Política

¿Quién convence?: Estas son las ‘cruces’ y las ventajas de los candidatos presidenciales

Algunos más polémicos que otros y varios con hojas de vida completas, estos son los aspectos positivos y negativos de los cuatro aspirantes a la Casa de Nariño que lideran la intención de voto.

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Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella son los candidatos que dominan la conversación en redes sociales.
Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella son los candidatos que dominan la conversación en redes sociales. | Foto: Fotos: Semana

17 de may de 2026, 04:12 p. m.

Actualizado el 17 de may de 2026, 04:12 p. m.

Iván Cepeda

Con una innegable experiencia en la defensa de los Derechos Humanos y siendo una de las caras más visibles de la izquierda colombiana, Iván Cepeda sigue manteniéndose en el primer lugar de las encuestas, a pesar de cargar con el peso de las polémicas del actual Gobierno.

Si bien el candidato del Pacto Histórico es considerado una de las figuras más polarizantes de la campaña, no se puede desconocer el poder de su caudal electoral, con el que espera ‘coronarse’ en primera vuelta.

Este candidato presidencial “representa una izquierda muy institucional, en el sentido de su apego al marco normativo constitucional en Colombia, con un arraigo muy fuerte en Derechos Humanos, memoria histórica y la salida negociada del conflicto armado. Tiene una gran fortaleza y es que es muy coherente en términos ideológicos y goza de una muy buena legitimidad moral frente a sectores progresistas y de víctimas”, detalla Álvaro Benedetti, analista y consultor político.

Otro elemento, agrega Rubén Erazo, presidente de la Asociación Colombiana de Consultores Políticos, es lo que “tiene la maquinaria del Pacto Histórico, que lidera por amplio margen en propuestas ambientales, agrarias y de Derechos Humanos, capitaliza el voto progresista joven y exterior, y maneja un discurso doctrinario que no se quiebra en entrevistas largas. Su programa habla de salario vital, reforma agraria, transición energética sin fracking, “te pagamos por estudiar” y salud universal sin intermediación de EPS”.

Resalta la dupla que representa con su fórmula vicepresidencial, Aida Quilcué, asegurando que esa unión “le da legitimidad territorial en el suroccidente del país y conecta con una agenda étnica que ninguno de sus rivales ha sabido leer”.

Iván Cepeda, candidato presidencial.
Iván Cepeda, candidato presidencial. | Foto: Cristian Bayona

Sin embargo, algunos reproches en su contra, incluso antes de la contienda, tienen que ver con su pasado como militante del Partido Comunista y señalamientos de que promueve el ‘castrochavismo’. Además, la oposición lo ha apodado ‘El Heredero’, para referirse a su cercanía con el proyecto político de Gustavo Petro, que para muchos ha fracasado.

“Su dogmatismo, a pesar de que es el menos radical, lo aisla de la posibilidad de escuchar otras voces, de marcar otros caminos y de tener la posibilidad de resolver en consenso los problemas del país. Ese radicalismo lo vimos en el gobierno de Álvaro Uribe y ahora con la administración Petro“, responde el analista Alejandro Echeverry.

Señala que su falta de carisma es otro elemento que le juega en contra, advirtiendo que la estrategia de marketing de su campaña no ha funcionado, ya que no se ha logrado visibilizar tanto al candidato y le han dado más importancia a las obras de la actual Administración.

Como aspectos negativos, Erazo recuerda varias de ‘las cruces’ que carga Cepeda: “Primero, la Paz Total. La hereda quiera o no, y la renombra como ‘paz con justicia social’, con un enfoque de seguridad humana, pero ese cambio de nombre no le quita el costo del balance público acumulado: rearmes, rupturas, violencia renovada en municipios sensibles”.

“Segundo, no tiene experiencia ejecutiva. Senador toda la vida, sin alcaldía, sin una gobernación, sin ministerio. Toda su biografía es de denuncia y de defensa de víctimas, no de gestión. Tercero, su programa de 433 páginas menciona 143 veces a Petro, lo cual lo amarra al desgaste presidencial”, añade.

Abelardo de la Espriella

A pesar de terminar una semana que transcurrió de polémica en polémica, y que podría haber puesto en ‘jaque’ el cierre de su campaña en Cali para la primera vuelta, Abelardo de la Espriella demostró ser un experto en generar conversación y atraer atención mediática.

El nombre del ‘Tigre’ no ha dejado de sonar en la campaña, para bien o para mal, y es el llamado a ocupar la segunda votación más alta después de Iván Cepeda, según encuestas y sondeos.

“Para cualquier consultor político, De la Espriella es un excelente candidato, es un tipo que tiene carisma, que sabe llegarle a la gente, que tiene un lenguaje que acerca a las personas y que tiene presencia”, indica el analista Alejandro Echeverry.

Para él, es un candidato que genera emociones y que se ajusta con las condiciones del marketing moderno. “Hoy en día, la política es más generación de emociones que de contenido, entonces es un aspirante que de alguna manera ha logrado posicionarse y ha logrado ser competitivo. Ese es su punto a favor”, dice.

Comenta, además, que “es un tipo muy pragmático, que tiene soluciones audaces, aunque no correctas; que vende la posibilidad de resolver problemas rápidamente, aunque parece que sirve para resolver problemas coyunturales y no estructurales. Además, tiene un elemento positivo y es que tiene un buen vicepresidente (José Manuel Restrepo), que tiene conocimientos económicos del país”.

Abelardo de La Espriella recorrió el Valle del Cauca y cerró su gira política en Cali
Abelardo de La Espriella recorrió el Valle del Cauca y cerró su gira política en Cali. Fotos: Raúl Palacios / El País. | Foto: Raúl Palacios / El País

El consultor Álvaro Benedetti, por su parte, destaca que “capitaliza el sentimiento antipolítico que hay en el país desde el lado de la derecha, de la demanda de autoridad de sectores muy conservadores, lo que llamaríamos la derecha dura. También proyecta una imagen de firmeza, de valores nacionales y de confrontación directa contra el gobierno Petro y la izquierda”.

Su campaña, aunque no reconozca gran parte de sus salidas en falso, se ha caracterizado por las confrontaciones, el espectáculo y los ataques a periodistas, especialmente mujeres, que ya le costaron grandes controversias y la necesidad de retractarse públicamente.

“La gran debilidad es su nula trayectoria en gestión pública, y el hecho de que tienda a priorizar un discurso más mediático que programático genera muchas dudas sobre su viabilidad institucional y su capacidad real de gobernar. Me parece que es eficaz en generar indignación política, pero es muy poco convincente en escenarios de construcción, de debate técnico y de generación de consensos. Allí está marcando una línea difícil de cruzar”.

Igualmente, “su currículo jurídico incluye haber representado a figuras del paramilitarismo y del narcotráfico, una sombra que él neutraliza con bravuconadas, pero que sale a relucir en cada entrevista seria. La Fiscalía adelantó investigaciones en 2009 y 2012 por presuntos vínculos con la Fundación Fipaz, descrita por excomandantes paramilitares como brazo ideológico de las autodefensas. Ambos procesos fueron precluidos por falta de pruebas, lo cual jurídicamente lo libera pero políticamente no”, recuerda el politólogo Rubén Erazo.

Sobre sus ‘riñas’ con periodistas, añade que “un candidato que en debate duro pierde el control por preguntas básicas, es un candidato vulnerable en segunda vuelta”.

Paloma Valencia

La candidata del Centro Democrático se ha encargado de mostrarse como la opción menos polarizante entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, intentando atraer a un electorado de centro, de la mano de su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, con quien no se preocupa por ocultar las diferencias.

Las fuentes consultadas coinciden en que su mayor fortaleza es, al mismo tiempo, su mayor debilidad, y es ser la candidata del expresidente Álvaro Uribe, ya que, aunque recoge su electorado, pierde la oportunidad de atraer nuevos sectores.

“Es la única candidata mujer con votación comprobada y posibilidad real de ser la primera Presidenta de la República”, advierte Rubén Erazo, presidente de la Asociación Colombiana de Consultores Políticos, quien recuerda que es nieta del expresidente Guillermo León Valencia y sobrina de Josefina Valencia, la primera mujer ministra en Colombia, “biografía que importa en el suroccidente, en Popayán (donde nació), y conecta con sectores del Cauca tradicional que no son uribistas de origen, pero sí valencistas”.

Dice que su crecimiento en el Senado durante los últimos cuatro años fue real: “Pasó del eslogan al argumento técnico, ganó capacidad de debate y mostró autonomía dentro de un partido que premia la disciplina. Aprende rápido, escribe bien, se mueve cómoda en cámara”.

A su favor también está, según el analista Alejandro Echeverry, “que su bagaje en el Congreso le ha generado la experiencia para conocer cuáles son los problemas del país y cómo, desde su visión ideológica, crear mecanismos para resolver esas variables, sin decir que sean soluciones buenas o malas”.

En visita a Cali, la candidata presidencial Paloma Valencia aseguó que integrantes de su campaña son perseguidos y amenazados en el Cauca. Foto Jorge Orozco
En visita a Cali, la candidata presidencial Paloma Valencia. | Foto: Jorge Orozco / El País

“A pesar de que hay ciertos sectores de derecha que no lo ven con buenos ojos, para el país y para una democracia es importante abrirse a la posibilidad de resolver los problemas desde otros marcos ideológicos, dándole la posibilidad a Juan Daniel Oviedo, que es una persona opuesta a ella, de que sea su fórmula vicepresidencial. Muestra que la derecha busca la posibilidad de ampliar el espectro de votantes y entender que lo social es un elemento fundamental”, agrega.

Sobre los aspectos negativos, el analista Álvaro Benedetti advierte que su principal debilidad es estar tan identificada con el uribismo, “que si bien es el capital político que la ha impulsado desde hace al menos cuatro periodos legislativos, es una corriente que genera muchos niveles de rechazo en segmentos urbanos y sobre todo en jóvenes”.

Señala que más allá de que se acercó al centro, o al menos lo pretendía, con Oviedo, “tiene un estilo confrontacional muy parcializado hacia la derecha que puede dificultar en esta recta final la construcción de más alianzas hacia el centro”.

Erazo coincide en que su problema es Álvaro Uribe: “Lo necesita y le pesa. La maquinaria del Centro Democrático le dio la consulta, pero le pone el techo de la herencia. Su propuesta más reciente, que el expresidente sea su ministro de Defensa, fue un error de lectura política mayor. Generó choque interno con Oviedo, que no la respaldó, y la obligó a explicarse con una frase reveladora: ‘He sufrido’”.

“Una candidata presidencial proponiendo a su jefe político como ministro está mandando un mensaje de subordinación que el electorado moderado, el que podría darle el balotaje, no procesa bien”, insiste.

Claudia López

Prometiendo que su candidatura es de centro, Claudia López ha logrado ubicarse en el cuarto lugar de las polarizadas encuestas, alcanzando una posición que, aunque suene relevante, en porcentaje parece dejarla sin opciones reales de llegar a la Casa de Nariño, al menos en este periodo electoral.

Su ventaja, según las fuentes consultadas, es que tiene una de las mejores hojas de vida dentro del tablero electoral, aunque esa virtud no se vea reflejada en la votación que posiblemente obtenga, además de que plantea un programa de gobierno serio y bien estructurado.

En opinión de Álvaro Benedetti, “López es una opción interesante y diferente en el partidor, que también podría ser Sergio Fajardo, porque representa al centro liberal, con un énfasis, como siempre ha sido su sello, en lucha anticorrupción y en cierta modernización institucional. Habla mucho de gestión pública eficiente, aunque ciertamente, hay que decirlo, Bogotá no necesariamente estuvo mejor con ella, pero creo que su principal activo es haber construido una imagen de independencia frente a los partidos tradicionales y demostrar su experiencia ejecutiva como alcaldesa de la capital”.

En esa línea, el analista Alejandro Echeverry agrega que, en términos de preparación y conocimiento, la exmandataria tiene todas las cualidades para ser una buena presidenta de Colombia.

Igualmente indica que, producto de ese conocimiento, “sus propuestas están ligadas a resolver problemas estructurales de la sociedad. En ese sentido, una de sus políticas bandera está asociada al modelo de economía del cuidado, y ese modelo, y la forma como ella lo implementó en Bogotá, hace que cuente con soluciones a los problemas reales de la gente”.

Claudia López
Claudia López | Foto: El País

La mayoría de sus cuestionamientos han partido de sus constantes cambios de postura frente al hoy presidente Gustavo Petro, ya que López pasó de apoyarlo en la campaña de 2022, a convertirse en una de las críticas más severas de su Gobierno.

Asimismo, pese a que ella se autodefine como una alternativa de centro progresista, sus contradictores la han acusado de ser un “camaleón ideológico” que adapta su discurso a conveniencia.

Además, el consultor Erazo resalta que ganó la Consulta de las Soluciones el 8 de marzo con 574.670 votos. Esa es la cifra que la define hoy. Es una cuarta parte de lo que sacó Paloma. Es menos de la tercera parte de lo que sacó Cepeda en la consulta del Pacto. Y en intención de voto para primera vuelta no supera el 2,5 % en el promedio de las cinco encuestadoras”.

Explica que ese número se debe a que “salió de la Alcaldía con 40 % de aprobación tras haber entrado con 89 %; su salida de la Alianza Verde en 2024 fragmentó al sector que debía ser su base natural; la escisión que lideró su esposa, Angélica Lozano, colapsó por falta de votos internos. Eso la dejó sin partido y la obligó a recoger firmas para inscribir un movimiento propio, ‘Con Claudia Imparables’, que es un vehículo personalista sin maquinaria territorial”.

Y sigue: “También, el Verde terminó adhiriéndose a Iván Cepeda; Sergio Fajardo, su socio natural histórico, se negó dos veces a acompañarla, ni siquiera como fórmula vicepresidencial. Esa negativa selló la atomización del centro. No conecta emocionalmente y tiene argumentos, pero le cuesta narrativa”.

A su vez, Echeverry considera que el tono contestatario que ella tiene, que es un poco fuerte, es políticamente incorrecto en términos del lenguaje, “lo cual también genera resistencia en algunos sectores, así como el no tener una exhibición ideológica clara que permita generar emociones”.

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