En una pequeña oficina del barrio El Jardín, en el norte de Popayán, cada mañana se repite una escena que mezcla angustia y esperanza.
Personas mayores, madres de familia y pacientes con tratamientos pendientes llegan con fórmulas médicas en la mano y una pregunta que se ha vuelto común en medio de la crisis del sistema de salud que se registra en el país: ¿habrá aquí el medicamento que necesitan?
Mientras en el Cauca las dificultades sociales y sanitarias se agudizan y muchos usuarios denuncian que ya no reciben ni siquiera atención básica en entidades como Nueva EPS, un grupo de profesionales decidió abrir un camino distinto. Así nació Fundación Integral Gestión, una iniciativa que hoy se ha convertido en un verdadero refugio para cientos de payaneses que buscan continuar con sus tratamientos médicos.
Desde un espacio modesto, pequeño, pero lleno de voluntad, médicos y voluntarios organizan, clasifican y entregan medicamentos que han sido donados por ciudadanos, pacientes y algunas instituciones solidarias. Lo que para muchos puede parecer una simple caja de pastillas, para otros representa la posibilidad de seguir viviendo con dignidad.
“Detrás de cada medicamento donado hay una vida que puede continuar su tratamiento”, explican los profesionales que lideran la iniciativa. Su mensaje es sencillo pero poderoso: compartir lo que se tiene puede cambiar la realidad de otra persona. Por eso invitan constantemente a la comunidad a donar medicamentos en buen estado para que más pacientes puedan seguir adelante con sus terapias.
La labor, que comenzó de manera casi silenciosa, ha ido creciendo poco a poco. En una ciudad que alberga una de las facultades de salud más prestigiosas del país, muchos habitantes enfrentan hoy la paradoja de no poder acceder ni siquiera a los fármacos básicos recetados por sus médicos. En medio de ese panorama, la fundación se ha convertido en una especie de oasis para quienes no encuentran respuestas en el sistema.
Pero más allá de la entrega de medicamentos, lo que allí se construye es una red de solidaridad. Quienes reciben ayuda entienden que el gesto también implica un compromiso con los demás: donar cuando sea posible, compartir la información y mantener viva la cadena de apoyo que hoy sostiene a muchos pacientes.
Entre quienes han encontrado alivio en este lugar está María Nelly Cortés, una abuela de 77 años que durante meses buscó sin éxito el medicamento que necesitaba para tratar sus dolencias.
“Mil y mil gracias. Llevaba más de tres meses sin tener el medicamento que los médicos de esa Nueva EPS me recetaron, pero gracias a esta fundación encontré este alivio para poder mantenerme viva en medio de mis dolencias”, cuenta con voz emocionada.
Historias como la suya se repiten cada día. Personas que llegan con preocupación en el rostro y se marchan con una bolsa de medicamentos, pero también con algo más difícil de conseguir: la certeza de que todavía existen manos dispuestas a ayudar.
Por eso, diariamente decenas de ciudadanos cruzan la puerta de la Fundación Integral Gestión. Allí no solo buscan una medicina, sino también una palabra de ánimo, un gesto de humanidad y una señal de que, incluso en tiempos difíciles, la solidaridad sigue siendo una poderosa forma de sanar.