El sábado, en una clínica de San Isidro, el periodista deportivo argentino que dedicó su vida al tenis, Guillermo Salatino, sufrió un paro cardíaco mientras aguardaba estudios médicos previos a una cirugía de cadera.
La noticia impactó de inmediato en el ámbito deportivo y periodístico, pues se trataba de una figura que había marcado un antes y un después en la cobertura del tenis argentino.
Su trayectoria incluyó 43 coberturas de Wimbledon y un seguimiento minucioso de las carreras de Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Juan Martín del Potro y tantas otras figuras que llevaron el nombre del país a los grandes escenarios internacionales.
Aunque había anunciado su retiro en varias oportunidades, nunca se alejó del todo. Hasta el final mantuvo micros radiales en La Red y en noviembre de 2025 cubrió la Copa Davis en Bologna, en lo que muchos interpretaron como una despedida simbólica.
Su compromiso con el tenis fue absoluto: narró triunfos, derrotas y procesos de formación con la misma entrega, convirtiéndose en un puente entre jugadores y público.
La Asociación Argentina de Tenis expresó su pesar con un mensaje que sintetiza el sentimiento general: “Hoy es un día triste para todos nosotros. Guillermo Salatino marcó el camino de muchas generaciones de profesionales y amplió la cobertura del tenis argentino a todo el mundo”.
A ese homenaje se sumaron jugadores, entrenadores y colegas que destacaron su generosidad, su capacidad de análisis y su estilo inconfundible. Hubo mensajes de figuras como Juan Mónaco, Mariano Zabaleta y Gabriela Sabatini, quienes coincidieron en subrayar que Salatino no solo fue un periodista, sino un verdadero embajador del tenis argentino.
El dolor por su muerte trasciende lo estrictamente deportivo. Salatino fue un maestro para jóvenes periodistas, un referente de ética profesional y un apasionado que supo transmitir la emoción de cada partido. Su voz, reconocible y firme, acompañó a generaciones de aficionados que encontraron en sus relatos una forma de vivir el tenis con intensidad.
La noticia de su fallecimiento deja un vacío difícil de llenar, porque se trata de alguien que no solo informaba, sino que interpretaba y contextualizaba cada acontecimiento con conocimiento y sensibilidad.
En tiempos en que el periodismo deportivo enfrenta desafíos de inmediatez y superficialidad, la figura de Guillermo Salatino se erige como recordatorio de que la cobertura de un deporte puede ser también un acto de amor y de compromiso cultural.
Su legado permanecerá en la memoria de quienes lo escucharon y leyeron, y en la gratitud de un mundo del tenis que hoy lo despide con tristeza, pero también con reconocimiento eterno.
Palabras finales de colegas y jugadores coinciden en un mismo sentimiento: el tenis argentino perdió a su voz más emblemática, y el periodismo a uno de sus grandes maestros.
*Este artículo fue creado con ayuda de una inteligencia artificial que utiliza machine learning para producir texto similar al humano, y curado por un periodista especializado de El País.