Dos cambios drásticos en materia laboral enfrentan las empresas desde este mes en el país. A partir del 16 de julio, la jornada laboral en Colombia será de 42 horas semanales (era de 48 horas y se ha venido reduciendo). Esa medida se suma al aumento del recargo dominical y festivo al 90 % del valor de la hora ordinaria, lo que configura un nuevo panorama para el sector productivo nacional.

Ambas disposiciones buscan mejorar las condiciones de millones de trabajadores formales, quienes contarán con más tiempo de descanso y una mayor remuneración por laborar en domingos y festivos.

Sin embargo, desde la academia y el sector empresarial se han encendido las alertas sobre el impacto que estas normas podrían tener sobre los costos de operación, la contratación y la formalidad del empleo.

La reducción de la jornada laboral hace parte de la Ley 2101 de 2021, que estableció un proceso gradual para disminuir las horas de trabajo semanales sin afectar el salario de los empleados. El 15 de julio culminará ese proceso y la jornada quedará fijada en 42 horas semanales.

Los trabajadores en Colombia tendrán más tiempo libre que podrían dedicar a sus familias y, al mismo tiempo, ganarán más por la hora laborada, debido a la reducción de la jornada dispuesta por el Gobierno Nacional. | Foto: Visión Circular ANDI

Sin embargo, el cambio no se limita a una reducción de dos horas en la jornada semanal. Carolina Castro de la Torre, directora de Posse Herrera Ruiz y especialista en derecho laboral, explicó que las empresas deberán reorganizar sus horarios de acuerdo con sus necesidades operativas. Algunas podrían descontar las dos horas en un solo día de la semana, mientras que otras optarían por distribuir el ajuste en la entrada o salida de los trabajadores. Además, cualquier tiempo laborado por encima de las 42 horas semanales deberá ser reconocido como hora extra.

Por su parte, el recargo dominical y festivo, que pasó del 80 % al 90 %, corresponde a una implementación progresiva contemplada en la Ley 2466 de 2025 y llegará al 100 % en 2027.

No hay que olvidar que, adicionalmente, el horario nocturno también cambió y ahora será desde las 7:00 de la noche (antes era desde las 9:00).

La especialista en derecho laboral también señaló que julio marca el vencimiento del periodo de transición que tenían las empresas para adecuarse a otras disposiciones de la reforma laboral, entre ellas la contratación de personas con discapacidad y la actualización de los reglamentos internos de trabajo, obligaciones que desde este mes comienzan a ser exigibles.

Para Alejandro Useche, analista económico y profesor de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario, estas medidas deben analizarse desde dos perspectivas.

Por un lado, considera que representan un avance en el bienestar de los trabajadores: “Personas con mejor remuneración y con más tiempo libre son personas que tienen más bienestar, más capacidad de consumo y más tiempo para sus actividades familiares y personales”.

En el mejor de los escenarios, agrega, las nuevas condiciones podrían traducirse en empleados más comprometidos y productivos, generando beneficios no solo para los trabajadores, sino también para las empresas y la economía.

El lunes 13 de julio será festivo por la celebración de la Virgen de Chiquinquirá y las empresas que operen ese día deberán pagar un recargo del 90 %. | Foto: El País

Sin embargo, la otra cara de la moneda está relacionada con el incremento de los costos laborales. “El impacto directo lo están sufriendo las empresas que deben pagar más sueldos porque esto incrementa sus costos de operación. Lo que estamos enfrentando es un aumento muy importante de los costos de contratación”, afirma.

Los sectores más afectados

No todas las empresas sentirán el impacto de la misma manera. Los sectores intensivos en mano de obra y aquellos que operan permanentemente, incluidos domingos y festivos, serán los más golpeados por las nuevas cargas laborales.

La salud, la seguridad privada, el turismo, la hotelería, los restaurantes, el comercio y las actividades recreativas figuran entre las que deberán asumir mayores costos por el alza del recargo dominical y por el aumento del valor de la hora de trabajo derivado de la reducción de la jornada.

“Están enfrentando dos tipos de aumento de los costos laborales: uno directo, por mayores salarios, y otro relativo, porque la reducción de la jornada laboral implica que el costo por hora contratada aumente”, explica Useche.

Para el director del programa de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, Jaime Ahcar, el efecto financiero es significativo: “El efecto financiero en libros es de 4,5 % de mayor costo para la empresa que el año anterior, si se quiere mantener el mismo nivel de horas trabajadas”.

El economista considera que la medida es especialmente sensible para industrias y servicios que requieren un número importante de trabajadores para mantener su operación.

Asimismo, advirtió que el incremento del recargo dominical podría traducirse en una menor actividad económica durante ese día de la semana, aunque algunos sectores optarán por asumir el mayor costo para seguir siendo competitivos.

Aunque las grandes compañías también deberán ajustar sus presupuestos, las pequeñas y medianas aparecen como las más vulnerables frente a las nuevas obligaciones laborales.

Henry Amorocho, analista económico y profesor de la Universidad del Rosario, asegura que las pymes han venido preparándose para estos cambios, pero reconoce que el incremento en la carga laboral genera un escenario de alta presión financiera: “Para el empresariado esto implica un aumento significativo en la masa salarial y la pequeña y mediana empresa lo tiene ya calculado”.

El desempleo en Colombia, en mayo de 2026 se ubicó en 8,0%, un punto porcentual menos que en el mismo mes de 2025, según las más recientes cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane. | Foto: El País

Y señala que el ajuste podría repercutir directamente en las decisiones de contratación. “Estos aumentos de la carga laboral pueden tener implicaciones en el mercado en el sentido de disminuir el empleo formal”, indica.

Según explica, las últimas cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) muestran que el empleo no asalariado está creciendo a un ritmo superior al asalariado: “El empleo no asalariado creció al 5%, frente al 3 % del empleo asalariado”.

A juicio del académico, esto puede interpretarse como una señal de que las empresas, especialmente las pequeñas y las medianas, han comenzado a modificar sus estructuras laborales y a depender en mayor medida de trabajadores por cuenta propia.

Sobre la posible disminución del empleo formal, la especialista en derecho laboral Castro de la Torre tiene una percepción similar a la de Amorocho, quien asegura que algunas empresas ya han optado por reducir personal o congelar nuevas contrataciones mientras evalúan el impacto de las medidas. Según la experta, muchos empleadores están definiendo si resulta más conveniente contratar trabajadores adicionales para cubrir las horas que se dejan de laborar o, por el contrario, asumir el pago de horas extras cuando se supere el nuevo límite de 42 horas semanales.

El riesgo de la informalidad

Uno de los principales temores de los analistas es que el aumento de los costos laborales termine incentivando la informalidad.

Useche considera que las empresas difícilmente pueden absorber, de manera indefinida, un incremento en sus costos de producción: “Es raro el caso en que el aumento de estos costos sea simplemente asumido por la empresa. Generalmente, cuando hay un crecimiento de los costos de operación, estos son trasladados a mayores precios de venta al consumidor”.

Sin embargo, otras compañías podrían optar por congelar sus nóminas, contratar menos personal o cambiar las modalidades de vinculación. “Probablemente algunos empleados que hasta ayer estaban con contrato a tiempo completo, desde mañana estarán con contratos a medio tiempo o con otro tipo de vinculación”, señala.

El experto advierte que este fenómeno también puede traducirse en un aumento de la informalidad, pues muchas personas que salen del empleo formal terminan encontrando una fuente de ingresos en el trabajo por cuenta propia o en pequeños emprendimientos.

Amorocho comparte esta preocupación y sostiene que, aunque las nuevas medidas representan una mejora para los trabajadores formales, quienes están en la informalidad no reciben esos beneficios: “El trabajador informal no se beneficia de las prestaciones ni de los procedimientos legales que trae la nueva reforma laboral”.

Los expertos coinciden en que las nuevas medidas también pueden generar efectos positivos sobre la economía: el incremento en los ingresos de los trabajadores formales podría traducirse en un mayor consumo de bienes y servicios.

“Si hay empleados que ganan más dinero, tienen más capacidad de compra y seguramente salen a consumir más”, explica Useche.

Este aumento en el consumo podría dinamizar algunos sectores y mejorar las ventas de las empresas en el corto plazo. Sin embargo, el economista sostiene que el incremento de la demanda también puede generar presiones inflacionarias. “Se empieza a generar más inflación y ese es uno de los impactos más fuertes”, señala.

En un contexto de mayores precios, añade, el Banco de la República podría mantener una política monetaria restrictiva, con tasas de interés elevadas que terminan encareciendo el crédito y frenando inversiones.

Ante este panorama, las empresas tendrán que encontrar mecanismos para ser más eficientes. Amorocho considera que la reducción de la jornada laboral obliga a las compañías a optimizar el uso del tiempo y a mejorar sus procesos internos.

Al disminuir las horas laborales, manteniendo el mismo salario, se genera un aumento en el costo para la empresa y se tiene que buscar la optimización de la productividad”, explica.

El dominical y el festivo seguirá aumentando y llegarán al 100 % en 2027, de acuerdo con el cronograma de la ley. | Foto: SEMANA.

Y considera que esta situación puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la innovación, incorporar nuevas tecnologías y mejorar la gestión del talento humano.

En la misma línea, Jaime Ahcar sostiene que las compañías tienen margen para adaptarse sin que necesariamente se traduzca en despidos o en una reducción de su rentabilidad.

“El progreso tecnológico, la innovación y la absorción de nuevas tecnologías pueden contribuir a mitigar el impacto de estas medidas”, afirma, pero advierte que estas disposiciones llegan en un momento complejo para muchas empresas: “Las medidas buscan mejorar el balance entre la vida y el trabajo de los colombianos, pero también generan tensiones sobre la viabilidad financiera de muchas pequeñas y medianas empresas de la economía formal”.

Así, la entrada en vigor de la jornada laboral de 42 horas y el aumento del recargo dominical representan un nuevo desafío para el mercado laboral colombiano: mientras los trabajadores formales celebran una mejora en sus condiciones de empleo y calidad de vida, las empresas enfrentan el reto de absorber mayores costos sin sacrificar productividad, competitividad y generación de empleo.

Los próximos meses serán decisivos para determinar si el sector productivo logra adaptarse al nuevo escenario o si, por el contrario, las nuevas cargas terminan acelerando fenómenos como la informalidad y la desaceleración de la contratación formal en el país.