Ya se puede disfrutar en cines de Imperio de Luz,  la nueva película y la más personal de Sam Mendes, cuya historia se centra en el vínculo entre Hilary (Olivia Colman), la gerente del Cinema Empire, un viejo cine de una ciudad costera de Inglaterra, y Stephen (Micheal Ward) el nuevo empleado del lugar.

Tanto Hilary como Stephen encuentran un sentido de pertenencia en su tierna y un tanto atípica relación, y llegan a experimentar el poder sanador de la música, el cine y la comunidad.

La conmovedora historia es una de las más personales de Sam Mendes, ya que transcurre durante los primeros años de la década del ’80, la época de su propia adolescencia y juventud marcada por los altos niveles de desempleo, tensión racial y extrema polarización social en el Reino Unido.

Además, es un momento de gran explosión creativa en materia de música en el país, y Mendes quiso dejar esa fuerte impronta en su film a través de una banda sonora cargada de canciones cuidadosamente seleccionadas que formaron parte de su propia vida.

Imperio de Luz presenta, a su vez, música instrumental de uno de los dúos de composición más elogiados de los últimos tiempos: Trent Reznor y Atticus Ross, ganadores del premio Óscar® por la música de las películas Red social y SOUL de Disney y Pixar.

Mendes entreje la política y la sociedad de la época de Imperio de Luz con la música del momento. “Los años 80 fueron una época increíblemente prolífica y extraordinaria en la música; había numerosas fuerzas diferentes que confluían en un mismo tiempo. Cada uno tenía su grupo de pertenencia: algunos eran new romantics con el pelo lacio, otros usaban trajes de dos colores, a otros les gustaba el heavy metal, o eran góticos”, señala el director.

Las canciones que aparecen en la película, como Do Nothing y Too Much Too Young, de The Specials y Mirror In The Bathroom, de The Beat, representan la escena musical del género two tone que había surgido en ese momento y que cambió al Reino Unido tanto musical como cultural y políticamente.

El filme  también incluye Love Will Tear Us Apart, de Joy Division y Spellbound, de Siouxsie and the Banshees, que reflejan la escena gótica de la época.

Las canciones de la banda sonora no solo aportan el marco de época a la historia, sino que además atraviesan las vidas de los personajes y contribuyen a su caracterización. La joven Janine, por ejemplo, escucha a Joy Division, Siouxsie and the Banshees y The Cure. Stephen, en tanto, adora el género two-tone, al tiempo que Hilary disfruta en su casa de la música de los ’60 y ’70.

“Todos formaban parte de una tribu y sentías que la gente luchaba por algo. La música y la cultura no eran tan accesibles como hoy en día, tenías que hacer un esfuerzo para ir a escucharlas y verlas. Tenías que salir a buscarlas en el mundo”, agrega Mendes.

Además de la colección de canciones seleccionadas por Mendes, el viaje sonoro de Imperio de Luz incluye las mágicas composiciones de Reznor y Ross. A los artistas estaban entusiasmados por colaborar por primera vez con el realizador.

“Admirábamos mucho el trabajo de Sam. Y la idea de ver qué surgiría de esta colaboración y cómo nos influiría, nos parecía emocionante. Es inspirador rodearte de personas que trabajan tan a pleno todo su potencial y ponen todo en un proyecto. Cuando nos presentaron a Sam, superó todas las expectativas que teníamos sobre su integridad e intelecto”, cuenta Reznor.

El trabajo de la dupla compositora comenzó bien temprano en el proceso de creación de la película mientras Mendes aún estaba escribiendo el guion. “Compartió con nosotros muchísima información muy personal que era la esencia de lo que necesitábamos expresar emocionalmente con la música”, comenta Reznor.

A partir de ahí, el director les permitió crear con absoluta libertad y rápidamente surgió el piano como protagonista. Sobre esas composiciones para piano, sin embargo, también aparecen voces humanas, cuerdas y otros instrumentos. Describe Reznor: “La música tiene un sonido tradicional; no es experimental por naturaleza. Si escuchas atentamente, hay muchas más cosas que tienen lugar además del piano. Está todo en los márgenes y es muy sutil: se trata de una orquestación hermosa y cálida que gira alrededor de la base del piano”.

Así, la música subraya la experiencia sensorial de la película. Concluye el compositor: “El viaje emocional de Hilary supone el paso de un tipo de amor a otro, y finalmente a su propia aceptación. Esperamos que los espectadores se sientan transportados, que no estén conscientes de su entorno, sino que se pierdan en la película”.