En marzo, el Senado de la República aprobó la Ley No. 320 de 2020 que prohíbe a padres, cuidadores y a otras personas, que al reprender o corregir a menores de edad, ejecuten cualquier acción que les cause dolor.

Conocida popularmente como la ‘ley antichancleta’, esta prohíbe el uso del castigo físico, los tratos crueles, degradantes y cualquier tipo de violencia como método de corrección contra niños, niñas y adolescentes.

Muchos papás y mamás creen que ahora se han quedado sin herramientas para formar a sus hijos, pues aseguran que esos métodos fueron los empleados por sus padres para ejercer autoridad y no quedaron traumatizados.

Lo cierto es que, como lo han demostrado varias investigaciones y aseguran expertos, para disciplinar, tener autoridad y formar a los niños con valores no se necesita ejercer el maltrato físico o psicológico, pues esto les trae muchas secuelas (ver microformato). Por eso hoy se fomenta una crianza positiva, consciente, basada en el amor y no en el miedo y el dolor.

Puede leer: Claves para que el sedentarismo no afecte su salud en pandemia

Con ayuda de especialistas en crianza (ver fuentes consultadas), estas son algunas de las claves para que los padres críen a los niños sin violentarlos:

1. Muéstrele que lo ama

Dígale que lo quiere, dele besos, abrazos, caricias, mírelo a los ojos y sonríale. No le diga palabras feas, eso lo pone triste y lo hace sentir que no lo quiere. Usted le demuestra amor cuando se desprende del celular o del computador y juega con él, le lee cuentos, le canta, van al parque, le dedica tiempo.

2. Obsérvelos y escúchelos

Présteles atención. Observe bien lo que hacen y escuche lo que dicen sus hijos. Mire bien lo que les gusta, lo que no, lo que les es difícil, qué les da rabia o miedo, qué los hace felices. Lo que logran y lo que todaví no saben.

Para escucharlo: pare un momento, mírelo a los ojos, no lo interrumpa, no piense que ya sabe lo que le va a decir, lo que siente o necesita. A veces no le va a gustar lo que le dice, no lo juzgue, él necesita contarle lo que piensa y siente. Así aprenderá a conocerlo y a comprenderlo. Tenga en cuenta que si de un día para otro los niños cambian sus rutinas y su forma de ser, puede ser que algo le esté pasando.

3. Coman juntos

Traten de comer juntos, en familia, varias veces a la semana. Apaguen la tele y dejen de lado los teléfonos. Así se pueden mirar, concentrar en lo que comparten y observa cómo están sus hijos. Cuando comen juntos disfrutan, se cuentan historias, tradiciones familiares, se habla sobre cómo ha sido el día de cada uno. Así se conocerán más.

4. Aprecie lo que hacen bien

Observe las acciones positivas de los niños y reconózcaselas con palabras y gestos. Basta con un “qué bien”, un “gracias”, una mirada de cariño, un abrazo, una nota, una carita feliz... Evite decir frases como “eres muy juicioso”, “eres muy inteligente”, “eres muy bueno”. Con ellas, hace un juicio del niño y no de lo que él hizo.

Desde el Gobierno se impulsarán iniciativas que ayuden a desterrar
la costumbre de los colombianos de corregir a sus hijos empleando gritos, insultos, correazos, coscorrones, pellizcos, chancletazos, cinturonazos, etc.

5. Mantenga la calma

Cuando un hijo comete una falta el padre debe tratar de mantener la calma, regular su estado biológico, puede, por ejemplo, respirar profundamente y contar hasta diez; tomar agua, hacer una pausa. No preguntarse: ¿cómo lo castigo? Si no, cómo lo ayudo a aprender esa habilidad que necesita. Interrogarse si le ha enseñado esa habilidad: “¿le he enseñado a decir hola? ¿A recoger los juguetes? Si ya se la he enseñado, debe aplicar consecuencias acordadas previamente con él, (ojo: no castigos), que lo motiven a no volver a infringir la norma: “Recuerda que por no recoger tu juguete favorito no podrás jugar con él durante esta semana”.

6. Brinde instrucciones claras

Al dar las indicaciones hágalo de manera clara, concreta. Asegúrese de que él las comprenda. Los niños necesitan que les digamos qué es lo que hay que hacer, no lo que no hay que hacer. Padres, maestros, cuidadores les ordenan¨: “no corras”, “no pegues”, “no tires…”, “no hagas” y hoy la neurociencia deja saber que por la estructura del cerebro este necesita que se le diga que sí se pueden hacer las cosas. Así que en vez de decirle “no corras”, dígale: “camina despacio”.

7. Dialoguen sobre los límites

La autoridad no se gana con miedo sino con la norma, con la explicación sobre la misma y con firmeza para hacerla cumplir. Dialoguen sobre ello. Sean claros al establecer las reglas de la familia y cuáles serán las consecuencias que habrá si se incumplen estas.

No ofrezca premios ni castigos para que hagan o dejen de hacer algo. “Si haces la tarea, te llevo al parque” o “si no haces la tarea te pego”. Él debe hacer la tarea porque es su responsabilidad.

Cuando el padre castiga está impidiendo una conducta a corto plazo, pero a largo plazo no le está enseñando nada. No le está permitiendo aprender habilidades valiosas para la vida.

La crianza positiva es educar para la autonomía. Para ello es necesario explicarle al niño por qué debe cumplir las órdenes y dejarle tomar ciertas decisiones. No es ordenarle acuéstese a las 7:30 p.m. Es decirle por qué debe hacerlo: tienes que madrugar para el colegio, porque debes cumplir ocho horas de sueño, etc. Y poder darle alternativa de qué piyama usar, qué cuento escoger o con qué peluche irse a la cama. El niño se hace más partícipe de su educación y va entendiendo con base en las explicaciones de sus padres.

Hay que recordarles desde el amor cuál es el compromiso pactado y hacerlo cumplir.

8. Respete su desarrollo

Conozca sobre las etapas de desarrollo de los niños y respete sus capacidades de aprendizaje, la edad en que están y enséñeles de manera respetuosa habilidades que necesitan en cada periodo. Tenga en cuenta los comportamientos típicos para las diferentes edades: las pataletas son propias de los niños de 2 años, antes de que el lenguaje termine de estructurarse. Haga lo que haga, van a estar. Los niños de 3 años se quejan; los de 4, argumentan; los de 5, a veces dicen mentiras; los de 9 descalifican; los de 10 a 12 están en una preadolescencia que hace que su cerebro no funcione muy bien y entonces se les olvidan las cosas y contestan feo.

Los padres deben aceptar los procesos de desarrollo de sus hijos y sus características, pues a veces tienen expectativas muy altas que no son acorde con su proceso de desarrollo. “¿Por qué tu cuarto está tan sucio? Usted es muy puerco, desconsiderado”. ¡Y le están hablando a un niño de 3 años!

9. Juegue con sus hijos

El juego es la herramienta más poderosa para el aprendizaje en la primera infancia, la que más prepara y desarrolla todas las habilidades para la vida. A través de un juego en familia, sano, respetuoso, se establecen límites y se generan fuertes vínculos afectivos.

En la página aprendamosjugando.org hay herramientas prácticas para los niños, para las familia. Se pueden descargar de forma gratuita. Con ellas se utilizan los juegos en distintos contextos: para reconocer las emociones, hacer un gran reto familiar, desarrollar la creatividad, etc.

10. Acompañe las pataletas

El adulto no debe reaccionar con una pataleta igual a la del pequeño. Antes de reaccionar, debe entender respirar profundamente, entender cuál es la situación e invitar al niño a la calma. No lo puede invitar a tranquilizarse cuando lo está agrediendo. Hay que darle espacio para que se calme.

No quiera controlarlo inmediatamente, no sea intrusivo con la emociones del pequeño, debe esperar que ellos las procesen. Entienda que el berrinche no es contra usted, él está buscando aprender a relacionarse con sus padres o con otros adultos.

El niño no necesita nuestra rabia sino nuestra calma. Él quiere llamar la atención. Así que el padre puede agacharse, tomarlo suavemente del brazo y decirle con tranquilidad y mirándolo a los ojos: “veo que estás alterado, cuando estés calmado podemos hablar. Mientras, seguiré leyendo este libro”.

Como padre usted debe anticiparse y dejar las normas claras. El niño de 2, 3, 4 años, no es que sea manipulador o malo. Está aprendiendo a regularse emocionalmente.

No a los castigos

Los castigos físicos y humillantes incrementan el riesgo de que los menores no tengan un desarrollo cognitivo normal, igual de rápido que el de otros niños, lo que es fundamental para el desempeño académico y las trayectorias de vida de los infantes.

Provocan afectaciones en el desarrollo socioemocional, en el manejo de sus emociones e incluso, a futuro, en su salud mental. El castigo hace que sean más agresivos y por tanto, tengan más malos comportamientos.

Los niños que han sido abusados u objeto de negligencia son más proclives a ser arrestados como delincuentes juveniles y a estar expuestos en un futuro a situaciones de violencia.

El 77% de los padres colombianos usa el castigo físico como una forma de corregir a sus hijos, de acuerdo con un estudio de la Universidad de la Sabana.