La solidaridad también puede servirse en un plato de comida. Así quedó demostrado con la participación del Paradero Las Delicias de Mi Tierra en la carrera atlética Montanus, una iniciativa deportiva que, además de promover la actividad física entre las comunidades, busca generar acciones de impacto social en las comunidades del centro de Colombia.
En esta oportunidad, el equipo del reconocido paradero se sumó a la convocatoria realizada por Sky Run Challenge para apoyar a la Fundación Casa Hogar Divino Niño, un centro de atención para adultos mayores ubicado en el kilómetro 2 de la vía Aipe-Bogotá. La contribución consistió en la preparación y donación de alimentos para los residentes de esta institución.
La jornada comenzó mucho antes de que aparecieran los primeros corredores. Desde las primeras horas de una jornada laboral, integrantes del restaurante ubicado en la vereda La Vega de Campoalegre se dedicaron a organizar los ingredientes, preparar los alimentos y alistar cada uno de los almuerzos que posteriormente serían entregados a los adultos mayores.
Detrás de cada plato hubo trabajo, organización y, sobre todo, la voluntad de varias personas que decidieron aportar desde una actividad que conocen y desarrollan todos los días: la cocina. Para el equipo de Las Delicias de Mi Tierra, cocinar en esta ocasión tuvo un significado diferente, porque el resultado de su trabajo estaba destinado a acompañar y brindar un momento especial a personas que hacen parte de una población que requiere cuidado, atención y solidaridad.
Rolando Sierra Ramírez, líder del equipo del paradero, explicó que la participación nació de la convicción de que ayudar no siempre exige grandes recursos ni acciones extraordinarias. En muchas ocasiones, señaló, basta con poner al servicio de los demás los conocimientos, las capacidades y las herramientas que cada persona tiene a su alcance.
“A veces pensamos que para transformar una vida necesitamos hacer grandes cosas. Pero la vida nos enseña que también se puede servir desde lo que somos, desde lo que tenemos y desde lo que sabemos hacer”, destacó Sierra Ramírez.
Su reflexión resume el espíritu de una jornada en la que el deporte se convirtió en un punto de encuentro para promover algo que va más allá de la competencia. Mientras los atletas asumían el reto de recorrer la ruta de Montanus, otros participantes aportaban desde diferentes oficios y capacidades para hacer posible una acción dirigida a los adultos mayores de la Fundación Casa Hogar Divino Niño.
Para Las Delicias de Mi Tierra, la experiencia también representa una manera de demostrar que los emprendimientos y establecimientos comerciales pueden convertirse en aliados de las iniciativas sociales. En este caso, su aporte no se limitó a entregar alimentos, sino que permitió poner el conocimiento gastronómico del equipo al servicio de una causa que busca generar bienestar.
Sierra Ramírez destacó además que detrás de cada jornada de trabajo en el paradero existe una cadena de personas y familias que hacen posible la operación del establecimiento. Desde quienes participan en la preparación de los alimentos hasta los proveedores y trabajadores, todos forman parte de una dinámica económica que tiene incidencia en la zona rural y urbana de Campoalegre.
En esa misma cadena, los clientes ocupan un papel fundamental. Cada persona que visita Las Delicias de Mi Tierra, consume sus productos y apoya el establecimiento, contribuye indirectamente a mantener empleos y a fortalecer la posibilidad de que el restaurante continúe participando en iniciativas de carácter social.
“Cada cliente que llega también hace parte de esta labor” es, en esencia, el mensaje que busca transmitir el equipo del paradero. La idea es que la solidaridad no sea entendida únicamente como una donación puntual, sino como una construcción social en la que pueden participar empresarios, trabajadores, familias, clientes y organizaciones.
La entrega de los alimentos a los residentes de la Fundación Casa Hogar Divino Niño permitió cerrar una jornada en la que el esfuerzo de la cocina terminó convertido en un gesto de acompañamiento. Para quienes participaron en la preparación, cada almuerzo representó mucho más que una comida: fue una forma concreta de expresar cercanía, respeto y consideración hacia los adultos mayores.