Abelardo de la Espriella avanzó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y disputará un lugar en la Casa de Nariño.
Según el preconteo de la Registraduría consignado en el boletín 15, con el 92,85 % de las mesas informadas, De la Espriella se ubicó como el candidato más votado de la primera vuelta presidencial al obtener 9.515.558 votos.
El abogado ha construido su propuesta política alrededor de una estrategia de mano dura frente a la delincuencia y el crimen organizado, convirtiendo la seguridad y el fortalecimiento de la autoridad del Estado en algunos de los principales ejes de su campaña.
Nació en Bogotá el 31 de julio de 1978, estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda, al igual que una especialidad en Ciencias Penales y Criminológicas en la Universidad Externado de Colombia.
Así mismo, es especialista en Derecho Administrativo de la Universidad del Rosario, máster en Derecho y licenciado en Derecho de la Universidad de Nebrija.
Se ha dado a conocer principalmente por su trabajo en el ámbito jurídico, donde ha representado a empresarios, políticos, deportistas y figuras públicas en procesos de alta notoriedad.
En 2002 fundó De la Espriella Lawyers Enterprise, que con los años abrió sedes en Bogotá, Barranquilla, Medellín y Miami.
En 2004, con 26 años, creó la Fundación Iniciativas por la Paz (Fipaz), que acompañó el proceso de Santa Fe de Ralito entre el gobierno de Álvaro Uribe y los paramilitares, e impulsó incluso un referendo para prohibir la extradición. Fue, además, la antesala del despegue de su carrera como litigante.
El actual candidato se casó en 2008 con Ana Lucía Pineda. Y con el paso de los años llegaron Salvador, Filippo, Lucía y Francesca De La Espriella.
En 2022, fundó su propia firma llamada ‘De La Espriella Lawyers’, con la cual se ha desempeñado como abogado litigante.
Representó a David Murcia Guzmán, creador de la pirámide DMG y también al empresario Álex Saab.
De la Espriella representó a las víctimas del ataque con ácido contra Natalia Ponce de León y acompañó la ley que endureció las penas para esa conducta; el agresor terminó condenado a más de 21 años de prisión.
También llevó causas colectivas del lado de los afectados. Asumió la representación de comunidades indígenas y afrodescendientes Zenú en el litigio contra la mina Cerro Matoso, que en 2018 ganó un fallo de la Corte Constitucional, y demandó a directivos de Ecopetrol por la explosión del oleoducto de Dosquebradas, en Risaralda, donde murieron 32 personas en 2011.
Además, defendió a Natalia París, Lina Tejeiro y Sara Corrales, y trasladó a las cámaras las pugnas que antes se quedaban en los estrados.
Los clientes que hoy le pesan
La otra cara de su hoja de vida es la lista de procesados a los que defendió. En la época de la parapolítica representó a los excongresistas Rocío Arias, Eleonora Pineda, Dieb Maloof y Jorge Caballero, todos condenados por la Corte Suprema de Justicia por sus nexos con las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
Fue abogado de los primos Nule, condenados por el ‘carrusel de la contratación’ en Bogotá, y en 2019 defendió al exmagistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt, condenado por corrupción.
Entró en la política
En campaña, el abogado se transformó en “El Tigre”. Sus actos se han caracterizado por tener cinco pantallas LED, videos de tigres, cortinas de humo y un atril de vidrio antibalas que se volvió habitual tras denunciar amenazas.
“Acá está tu tigre, que ruge y muerde”, lanza a sus seguidores, entre saludos militares al grito de “¡Firme por la patria!”.
El movimiento que lo respalda mezcla varias corrientes. Se declara outsider, pero sumó apoyos del partido cristiano Colombia Justa Libres, de sectores como Salvación Nacional y Creemos, y de poderes regionales como la casa Char en Barranquilla. Lo acompañan pastores evangélicos y políticos de partidos tradicionales, a quienes en tarima dice no representar.
Su discurso tiene un fuerte sello religioso. Defiende la ‘familia tradicional’, se opone al aborto y promete devolverle el orden al país.
De la Espriella busca llegar a la Presidencia presentándose como una alternativa por fuera de la política tradicional.