Por Andrea Moreno, periodista de El País

A tres meses de la primera vuelta presidencial programada para el 31 de mayo, el panorama político colombiano muestra una competencia amplia.

El tarjetón de esa elección será, uno de los más extensos de la historia reciente, con al menos quince candidatos inscritos para competir por la Casa de Nariño, el doble que en 2022.

Según la Registraduría Nacional, un grupo significativo de aspirantes cumple los requisitos para aparecer en el tarjetón de ese primer balotaje. Ahora bien, el calendario electoral incluye tres consultas interpartidistas que se llevarán a cabo el próximo 8 de marzo, jornada que coincide con las elecciones al Congreso de la República.

Así, ese día los ciudadanos podrán votar por uno de varios precandidatos agrupados en los tres bloques, lo que permitirá reducir el número de aspirantes a la Casa de Nariño.

El tarjetón oficial está organizado en tres cuerpos: la denominada “Gran Consulta por Colombia”, de centro-derecha, en la que competirán Mauricio Cárdenas, David Luna, Vicky Dávila, Juan Manuel Galán, Paloma Valencia, Juan Carlos Pinzón, Aníbal Gaviria, Enrique Peñalosa y Juan Daniel Oviedo.

Las consultas del 8 de marzo servirán como primer termómetro político para medir fuerzas entre los distintos bloques antes de la primera vuelta. | Foto: Registraduría

La segunda es la “Consulta de las Soluciones”, enfocada en el centro, en la que aparecen Claudia López y Leonardo Huerta. Y finalmente el “Frente por la Vida”, de izquierda, donde están Roy Barreras, Héctor Elías Pineda, Edison Lucio Torres, Martha Viviana Bernal y Daniel Quintero.

Los resultados serán una especie de filtro de cara a las presidenciales, pero aun así el tarjetón de la primera vuelta será amplio, puesto que a los tres ganadores de las consultas interpartidistas, que serían Paloma Valencia, Claudia López y Roy Barreras, se sumarán Iván Cepeda, Sergio Fajardo, Abelardo de la Espriella, Luis Guillermo Murillo, Sondra Macollins, Miguel Uribe Londoño, Maurice Armitage, Mauricio Lizcano y Carlos Felipe Córdoba.

Frente a este panorama, Felipe Jaramillo, politólogo de la Universidad Javeriana, afirma que la competencia real en este momento no es ganar en primera vuelta, sino pasar a la segunda.

“Es muy poco probable que algún candidato logre más del 50 % de los votos en la primera ronda”, explica.

En ese sentido, señala que el objetivo inmediato de muchos aspirantes es ubicarse entre los dos primeros, más que consolidar mayorías amplias.

De acuerdo con su análisis, uno de los escenarios posibles es que varios candidatos obtengan votaciones relativamente bajas, pero suficientes para restar apoyos a las figuras con mayor reconocimiento.

“Eso podría llevar a que quienes pasen a segunda vuelta lo hagan con porcentajes cercanos al 25 % o incluso menores”, afirma el docente Jaramillo.

En otras palabras, la definición de la Presidencia podría trasladarse al balotaje final, con candidatos que no superen el 30 % o 40 % de respaldo en la primera jornada.

Javier Duque Daza, profesor de la Universidad del Valle y doctor en Ciencia Política, coincide en que haber tantos aspirantes en la primera vuelta responde a una lógica recurrente en la política colombiana.

La Registraduría prevé que millones de ciudadanos participen en las jornadas electorales de marzo, mayo y, si hay segunda vuelta, junio, en un calendario que se extenderá por casi cuatro meses. | Foto: David Estrada Larraneta

“Las candidaturas funcionan como un abanico que se abre mucho al comienzo y se va cerrando a medida que se acerca la elección”, explica.

Según el académico, al inicio suelen aparecer numerosos aspirantes, pero con el paso de los meses el número se reduce hasta quedar unos pocos con posibilidades reales.

Duque distingue tres tipos de aspirantes: los autocandidatos que se inscriben por firmas, los candidatos respaldados por partidos con estructura política y los que denomina “pseudocandidatos”, quienes participan sin una opción real de triunfo.

“Muchos saben que no van a ganar, pero se presentan para posicionarse o negociar apoyos futuros, como ministerios, alcaldías o gobernaciones”, señala el académico.

Desde su perspectiva, la competencia real tiende a concentrarse en dos figuras principales, mientras que el resto cumple un papel secundario en la contienda.

En esa misma línea, Enrique Serrano, analista político, considera que la multiplicidad de candidatos no representa necesariamente un problema para el sistema electoral: “Solo dos o como máximo, tres tienen auténticas posibilidades. La diversidad de candidatos se irá disipando, especialmente después del 8 de marzo”, señala en referencia a la fecha en la que se realizarán las consultas interpartidistas.

El analista sostiene que el resultado de las consultas y de las elecciones legislativas será determinante para clarificar el panorama: “Las consultas van a marcar la suerte de varios candidatos y varios partidos. No determinan por completo lo que ocurrirá en primera vuelta, pero sí inciden en el reordenamiento de fuerzas políticas”.

Las interpartidistas han sido planteadas como un mecanismo para que distintos sectores políticos definan un candidato único de cara a las presidenciales. Sin embargo, su impacto real sigue siendo objeto de análisis.

Para el politólogo Jaramillo, estas consultas buscan despejar parcialmente el panorama, pero compiten con aspirantes que no participan en ellas y que irán directamente a primera vuelta.

Gustavo Petro se despedirá de la Casa de Nariño el 7 de agosto de 2026, fecha en la que concluirá su mandato presidencial.Petro saludando Bogota mayo 1 del 2023 Foto Guillermo Torres Reina / Semana | Foto: Guillermo Torres Reina

“Las consultas favorecen la consolidación de frentes más amplios, pero también existen candidaturas que apuntan a nichos específicos de votantes y que no están dentro de esos procesos”, sostiene.

Como ejemplo, menciona que algunas figuras se mantienen por fuera de las consultas, lo que limita el efecto unificador del mecanismo.

Por su parte, Sergio Guzmán, analista político, considera que tanto las consultas como las elecciones al Congreso de la República serán claves para medir la fuerza real de los bloques ideológicos. “Las consultas van a permitir saber si la izquierda, el centro y la derecha tienen suficientes votos para llegar por sí solos a primera vuelta o si necesitan alianzas con otros sectores”, explica.

En su análisis, estos procesos también servirán para evaluar si los votantes optan por un voto táctico desde la primera vuelta. “Van a determinar si los ciudadanos empiezan a escoger no solo por afinidad política, sino por viabilidad electoral”, añade.

Guzmán señala, además, que este espacio electoral permitirá observar si los partidos tradicionales siguen teniendo un papel decisivo en la configuración de alianzas.

“En la izquierda, se verá si el Pacto Histórico puede competir sin depender de acuerdos con otros partidos. Y en la derecha se evaluará si logran consolidar un bloque fuerte frente a candidaturas externas”, afirma.

¿Hay incertidumbre?

Andrés Dávila, politólogo y docente de la Universidad Javeriana, plantea que el escenario actual está marcado por un alto nivel de incertidumbre.

“Estamos en febrero, falta un mes para las elecciones legislativas y las consultas, y al menos un 30 % del electorado no ha tomado una decisión ni para marzo ni para mayo”, señala.

En la segunda vuelta presidencial de junio de 2022, la participación alcanzó el 58,1 % del censo electoral, la más alta desde 1998, lo que se tradujo en una abstención del 41,83 %, una de las más bajas en ese tipo de comicios. | Foto: Juan Carlos Sierra

Para este académico, cualquier intento de hacer proyecciones resulta prematuro: “No hay nada definido. Lo único que se puede afirmar es que habrá elecciones”.

También prevé que el Congreso de la República continuará con una composición diversa y que la participación electoral se mantendrá entre el 50 % y 53 %, como en procesos anteriores.

El politólogo añade que las encuestas disponibles en este momento generan más preguntas que respuestas: “Algunas plantean dudas incluso sobre su propia validez. Por eso es difícil afirmar con certeza qué va a pasar”.

En ese contexto, varios analistas coinciden en que las elecciones legislativas tendrán un peso significativo en el rumbo presidencial. Para el profesor Serrano, la recomposición del Senado y la Cámara influirá directamente en la formación de coaliciones de cara a las presidenciales. “Las elecciones al Congreso definen las alianzas políticas y la capacidad de gobernabilidad futura”, añade.

Según el analista, Colombia ha empezado a consolidar un sistema en el que las coaliciones son cada vez más relevantes. “Antes, este tipo de esquemas no eran tan común, pero ahora se está convirtiendo en una práctica central del sistema político”, señala.

Desde esa perspectiva, las consultas no solo sirven para escoger candidatos, sino también para negociar acuerdos entre partidos y movimientos.

“No se trata únicamente de una candidatura, sino de la construcción de alianzas que permitan sostener un proyecto político a largo plazo”, afirma Serrano.

Javier Duque, por su parte, advierte que, aunque muchos aspirantes cuentan con formación y experiencia, la confianza del electorado sigue concentrada en pocos liderazgos.

La Registraduría habilitó miles de puestos de votación en todo el país para las elecciones presidenciales. | Foto: Revista Semana

“Colombia tiene muchos perfiles que podrían gobernar, pero la confianza del votante no está distribuida de manera homogénea”, explica.

Esa concentración de apoyos en determinadas figuras hace que, pese al número de aspirantes, la competencia real tienda a reducirse con el paso del tiempo. “La mayoría de candidatos no importa en términos de resultado final. Lo que ocurre es un proceso de decantación”, señala.

En definitiva, según los analistas consultados, el resultado dependerá tanto del desempeño de los candidatos en las consultas y en la primera vuelta como de las alianzas que se formen luego, en un proceso que se definirá de forma gradual a lo largo del calendario electoral.