Cuando la cultura digital impone que las producciones artísticas, o cualquier clase de contenido, no pueden superar los 3 y 5 minutos, porque las audiencias masivas ya no tienen la capacidad de mantener fija la atención, la Metropolitan Ópera de Nueva York estrena una nueva versión de ‘Tristán e Isolda’, la majestuosa obra de Richard Wagner que, con intermedios, tiene una duración de 5 horas y 27 minutos.
Cuando jóvenes celebridades, como Timothée Chalamet, aprovechan sus 5 minutos de popularidad para afirmar que artes como el ballet y la ópera ya no le importan a nadie, miles de personas siguen acudiendo cada año al Festival de Bayreuth, creado por el propio Wagner hace 150 años, para escuchar absortos no por horas, sino durante días, únicamente óperas en lengua alemana.
De hecho, para traer a colación un caso cercano, la ciudad de Cali, según mediciones de Cineco Alternativo, es donde más personas acuden a las funciones de ópera que se transmiten en vivo desde grandes teatros del mundo a las salas de cine locales.
Por esta razón, para este sábado, 21 de marzo, a las 11:00 a. m., se transmitirá desde la MET Opera de New York a las salas de Cineco Alternativo, la ópera ‘Tristán e Isolda’, compuesta entre 1857 y 1859 por Wagner, y que para el 2026 tendrá la dirección escénica de Yuval Sharon, reseñado por The New York Times como “el director de ópera más visionario de su generación”.
Y en la dirección musical Yannick Nézet-Séguin, quien asumió por primera vez la responsabilidad de ejecutar este monumento lírico, coral y melódico de poderosa fuerza sonora.
Como protagonista estará Lise Davidsen, una de las artistas wagnerianas más importantes del mundo, quien alcanza la cima del repertorio dramático para una soprano con su actuación de la princesa irlandesa Isolda, en la epopeya trascendental de Wagner.
Y el poderoso tenor Michael Spyres hace su debut en el extenso papel de Tristán, completando la pareja cuya enemistad se transforma en una pasión insaciable y autodestructiva gracias a una potente poción de amor.
Para Luis Carlos Aljure, periodista musical y experto en ópera, “la vigencia de ‘Tristán e Isolda’, por una parte, radica en que muestra la historia de un amor prohibido entre dos jóvenes, el conflicto entre el deseo y el deber, y el choque entre los sentimientos sinceros contra las barreras sociales, que son hechos que nunca han dejado de ocurrir en la historia humana. El planteamiento central es atemporal, aunque se trata de una obra compuesta por un genio musical del siglo XIX, que está inspirada en una leyenda medieval de origen celta".
En cuanto a sus cualidades musicales, Aljure destaca que “lo más importante en mi opinión es la calidad intrínseca de la obra musical, con sus osadías armónicas, sutilezas e intensidad expresiva, que aún emociona profundamente a un amplio público casi 170 años después de su composición, sin importar la gran extensión del drama”.
“Hay que decir también que las novedades de ‘Tristán e Isolda’ fueron muy influyentes en la época de Wagner y en las generaciones futuras, al punto que, en algunas naciones, pasado cierto tiempo, se hicieron esfuerzos conscientes para sacudirse del dominio que ejercía en ellas el arte de Richard Wagner”, comenta.
Datos curiosos de ‘Tristán e Isolda’
El experto también cuenta algunas anécdotas memorables sobre esta obra maestra del repertorio clásico universal, que seguramente no conoce el simpático Chalamet:
-La más exigente y quizá mortal: El papel de Tristán siempre ha tenido fama de ser extremadamente exigente para los tenores, no solo por la extensión de la obra, sino porque muchas veces el personaje debe cantar con gran intensidad y ante una orquesta de gran sonoridad. Así las cosas, Ludwig Schnorr von Carolsfeld, el tenor que cantó el rol de Tristán en el estreno mundial de la obra en Munich, en 1865, murió poco tiempo después de participar en las cuatro funciones que estaban programadas para la ocasión. Un hecho que ha alimentado la leyenda en torno del esfuerzo que implica cantar este papel, aunque no se ha demostrado que las exigencias de Tristán hayan provocado su deceso.
-Adulterio creativo: Una historia de amor prohibido impulsó a Wagner a comenzar la composición de ‘Tristán e Isolda’ en 1857. El músico tenía 44 años y vivía desde 1849 exiliado en Suiza, porque debió huir apurado de Alemania luego de participar en una sublevación infructuosa contra el rey de Sajonia. Su Isolda, es decir, la musa que inspiró la composición de la ópera, se llamaba Mathilde Wesendonck, era quince años menor que Wagner, tenía inclinaciones poéticas y, sobre todo, era la esposa de su generoso mecenas en Suiza, Otto Wesendonck, que lo apoyaba con generosas partidas de dinero. Cuando se descubrió el amorío, la esposa de Wagner armó un gran escándalo, pero el esposo de Mathilde se tomó el asunto con serenidad porque, al parecer, estaba convencido de que se trataba de un enamoramiento más espiritual que físico. Eso explica que haya continuado patrocinando al compositor cuando Wagner y su mujer tuvieron que abandonar Zurich en medio de las habladurías.
-El affaire definitivo de Cosima y Wagner: 'Tristán e Isolda’ se estrenó en Munich, en 1865, después de varios años de espera, gracias al patrocinio del rey Luis II de Baviera, un enamorado de la música de Wagner. El compositor invitó a Hans von Bülow, uno de sus talentosos pupilos, a estrenar la obra, pero se sabe que Wagner estaba aún más interesado en la esposa del joven director, Cosima, hija del famoso compositor Franz Liszt, que era muy amigo de Wagner. Al final, el pobre Bülow terminó dirigiendo con gran fervor y sabiduría la partitura del maestro, mientras este se convertía en el amante oficial de Cosima. El mismo año del estreno de la ópera Cosima tuvo una hija, Isolda. El papá era Richard Wagner, pero inicialmente la niña fue registrada como hija de Bülow para evitar escándalos.
Otras funciones de ópera
‘Eugene Onegin’ de Piotr Ilich Tchaikovsky. Mayo 2.
‘El último sueño de Frida y Diego’, de Gabriela Lena Frank. Mayo 30.