vivienda) al compararla con quien perdió a un familiar, experimentando culpa por sentirse mal o por haber sobrevivido.
El dolor no funciona por jerarquías, el sufrimiento colectivo no debe anular el proceso individual; cada persona requiere un espacio legítimo para procesar su pérdida sin sentir culpa por la magnitud del dolor ajeno.
Cómo lidiar con la culpa del sobreviviente
¿Cómo gestionar la pregunta “¿por qué sobreviví yo y otros no?”: La mente intenta otorgarle una explicación racional a un evento incontrolable para intentar recuperar el sentido de control.
Es importante evitar presionar al sobreviviente con frases como “sobreviviste por un propósito” o “tienes que luchar por los que se fueron”, ya que estas expresiones le imponen una carga impositiva de justificar su existencia.
Sobrevivir no es una deuda que se tenga que pagar. La duda y las preguntas son válidas dentro del proceso y requieren tiempo para ser asimiladas.
Después de un terremoto es bueno que los colombianos estemos unidos, recogiendo ayudas, levantando escombros, salvando vidas, pero también es importante que hagamos las paces con la seguridad.
En frases
“Quien está en un estado de hiper vigilancia, tras una amenaza latente, es porque el cerebro está en constante espera de encontrar peligro, y baja el umbral para detectarlo. Esto no significa que la persona esté perdiendo contacto con la realidad, es que está sensibilizado su sistema de alarma”.
“Hay que permitirse observar, escuchar, identificar, nombrar lo que está sucediendo, para posteriormente gestionarlo. También se debe procurar recuperar poco a poco las rutinas diarias”.
Ejercicios prácticos para sentirse a salvo
La psicóloga recomienda una serie de prácticas para que el cerebro entienda que está a salvo:
Volcar pensamientos en papel de manera gráfica para conectar con el inconsciente y procesar las emociones.
Pausar, observar alrededor, nombrar el lugar, la fecha, los objetos cotidianos y constatar la estabilidad de las superficies físicas.
Sentir el contacto de los pies sobre el piso o la espalda apoyada en la silla, acompañado de ejercicios de respiración consciente.
Escribir recordatorios visibles en el teléfono o la billetera con mensajes afirmativos como: “Mi cuerpo recuerda el peligro, pero en este instante puedo comprobar que estoy a salvo y puedo descansar”.
Frente a duelos distintos a una pérdida humana, como la pérdida de un techo, del patrimonio, del espacio físico, los recuerdos y las rutinas, no hay que subestimarlas porque, aunque muchos digan que “lo material se recupera”, la casa o las pertenencias que se pierden tras un sismo representan identidad, memoria familiar y refugio emocional. Y también hay que hacerles un duelo.
Se trata de todo un proceso de desapego, para trascender. Al tratarse de una desestructuración profunda de la vida del individuo, se requiere un proceso progresivo de reconstrucción de la seguridad y un acompañamiento terapéutico continuo.
Natalia Puga, psicóloga y neuropsicóloga, especialista en trauma y heridas del alma, puede ser contactada a través de su cuenta de Instragram y en la página web: @tupsicologacristiana.com tupsicologacristiana.com