La ausencia suele activar los sentidos, la memoria y la música que nace del alma. Color Nativo, ensamble multicultural de jazz latino, que nació en Bogotá y tiene su sede actual en Dallas (Estados Unidos), sintió ese llamado cuando en 2023 volvieron a recorrer las calles de Bogotá. Esa recarga emocional se transformó en una canción que celebra la arquitectura del centro, la diversidad de Chapinero y el movimiento de la ciudad.

Grabado de manera remota entre músicos locales y artistas residentes en Nueva York y Texas, el proyecto no solo conecta partituras, sino también realidades visuales.

En esta entrevista con El País, Catalina Forero (vocalista) y Mateo Orozco (guitarrista y productor) detallan cómo construyeron este diálogo cultural entre dos ciudades, el uso de tecnología en la producción y los instrumentos tradicionales —como el alegre y el bombo legüero— que consideran innegociables en su identidad sonora.

¿Cuál fue ese primer sonido o escena que los hizo pensar “tenemos que hacer una canción sobre Bogotá”?

Más que el sonido, fue la parte emocional de haber vuelto y ver todo nuevamente. El sonido se fue desarrollando a través de lo que queríamos expresar: alegría y música para que la gente se pudiera mover y bailar, siempre con un toque de nuestro folclor y de la música caribeña.

La canción retrata paisajes, sabores y dinámicas urbanas. ¿Qué detalle de Bogotá les pareció urgente poner en la letra?

Hablar de las ferias y la arquitectura del centro. Cuando uno vive en Bogotá a veces no valora esos lugares, pero al regresar nos encantó volver a ver el Chorro de Quevedo, La Candelaria y toda esa arquitectura. También Chapinero y otras localidades con características especiales. Quisimos poner eso porque sabíamos que muchas personas se sentirían identificadas.

Queríamos rescatar lo que se estaba perdiendo dentro de nosotros mismos por el hecho de no estar allá; lo que nos estábamos perdiendo al vivir fuera del país.

Al RItmo de mi Ciudad, de Color Nativo. | Foto: Color Nativo

En la propuesta mezclan afrocolombiano, jazz y música contemporánea. ¿Qué ritmo incluyeron en el arreglo para que se sienta más Bogotá?

El arreglo tiene influencia de ritmos africanos que se encuentran en la música de Carlos Vives o el Joe Arroyo; usamos principalmente un ritmo de tambores llamado kizomba. También hay influencia del jazz en la armonía, con extensiones en los acordes, y la instrumentación es más orquestal. Esa unión de elementos musicales y culturales es lo que nosotros consideramos “Bogotá”.

¿Cómo fue producir entre Colombia y Dallas y qué ganó la canción al grabarse así?

Fue un proceso muy bonito. La pandemia nos generó esa manera de trabajar. Al integrar músicos diferentes sentimos que cada uno aporta algo esencial para que la canción crezca. Participaron músicos latinos que viven en Estados Unidos y otros en Colombia. Separamos un estudio de grabación local y, por medio de una cámara web y plataformas como Meet, vimos la sesión en tiempo real. Incluso nuestro pianista, que ahora vive en Nueva York, grabó virtualmente desde allá. Los medios de hoy permiten que un proyecto funcione así.

El video musical también va entre Bogotá y Dallas. ¿Cómo fue ese proceso y cómo se sienten con el resultado?

El resultado nos sorprendió. La idea nació de retratar lo más cotidiano e icónico de Bogotá por medio de una amiga nuestra, Maira Muñoz, quien es cantante y maestra. Ella realizó una especie de videoblog y nos envió muchísimo material de sus días cotidianos. Por nuestra parte, decidimos grabar en lugares muy artísticos de Dallas, que se caracteriza por su escena de jazz, R&B, soul y blues. Usamos fondos de murales característicos para conectar con la diversidad cultural de Bogotá. Al final, Juan Noguera y su compañía Cherry Pie lograron una mezcla satisfactoria en la edición.

Siendo un ensamble con base en Dallas pero con sangre colombiana, ¿cómo alimentan ese origen y mantienen el color musical viviendo fuera del país?

Seguimos entrenando, escuchando y tocando música tradicional para tener un contexto más profundo. Queremos ser embajadores de la música de Colombia aquí en Dallas y a donde vayamos. Trajimos instrumentos característicos desde allá: tenemos el bombo del Pacífico, el alegre, una tambora y el guasá. Nos ayudan a integrarlos en nuestra banda actual, nos dan un color único y los incorporamos siempre tanto en los temas propios como en los covers que hacemos en vivo.

Color Nativo, ensamble bogotano, radicado en Dallas, Texas. | Foto: Color Nativo

Justamente esa era otra de mis preguntas, se me adelantaron, ¿qué instrumento o elemento tradicional colombiano no negocian nunca en sus arreglos?

Curiosamente, esta canción no tiene instrumentos tan tradicionales porque se acerca más a un formato del Caribe con congas y saxofones. Sin embargo, casi siempre utilizamos instrumentos de percusión; por lo menos el bombo del Pacífico, las maracas o el alegre están en nuestros temas. La percusión siempre termina siendo la protagonista y la que lleva el peso predominante en nuestra propuesta.

Al tocar en un contexto internacional como el de Estados Unidos, ¿cómo reacciona el público extranjero cuando escucha esta propuesta?

Se encuentran con una sonoridad muy diferente a lo que suelen escuchar habitualmente. De hecho, en varios festivales donde nos hemos presentado, la gente se para a bailar aunque no sepa cómo hacerlo. Nuestra música es tan rítmica que invita de inmediato a la danza. Cuando se termina el show, se nos acercan a felicitarnos y a preguntarnos con mucha curiosidad qué tipo de música es. Es en esos espacios donde les presentamos el proyecto, los invitamos a seguirnos y vamos sumando seguidores poco a poco en esta tierra.

Si tuvieran que definirlo en sus propias palabras, ¿a qué les suena Bogotá?

Bogotá es la mezcla de toda Colombia; es el epicentro de todas las regiones. Mucha gente llega allí para estudiar, buscar un mejor futuro o, debido a la realidad social del país, llega desplazada de sus territorios. Al final, la ciudad se convierte en una amalgama de comidas, acentos y músicas. Por eso creemos que esta canción retrata tan bien a Bogotá, porque los migrantes que llegan a la capital van dejando una huella que termina construyendo su identidad. Bogotá suena a todo: es rock, salsa, música tradicional, jazz y bambuco del interior. Nuestra meta con las producciones es la exploración de ritmos y timbres sin quedarnos en un solo género ni seguir modas, buscando siempre la innovación de nuestro propio sonido.

Si les pidieran definir qué es “Color Nativo” y resumir su historia, ¿cómo lo harían?

Nacimos en un entorno universitario en Bogotá, en un ambiente creativo donde explorábamos los ritmos tradicionales sin ponernos limitaciones y aplicando los conocimientos musicales de la carrera. Tras graduarnos, el proyecto evolucionó y, ahora que estamos viviendo en otro país, se transformó de nuevo: hoy somos abanderados de nuestra cultura. Cuando estás fuera, tu identidad se marca más. Frente al mundo somos latinos, pero dentro de los latinos somos colombianos, y dentro de los colombianos somos bogotanos. Esa distinción cultural con el resto de Latinoamérica es muy fuerte y nosotros buscamos proyectar esa identidad única a través de nuestra música.