En Colombia, el ejercicio de poder parece alejarse cada vez más de las ideas, la deliberación pública y la experiencia, para acercarse al espectáculo y al entretenimiento.

La creciente exposición de candidatos presidenciales en plataformas digitales ha reavivado el debate sobre la pérdida de solemnidad en la actividad política y el riesgo de que la forma termine imponiéndose sobre el fondo.

“Cambió el lenguaje. Antes el poder se comunicaba desde arriba, en pedestal; hoy se comunica de tú a tú, en el feed, compitiendo por atención con un reel de cocina, el tren del momento y un gol de Messi o James. Y ahí está la clave que esta segunda vuelta nos está dejando: ahora el propósito no es emocionar, es conectar con la espectacularización de la política”, analiza Rubén Erazo, presidente de la Asociación Colombiana de Consultores Políticos, Acopol.

Reconoce que la política se convirtió en espectáculo, pero advierte que se debe entender de la manera correcta. “Espectacularización significa que la política se libra ahora en el mismo terreno y con las mismas reglas de atención que el entretenimiento. El votante mantiene encendido el modo ‘consumidor de contenido’ cuando entra a lo político. Se compite por los mismos quince segundos con los que compite Netflix”, dice.

De acuerdo con él, Néstor Raúl Quiroz, docente e investigador universitario, habla de la existencia de una sociedad menos política y mas sociocomunicativa.

Los símbolos, el debate en redes sociales y la alta presencia en plataformas digitales caracterizó la actual jornada electoral en Colombia. | Foto: El País

Hoy las redes sociales privilegian y posicionan la inmediatez, la simplificación de mensajes, el impacto emocional, la viralidad y la confrontación.

Explica que “la política ya no compite únicamente con otros actores políticos, sino con millones de contenidos que luchan por captar la atención del usuario. Debido a esto, muchos líderes políticos han adoptado estrategias más cercanas al entretenimiento que al debate programático”.

La actual campaña es prueba de ello y ha mostrado dónde se han enfocado realmente los esfuerzos para captar más audiencia. Los debates, por ejemplo, ya no tienen escenario en los grandes medios de comunicación, sino en plataformas con numerosos seguidores.

De ahí que se les vea a los candidatos y actores políticos en podcast, transmisiones con figuras virales de internet y adaptándose a los cambiantes lenguajes de las redes sociales.

Muchos creadores de contenido se han convertido en intermediarios entre los políticos y las audiencias jóvenes. Por eso en los últimos días en la campaña han tomado especial relevancia nombres como Westcol, quien tiene la posibilidad de alcanzar más visualizaciones que espacios periodísticos tradicionales, aunque se debe reconocer que sin los mismos estándares de rigor o confrontación.

Quiroz señala que en la actualidad se observan algunos fenómenos como campañas diseñadas para viralizarse, debates convertidos en eventos televisivos, políticos que actúan como influenciadores, uso intensivo de memes y personalización extrema del liderazgo.

Candidatos presidenciales Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. | Foto: El País

Sin embargo, dice, “afirmar que la política es únicamente espectáculo sería una simplificación excesiva. Las decisiones políticas continúan teniendo efectos reales sobre la economía, la seguridad, la educación, la salud y las relaciones internacionales.

Sobre la relación de los candidatos que hoy se disputan la Casa de Nariño y las redes sociales, Rubén Erazo indica que, por ejemplo, De la Espriella, “construyó un relato de manada: el tigre, la fiereza, la camiseta de la Selección como bandera de tribu, fandoms (comunidades unidas por una afición) que producen contenido sin que la campaña les pague ni les pida. Ahí está el espectáculo en su mejor sentido estratégico: la audiencia deja de ser público y se vuelve elenco”.

Añade que “la campaña de Cepeda llegó fría, sosa, reaccionando tarde. Tiene la maquinaria del Pacto y la minga, tiene músculo territorial real que sería un error subestimar, pero en el terreno simbólico, la diferencia de desempeño entre los fandoms fue abismal. Uno construía mitología; el otro emitía comunicados”.

¿Positivo o negativo?

Los analistas consultados por El País coinciden en que los contenidos en redes sociales no deben verse como enemigos de los debates políticos tradicionales, ya que, bien manejados, unos impulsan a los otros.

“La tendencia es el vehículo; la propuesta es el pasajero. El problema real aparece cuando muchas campañas ya no tienen contenido y la forma queda al desnudo. Una buena propuesta, sin capacidad de circular, se queda en la gaveta. En política, lo que no se viraliza no se vota. Esa es la realidad del 2026 y va a ser todavía más cruda en las territoriales de 2027”, dice Rubén Erazo.

En su opinión, esa combinación es positiva porque democratiza: “Hoy un candidato, sin la chequera de los grandes medios, construye audiencia desde el celular. Es peligroso porque premia al que mejor actúa por encima del que mejor gobernaría y porque abre la puerta a la manipulación emocional y a la desinformación a escala industrial”.

Contestando a esa misma pregunta, Néstor Quiroz coincide en que “vivimos en una sociedad donde la comunicación instantánea favorece respuestas emocionales más que reflexiones profundas. Muchas veces un mensaje breve y emotivo tiene más alcance que un programa de gobierno de cien páginas, pero eso no significa que las propuestas hayan desaparecido”.

Agrega que “la evidencia comparada muestra que, en períodos de estabilidad, suele predominar la comunicación simbólica; en períodos de crisis económica o social, los ciudadanos vuelven a exigir soluciones concretas, y la historia reciente demuestra que numerosos líderes lograron gran popularidad con estrategias mediáticas, pero luego enfrentaron dificultades para gobernar cuando las expectativas generadas no coincidieron con los resultados obtenidos”.