Gustavo Matamoros Camacho, es un nombre que vive en la memoria de muchos colombianos, que hoy lo recuerdan por liderar operaciones históricas como Jaque en 2008 en la que se logró el rescate de 15 secuestrados, incluyendo a Ingrid Betancourt y tres ciudadanos estadounidenses, y la Operación Sodoma en 2010, en la que fue abatido el jefe guerrillero de las extintas Farc, Víctor Julio Suárez, alias Mono Jojoy.
Nacido en Bogotá el 2 de febrero de 1955, el general retirado se ha posicionado como una figura relevante en la contienda presidencial colombiana al encarnar un perfil poco habitual incluso en un país marcado por décadas de conflicto: el de un exalto mando militar que ahora busca legitimarse ante el electorado como una alternativa civil de poder.
Su candidatura quedó formalmente inscrita ante la Registraduría Nacional con el aval del Partido Ecologista Colombiano, acompañado por Robinson Alonso Giraldo Mira como fórmula vicepresidencial, situándose dentro de la competencia oficial, donde su extensa trayectoria en seguridad funciona al mismo tiempo como su mayor fortaleza política y como una fuente inevitable de escrutinio.
La información que hay disponible en registros institucionales y fuentes periodísticas revela más sobre su carrera profesional que sobre su vida personal o sus primeros años, lo que denota que su imagen pública se ha construido principalmente como la de un oficial y administrador del Estado, más que como la de un político tradicional formado en estructuras partidistas.
Lo que sí es claro es que ha cultivado una trayectoria altamente ligada al sector defensa y, posteriormente, a la industria estatal.
La carrera de Matamoros
Matamoros llega a la carrera presidencial con una hoja de vida desarrollada casi en su totalidad dentro del aparato estatal, especialmente en el ámbito de la defensa. Cuenta con una maestría en Defensa y Seguridad Nacional de la Escuela Superior de Guerra.
Su carrera avanzó durante años en cargos de mando y de confianza dentro de la estructura militar. En la década de los noventa estuvo al frente del Grupo de Caballería Maza y posteriormente hizo parte de la Casa Militar de la Presidencia, primero como subjefe y luego como jefe, un recorrido que lo acercó tempranamente a los círculos centrales de seguridad del Estado.
Ese ascenso se dio en uno de los periodos más complejos del conflicto armado en Colombia. Fue comandante de la Décima Octava Brigada, de la Quinta División, jefe de Operaciones del Ejército y, posteriormente, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares, consolidando un perfil de alto mando marcado por la lógica del orden, la planeación y la seguridad.
Su actual imagen política se sustenta precisamente en esa trayectoria. La campaña ha resaltado sus más de cuatro décadas en la institución militar, y su discurso intenta traducir esa experiencia en una credencial de autoridad y capacidad de Gobierno.
Tras su retiro del servicio activo, su vínculo con lo público continuó. Registros oficiales lo ubican como gerente general de Indumil, etapa que amplió su perfil más allá del ámbito operativo y le permitió proyectarse como administrador del Estado, no solo como hombre de armas.
Su incursión abierta en la política partidista se concretó a mediados de marzo, cuando formalizó su aspiración presidencial. Desde entonces, ha buscado articular un mensaje que combine seguridad y orden público con estabilidad institucional, desarrollo económico y eficiencia en la gestión, en un intento por mostrarse como una opción más amplia que un candidato centrado exclusivamente en el discurso militar.
En una entrevista concedida al programa Temprano es Más Bacano, de la emisora Olímpica Stéreo, Matamoros, señaló que de llegar a la presidencia, sus tres pilares de gobierno serán seguridad, sobriedad y salud. “Cuando yo sea presidente, voy a ofrecerle al país un país seguro, un país sobrio y un país sano”, dijo.
Asimismo, planteó la necesidad de recuperar territorios dominados por la violencia. “Con el ELN todos los gobiernos han negociado y no han logrado nada, son grupos narcoterroristas, yo no voy a dialogar o se someten o se mueren, después de que estén derrotados, venga la mano bondadosa del Estado”, exclamó.
En cuanto a la educación, el General retirado hizo una evaluación negativa de la cobertura y el índice de repitencia en los niveles primario y secundario. Basado en ello, solicitó una reestructuración de los planes de estudios en universidades y colegios para que respondan directamente a la realidad laboral del país.
Sobre la salud, describió un panorama difícil, señalando que la crisis en este sector no podrá ser resuelto en un solo periodo presidencial debido a la magnitud de las deudas y el deterioro de hospitales y clínicas. “La salud es un tema crítico, fundamental que hay que resolver cuanto antes y tenemos que volver a construir lo que habíamos construido y no a destruirlo”, afirmó.
Matamoros aseguró que su propósito es “hacer política de la buena”, con un énfasis en la transparencia y en una gestión orientada a “poner orden” frente a lo que considera un escenario de desorganización y pérdida de rumbo institucional.