Los equipos que aspiran a levantar la Copa del Mundo tienen una característica en común: cuentan con un delantero que convierte las oportunidades en goles y los goles en victorias. Francia tiene a Kylian Mbappé, Inglaterra a Harry Kane y Noruega encontró en Erling Haaland al futbolista que le cambió la historia.

Colombia, en cambio, sigue buscando al sucesor de Radamel Falcao García. Desde que el “Tigre” dejó de ser el referente ofensivo de la Selección, el equipo ha encontrado extremos desequilibrantes, volantes creativos y defensores goleadores, pero no un delantero centro capaz de marcar diferencias de manera constante con la camiseta amarilla.

Lo ocurrido en este Mundial volvió a evidenciar ese vacío. La Selección llegó con cuatro atacantes que atravesaban el mejor momento de sus carreras.

Luis Suárez había firmado 38 goles con Sporting de Lisboa; Jhon Córdoba convirtió 22 con Krasnodar; Luis Díaz aportó 26 tantos y 23 asistencias con Bayern Múnich; y Juan Camilo “Cucho” Hernández también venía de una temporada destacada en España.

Sin embargo, ninguno logró trasladar ese poder ofensivo a la Copa del Mundo.

La conclusión es inquietante: Colombia no tiene un problema para producir goleadores en sus clubes; tiene un problema para consolidarlos en la Selección.

Kevin Viveros espera, con su buen rendimiento en el Athletico Paranaense, tener una oportunidad en la Selección Colombia. | Foto: El País

¿Dónde hay soluciones?

Pensando en el Mundial de 2030, la buena noticia es que el panorama luce mucho más amplio que hace algunos años. Existe una generación de delanteros jóvenes que empieza a levantar la mano y que llegará al próximo Mundial en plena madurez deportiva.

El nombre que hoy ofrece el presente más sólido es Kevin Viveros. A sus 26 años atraviesa un gran momento con Athletico Paranaense y llegaría al Mundial con 30 años, la edad ideal para un delantero. Su frecuencia de un gol cada 138 minutos en el Brasileirao y sus 11 anotaciones en apenas 17 partidos hablan de un atacante que vive del área y que ha encontrado regularidad.

Muy cerca aparece Néiser Villarreal. Con apenas 21 años ya empieza a hacerse un espacio en Cruzeiro, donde mantiene un promedio de un gol cada 181 minutos.

Pero sus números más impresionantes están en las selecciones juveniles: ocho goles en el Sudamericano Sub-20 y cinco más en seis partidos del Mundial de la categoría. Es, quizás, el delantero colombiano con mayor proyección pensando en el próximo ciclo.

Y detrás vienen otros nombres que todavía están en proceso de consolidación, como Miguel Marulanda, Matías Caicedo, Adrián Mosquera, Óscar Cortés, Luis Sinisterra y Johan Carbonero, futbolistas que aún tienen margen para evolucionar en la Selección Colombia.

Expertos opinan

Para Arnoldo Iguarán y Hamilton Ricard, el problema de los atacantes colombianos trasciende las estadísticas y tiene una fuerte carga psicológica.

Iguarán considera que la camiseta de la Selección pesa más que la de cualquier club. La presión de representar al país, la expectativa de la afición y la ansiedad por responder hacen que muchos delanteros pierdan la naturalidad con la que definen durante toda la temporada.

Neiser Villareal brilló con Colombia en un Sudamericano Sub-20 y ahora se perfila como el artillero del Cruzeiro de Brasil. | Foto: El País

Según el goleador histórico, el primer tanto suele ser el que rompe ese bloqueo mental y devuelve la confianza.

Ricard comparte esa visión, pero añade que también existen errores técnicos que reducen la efectividad.

En su opinión, muchos atacantes rematan apresuradamente, llegan mal perfilados al momento de definir o no analizan la ubicación del arquero antes de ejecutar.

Es decir, Colombia no solo necesita delanteros con buenas cifras, sino futbolistas capaces de mantener la calma y tomar mejores decisiones cuando se enfrentan a las pocas oportunidades que ofrece un Mundial.

¿Y Jhon Jáder Durán?

Si hay un delantero colombiano con condiciones para convertirse en el gran goleador de la próxima década, ese sigue siendo Jhon Durán.

Su potencia física, capacidad para atacar espacios y definición lo convierten, probablemente, en el atacante con mayor techo de toda la generación. Pero su consolidación en la Selección Colombia dependerá menos del talento que de su madurez.

Si logra concentrarse exclusivamente en el fútbol y deja atrás los episodios extradeportivos que han acompañado su carrera, llegará al Mundial de 2030 con apenas 26 años y con todas las herramientas para convertirse en el ‘9’ que Colombia necesita.

El problema no es producir delanteros; es convertirlos en goleadores de Selección. Paradójicamente, Colombia tampoco llegará huérfana de experiencia. Luis Díaz tendría 33 años; Luis Suárez, 32; Juan Camilo Hernández, 31; y Jhon Córdoba, 37. Todos podrían seguir siendo alternativas importantes.

*Con información de Colprensa / El Colombiano