Por: Krish Benvenuti, comunicador y guia bienestar y longevidad consciente (Especial para El Pais)
Desde que vine a vivir a Suramérica, en 2015, mi señora madre comenzó a ver series latinoamericanas. Quedó completamente atrapada con La Reina del Sur. Era mucho más que una historia de acción, poder y supervivencia: para ella era una forma de aprender un poco de español y de acercarse a ciertos aspectos culturales de ese continente donde su hijo había decidido construir una nueva vida.
Jamás imaginé que, más de una década después, ya instalado en Bogotá, terminaría en el set de grabación de La Reina del Sur 4 interpretando, curiosamente, al abogado defensor de Teresa Mendoza, el inolvidable personaje de Kate del Castillo.
Dicen que las casualidades no existen. Mientras esperaba mi turno entre cámaras, luces y claquetas, pensé en mi mamá, Doña Miralba. Esa noche, como casi todas, hablamos por teléfono. Cuando le conté que estaba en el set de La Reina del Sur 4, guardó unos segundos de silencio y luego soltó una sonrisa que pude imaginar al otro lado de la línea. La misma serie que años atrás le abrió una ventana al español y a la cultura latinoamericana terminaba regalándonos un nuevo capítulo, esta vez con su hijo formando parte de ese universo.
Aunque, siendo sinceros, Kate del Castillo no necesita que nadie la defienda.
Su trayectoria habla por ella. Son más de tres décadas de carrera, innumerables personajes, largas jornadas de rodaje y un nivel de exigencia física y emocional que pocos alcanzan a imaginar. Mantener esa energía, esa presencia y esa autenticidad durante tantos años requiere mucho más que talento. Exige disciplina, equilibrio y una relación consciente con el propio bienestar.
Detrás de la fortaleza de Teresa Mendoza hay una mujer que, según ha contado en numerosas entrevistas, entiende que ninguna carrera puede sostenerse sin cuidar el cuerpo y la mente. A sus más de cincuenta años insiste en que no persigue verse más joven, sino sentirse fuerte y con energía. Practica entrenamiento de fuerza varias veces por semana para preservar la masa muscular, incorpora ejercicios cardiovasculares y de movilidad, procura dormir bien siempre que los rodajes lo permiten, bebe abundante agua, prioriza una alimentación rica en proteínas y vegetales sin caer en dietas extremas, y encuentra equilibrio emocional paseando con sus perros y pasando tiempo en la naturaleza.
También ha confesado que aprendió a decir “no”, a rodearse de personas que le aporten paz y a no vivir pendiente de las expectativas ajenas. No son secretos de celebridad, sino hábitos sencillos sostenidos con disciplina.
Nada extraordinario... precisamente porque el verdadero bienestar rara vez lo es.
Vivimos en una época en la que las celebridades ya no solo venden perfumes, ropa o automóviles. También pueden inspirar formas de vivir. Cuando una figura admirada por millones promueve hábitos saludables con naturalidad y coherencia, su influencia trasciende la pantalla. Sin proponérselo, se convierte en una auténtica embajadora del bienestar.
Y esa influencia importa.
Durante décadas admiramos a los famosos únicamente por su belleza, su fama o el éxito que proyectaban. Hoy el paradigma empieza a cambiar. Cada vez más actores, músicos, deportistas y líderes de opinión hablan abiertamente de salud mental, descanso, ejercicio, alimentación consciente y equilibrio emocional. En una sociedad agotada por el estrés, la ansiedad y la polarización, ese mensaje puede resultar mucho más transformador que cualquier campaña publicitaria.
Kate del Castillo reconoce que antes le preocupaba cumplir cincuenta. Hoy afirma que está viviendo una de las etapas más interesantes de su vida y que envejecer no significa perder oportunidades, sino ganar libertad. Esa reflexión conecta profundamente con lo que desde hace años promuevo desde la longevidad consciente: la edad no debería medirse por el calendario, sino por la vitalidad, la curiosidad y el propósito con los que elegimos vivir cada día.
Como italiano enamorado de Colombia, siempre me ha fascinado observar cómo la cultura modifica nuestros hábitos cotidianos. Un libro puede despertar una vocación. Una canción puede aliviar un duelo. Una obra de teatro puede cambiar una mirada. Y una serie de televisión, incluso una protagonizada por una mujer tan indomable como Teresa Mendoza, puede terminar llevándonos a una conversación sobre bienestar y longevidad.
Quizá ahí resida el verdadero poder de los personajes públicos. No solo entretener, sino abrir conversaciones que mejoren nuestra calidad de vida. Cuando detrás de un personaje exitoso descubrimos a una persona que cuida su salud física, mental y emocional para sostener una carrera tan exigente, comprendemos que el bienestar no es un lujo ni una moda. Es una inversión en nuestra calidad de vida.
Desde hace años defiendo una idea que cada día cobra más sentido: la longevidad consciente no consiste únicamente en sumar años a la vida, sino en sumar vida a los años. En llegar a cada proyecto con entusiasmo, a cada desafío con energía y a cada etapa con la serenidad que solo ofrecen los buenos hábitos cultivados durante mucho tiempo.
Por eso creo que los verdaderos embajadores del bienestar no siempre visten una bata blanca ni escriben libros de salud. A veces llevan un libreto bajo el brazo, se ponen frente a una cámara y, sin proponérselo, inspiran a millones de personas a cuidarse un poco más.
Si una actriz como Kate del Castillo logra motivar a alguien a fortalecer sus músculos, caminar más, dormir mejor, alimentar su cuerpo con mayor conciencia, proteger su salud mental o reconciliarse con el paso del tiempo, entonces habrá interpretado uno de los papeles más importantes de su carrera.
No el de Teresa Mendoza.
Sino el de embajadora del bienestar.