Mario Mendoza lanzó una crítica a la política antidrogas durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá: “La guerra contra las drogas es un fracaso total”, dijo al presentar su novela La hora de los lobos.

En ese contexto presentó a Bruno, el protagonista de la historia: un joven del sur de Bogotá que crece en medio de la violencia, la exclusión y la falta de oportunidades, el perfil que según plantea la novela hoy resulta más fácil de manejar para redes del narcotráfico que aprendieron a operar con bajo perfil, lejos de la ostentación de los antiguos capos.

La hora de los lobos, que transcurre entre el sur y el centro de la capital, es una de las obras más vendidas de la feria.

Mendoza, autor de obras como ‘Satanás’, ‘Scorpio City’, ‘Escalera al cielo’ y ‘Buda Blues’, presenta esta historia para poner en la mesa temas de gran relevancia en el país hoy, aunque otra cosa piensen los candidatos presidenciales que no suelen mencionarlos en sus debates, como la legalización de las drogas.

En entrevista con Colprensa, esto dijo sobre su nuevo libro:

Mario Mendoza | Foto: Colprensa

Literatura necesaria

Hace algunas semanas publicó ‘La hora de los lobos’. ¿Cómo han sido esas primeras reacciones a esta historia de Bogotá?

“Yo creo que la gente está empezando a leer con una enorme curiosidad porque la editorial acuñó una frase: “La novela que le hacía falta a América Latina”. Entonces uno se pregunta: ¿cuál es la novela que le hacía falta a América Latina? Por lo que los lectores se están adentrando en este mundo del narco, el mundo de la mafia o el mundo delincuencial, y que está muy ligado a figuras muy poderosas, que fueron famosas a nivel internacional, Pablo Escobar o los Rodríguez Orejuela. Todos con vidas muy espectaculares a ese nivel, con ejércitos armados, persecuciones policiales, etc."

“Pero resulta que esto es otra cosa. Resulta que esto es otro mundo distinto con otros imaginarios completamente distintos”.

¿Mundos mucho más cercanos a nuestra cotidianidad?

Antes uno veía al narco como una cosa legísima de nosotros, con unos tipos que estaban en fincas y que andaban con fusiles o con metralletas, y eso ya no ocurre tan así. Creo que los gringos han sido muy hábiles en mostrar que eso no ocurre de ese modo. Hay series que a mí me gustan mucho por eso, por la manera como entraron, descifraron y desarticularon esas visiones un poco épicas que tenían sobre el mundo narco, como ‘Breaking Bad’, con un profesor de química de clase media de un colegio al que le descubren un cáncer y no lo pueden operar, tiene un hijo con una discapacidad y su esposa está esperando otro, por lo que decide cocinar metanfetamina antes de morirse. Al final termina convertido en un capó. Es así como ahora operan las dinámicas del narcotráfico”.

“Nosotros no lo hemos entendido en América Latina porque las figuras son muy protagónicas, como El Capo, y nos quedamos con esa figura. Resulta que eso ya ocurre sobre una línea transversal horizontal, donde el narco puede ser el viejo amigo de colegio, mi primo o el vecino. Hay una gran cantidad de gente que está lavando plata al lado de uno y uno no sabe”.

Mario Mendoza | Foto: Colprensa

Son personajes que fácilmente son identificables en cualquier barrio popular de Colombia, incluso de América Latina…

“Pero, por supuesto, yo, que me desclasé rápido y me fui, viví en el sur, viví en el Quiroga, viví en todas partes en Bogotá, y ahora pienso y digo: varios de mis vecinos y de la gente con la que charlé y jugué fútbol, muy seguramente ya estaban haciendo negocios y ya estaban metidos lavando. Entonces, ¿cómo narramos esa horizontalidad mafiosa latinoamericana? Esa era la pregunta un poco".

El delito inmerso en la cotidianidad de una sociedad…

“Exactamente. Cuando Joe Toft dijo: “Colombia es una narcodemocracia”; mucha gente se ofendió, los medios de comunicación se rasgaron las vestiduras y se enfurecieron, pero tenía toda la razón. 25 años después podemos decir que la tenía clara. Es una narcodemocracia, ya estuvo cooptado el centro en el Proceso 8000 de los 90, estuvo cooptada la derecha cuando llegó toda la parapolítica y tuvimos que investigar a todos los congresistas. Y ahora descubrimos que está cooptada a la izquierda también. No se salva nada y eso es lo que deberíamos empezar a entender ya".

¿Un fenómeno imparable?

“Nosotros operamos de una manera muy delincuencial. El delito está propagado a una velocidad que sorprende. Entonces yo no creo ya que haya una finca con un ejército que está cuidando un capo; ahora es desde un pequeño almacén que está lavando ahí callados. Es gente buena, es gente de clase baja, de clase media y de clase alta. Gente que está haciendo negocios, por lo que es una estructura entregada al delito. Por eso, no tiene sentido la guerra contra las drogas, que es un fracaso total”.

“Eso que Nixon invocó por allá en el 70 y que funcionó durante toda esa década y en los ochenta empezaron a estrellarse y se dieron cuenta que eso no funciona así”

Mario Mendoza | Foto: Colprensa

Una lucha contra las drogas de décadas, millones de vidas y pocos buenos resultados…

“Un gran negocio y en perspectiva militar es un error tremendo. Ellos lo estaban pensando con cierto temor, digamos, desde la productividad. Ellos no querían que el hipismo de los 60 se extendiera y convirtiera una cantidad de vagos, fumando marihuana y contemplando el cielo en las horas de la noche”.

“Entonces hicieron una guerra contra las drogas y las persiguieron, y al final, resulta que es un absurdo, y lo retrato dentro de la novela, que en todas las instancias hoy en día la gente consume algo, alguna sustancia”.

“Uno empieza con el termo de café, pero poco a poco y con las bebidas gaseosas, pero después va pasando a cosas más fuertes para rendir en la oficina, en el trabajo, poder ir a correr en las horas de la noche al gimnasio, etcétera, ya tienes que meter algo más fuerte”.

“En las universidades para poder competir por los primeros puestos, y en el gimnasio tienes que empezar a meter algo si quieres rendir al nivel de los cuerpos más competitivos del gimnasio y en Wall Street. La gente para tener más lucidez y más rendimiento también mete algo y todo el mundo en el régimen de la hiperproductividad capitalista”.

“Bajo esa perspectiva, entonces la guerra contra las drogas sería la guerra contra nosotros mismos. Todo el mundo tendría que empezar a decir, ya no puedo consumir esto, ya no puedo meter esto, y tendríamos que volver de nuevo a esas viejas épocas de la sobriedad, de la calma, de la tranquilidad, pero el frenesí contemporáneo impide eso”.

“Creo que ya es momento de empezar a pensar con seriedad, hacernos la pregunta de la legalización, la que el expresidente Santos hizo en su momento, me parece que era la pregunta correcta y que empecemos a pensar en la legalización con seriedad. Empecemos a reflexionar sobre el tema, a ver si logramos romper de alguna manera lo que genera la plata y el negocio, que es la ilegalidad”.

“Fíjate que hay algo raro, no he visto a ninguno de los candidatos hablar sobre el tema. No he visto un discurso de ninguno, lo cual indica que estamos muy mal, porque ese es el tema, el punto central de todo”.

“Es muy raro en una campaña presidencial del país que es el mayor productor del mundo, con más de 300,000 hectáreas cultivadas, ¿cómo es posible que en una campaña no hablemos del tema de la legalización? No entiendo. Entonces, hay una falta de seriedad muy grave en todas las campañas al respecto“.

El pasado y el presente

La novela está ambientada varias décadas atrás, pero lo que viven sus personajes son situaciones muy actuales…

“Creo que debe ser muy difícil tener 18 o 19 años hoy en día. Creo que la crisis de un adolescente contemporáneo tiene que ser terrible, más si tiene que cargar con la segregación y el clasismo”.

“Porque solo hay dos caminos para romper esas castas, como en la India. Si nazco en el estrato uno y quiero morir con dignidad, con cierta solvencia económica, con tres comidas al día, vacaciones, un buen barrio, está el camino de la educación, en la que hemos fracasado estruendosamente, o el camino de la delincuencia. No hay otra forma. Solo hay dos”.

“De ahí la importancia de la educación, que es en lo que yo he insistido todo el tiempo. Es la única manera que tenemos para luchar contra la mafia. Si nosotros tenemos plataformas educativas que permitan esa transición y que le permitan a los muchachos viajar, ir, educarse en las mejores universidades del mundo, podemos contrarrestar ese poder del narco”.

“Nosotros no hemos querido entender que el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Educación son los ministerios más importantes. Seguimos sin entender cómo opera y cómo funciona esto. Por eso, ningún candidato ha hablado de legalización, pero ningún candidato nos ha mostrado tampoco cómo va a luchar contra las mafias a través de la educación y de esos dos ministerios”.

“Lo he dicho todo el tiempo: hacemos el proceso de paz para sacar los dineros de la guerra y pasarlos a educación y cultura, y ahí les ofrecemos a las nuevas generaciones opciones, donde puede lavar plata, pero también tiene la opción de irse con una beca a estudiar, quizás prefiera la beca”.

Dentro de la novela se presenta un amor profundo entre el protagonista y una chica trans…

“Nosotros tenemos un racismo estructural que es terrible, y lo peor es que lo negamos. Cuando alguien subraya el tema dice, no, no, no, ¿cuál racismo? Si ya tenemos una vicepresidenta afro, y luego vas a ver la manera cómo la trataron, la manera cómo la juzgaron".

“Ahí se notaba el racismo estructural. Entonces uno ve en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en todas partes, vemos ese racismo tremendo. No es lo mismo ser rubio de ojos azules que ser indígena o afro. Eso se siente en los amigos, en las parejas que uno ha tenido, es una segregación permanente, sistemática. Es humillante, y al mismo tiempo, no nos hacemos responsables de esa segregación”.

“Si usted no ha tenido amigos afro o si usted no ha tenido amigos indígenas o parejas indígenas, preocúpese porque significa que usted es un clasista inconsciente. Usted no se da cuenta. Usted cree que usted es un demócrata, pero en realidad no lo es, se relaciona con cierto tipo de gente en ciertos estratos, en ciertos barrios, con ciertos rasgos particulares”.

“A mí hay algo de Bruno que me gusta y es que su primer amor es una chica trans, es un compañero suyo del colegio que decide empezar su transición y se convierte en chica. Y a partir de ahí él se siente atraído, le parece bella y le parece fascinante que haya sido capaz de transformarse de ese modo. A mí esa historia de amor me encanta”.