Para muchos caleños, acostumbrados a la ‘rumba’, al paseo familiar, las idas a cine, a ‘tardear’ durante los fines de semana, lo mismo que a hacer deporte o a ir de compras, el regreso a la nueva normalidad –llamado ahora aislamiento selectivo— no será fácil a partir de septiembre, ya que no estará exenta de riesgos y consecuencias.
Y para las autoridades el desafío es complejo frente a lo que viene, ya que habrá más personas en las calles, luego de 175 días de confinamiento y restricciones a la movilidad, dado que el covid-19 seguirá acechando.
De hecho, el coronavirus deja hasta el momento 35.600 casos y 1161 fallecidos en la ciudad, cifras que jamás se borrarán de la memoria y la historia local, a pesar de que la velocidad de contagios ha mermado, gracias a las medidas de control.
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Para sociólogos, epidemiólogos y otros expertos, los habitantes de la Sucursal del Cielo deberán tener cambios en sus rutinas diarias, la mayoría enfocados en el autocuidado y la responsabilidad personal, así se trabaje, estudie o se acuda a sitios de diversión y esparcimiento.En ese sentido, el epidemiólogo y docente de la Universidad Libre de Cali Robinson Pacheco advierte que “aplanar la curva de contagios (con ocupación de las UCI en un 71 %) no significa que la epidemia desapareció”, pues el virus y su carga letal continuará circulando libremente en esta urbe de 2,3 millones de habitantes en medio de la reapertura económica y social.
“Lo que pasa es que el número de personas que se infecta a diario se estancó, sin que ello implique que el virus se fue. Por eso, cada caleño deberá entender que el riesgo de infectarse solo requiere de otra persona enferma, y no depende de que la curva se haya aplanado”. Por ello, anota el especialista: “Es fundamental el autocuidado. Y la única ‘vacuna’ que tenemos gratuitamente es el tapabocas y el distanciamiento físico”.
En otras palabras, los habitantes podrían verse expuestos a una nueva ola de contagios si caen en conductas de indisciplina, al asistir a aglomeraciones públicas y fiestas privadas sin protección. La idea es que esas celebraciones sean esporádicas.
Y, frente al retorno a parques, centros de recreación, templos, discotecas, gimnasios y salsotecas, para las cuales se están estudiando planes piloto, el también epidemiólogo Rodolfo Herrera sostiene que “todavía no hemos alcanzado el pico de contagios, y eso implicará riesgos por los contactos estrechos entre las personas (abrazos, saludos de mano y besos) que han causado rebrotes en Europa, y de seguro iremos hacia allá”.
Eso significa que la incidencia del coronavirus se mantendrá hasta que llegue la vacuna en el 2021. “Nos tocará convivir todavía con el covid, y hay que ser conscientes de que es necesaria la reapertura de varios frentes de la economía, pero bajo los protocolos de bioseguridad”, recalca el médico Herrera.
En ese sentido, recomienda que la salida masiva de personas a la calle no debería permitirse si se establece, por ejemplo, un control en determinadas zonas de Cali y la apertura de comercios solo durante algunos días a la semana, como se adoptó en Bogotá.
Cambios forzosos
En los últimos meses muchos hogares viven en confinamiento, y en especial donde hay adultos mayores. Al respecto el médico Herrera admite que “la gente quiere salir a respirar y está ávida de conectarse con los demás”, pero el riesgo está en sobreponer esa situación a los riesgos por el Covid-19. “Una salida momentánea sin protección y con descuido puede ser fatal”, recalca.
En ese sentido, el sociólogo de la Universidad del Valle y experto en resolución de conflictos José Joaquín Bayona opina que, para evitar un rebrote de contagios en esta nueva fase, deberían adoptarse cambios para que las personas se sigan quedando en casa.
Una solución, destaca, “podría ser si se entregan mayores recursos a la población desfavorecida y no sería necesario reabrir pronto muchos moteles, gimnasios, bares y otros miles de negocios. Fueron medidas que se tomaron, por ejemplo, en Francia y en El Salvador, las cuales evitaron la salida masiva de la gente a las calles”.
Bayona recalca que si no hay otras alternativas socioeconómicas, la tarea de los gobernantes locales en esta nueva fase será complicada, pues “el aislamiento selectivo y el autocuidado no son obligatorios para nadie”.
Explica que ese comportamiento obedece a que “en Cali la sociedad está acostumbrada a vivir con la cultura de la violencia, y por eso existe indisciplina, lo que de alguna manera forma parte del folclor local, pues no somos una comunidad con unos valores que nos permitan respetar la vida, sin desconocerse que aquí, a pesar de todo, hay afecto y amor”.
¿Y la seguridad?
Por su parte, el sociólogo Gustavo Orozco pone de presente que el aislamiento selectivo no debe interpretarse como un “tema folclórico”.
Y entre esos aspectos figura la seguridad, ya que la nueva normalidad traerá un aumento de los delitos callejeros, “dado que el panorama ha sido preocupante en los últimos meses por el desempleo, la zozobra y la incertidumbre social”.
Cabe recordar que en lo corrido del 2020 van 642 homicidios, y que en 53 de ellos las víctimas han sido mujeres, mientras los hurtos a personas han continuado, aunque la Policía insiste que han bajado un 40 % en este año.
Por ello, el especialista estima que en ambos campos —salud y seguridad— “las autoridades deberían adoptar medidas de zanahoria y garrote de forma simultánea”, como una forma de controlar no solo la pandemia, sino la delincuencia. Se trata, anota, de amenazas reales que deben enfrentarse.
Esa tesis no la comparte el epidemiólogo Pacheco, quien dice que, por el contrario, Cali podría aplicar un “efecto acordeón”, basado en la cautela y la educación para la reapertura de negocios, piscinas y discotecas. Es decir, flexibilizar en ciertos casos, si hay bioseguridad, y cerrar cuando existan riesgos, “pues en la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias”.
Finalmente, Marvin Mendoza, coordinador del Programa Cali Cómo Vamos, indica que por ahora es muy difícil prever con certeza lo que viene. Sin embargo, dice que a mediados de septiembre saldrán los resultados de un sondeo virtual sobre calidad de vida, donde a la gente se le preguntó cómo han vivido la pandemia y qué esperan para el final del 2020. Ese es el gran dilema en la capital vallecaucana.
Trancones y piratería
Con la nueva normalidad, los 796.000 vehículos (carros, buses, motos y camiones que circulan en Cali) volverán a protagonizar el próximo mes los habituales trancones que se presentaban antes de la pandemia. Hoy apenas transita el 50 % de ese parque automotor debido a las medidas de cuarentena desde marzo.
Ese es otro de los retos a enfrentar. Al respecto, el subsecretario de Movilidad, Alfredo Paya, explica que “obedeciendo las órdenes del Alto Gobierno, hay que abrir la movilidad, aunque lo ideal sería establecer un transporte público de recorridos cortos que no impliquen un mayor riesgo, como pasa en Europa, lo que no sucede precisamente con el MÍO”.
Esto, enfatiza, preocupa cuando se pase de una ocupación de buses del MÍO del 35 % al 50 %, lo que implica debilitamiento de las medidas de autocuidado. “Vamos a analizar eso con Metrocali, fortaleciendo la bioseguridad en las estaciones”.
Otro asunto álgido son los camperos o ‘gualas’, donde no existe distanciamiento de los pasajeros, por lo que son una fuente de contagio, al igual que el transporte pirata, el cual se triplicó durante la pandemia.
“Los informales llevan cuatro o cinco personas en esos carros sin ninguna bioseguridad hacia Jamundí y Puerto Tejada, por lo que la Secretaría de Movilidad reforzará los operativos”, señala el funcionario.
Una de las alternativas, plantea Paya, es modificar algunas de las rutas de los buses intermunicipales para que vuelvan a transitar por la Calle 5 con destino a esas poblaciones, como una forma de quitarle espacio a la piratería de los carros particulares y a los llamados ‘motorratones’, que son otro foco potencial de contagios.
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