Entre aplausos y globos blancos avanzaba la camilla. A ambos lados del pasillo, médicos, enfermeras, auxiliares y familiares formaban una calle de honor. Era el trayecto final antes del quirófano, un gesto colectivo de respeto y gratitud hacia Carlos Mario Álvarez Quintero, un joven de 33 años que, incluso después de morir, estaba a punto de salvar otras vidas.

Estudiaba medicina, cursaba noveno semestre en una universidad fuera de Nariño y conocía, como pocos, lo que estaba pasando. Había llegado al Hospital Universitario Departamental de Nariño desde un centro de salud de otro municipio del departamento, tras un accidente de tránsito en motocicleta a mediados de diciembre de 2025.

El diagnóstico fue contundente. La tomografía axial computarizada mostró “un hematoma subdural asociado a un gran edema cerebral”. El equipo de Neurocirugía decidió intervenirlo el mismo día con una craneotomía descompresiva. Después vino la UCI, el coma inducido, las medidas de neuroprotección.

Carlos Mario Álvarez Quintero, paciente de 33 años, era estudiante de medicina de noveno semestre. | Foto: Hospital Universitario Departamental de Nariño

Cuatro días suspendidos en un tiempo clínico, medido en parámetros y escalas. Luego de ese periodo, se retiró el coma inducido. No hubo respuesta neurológica.

Los especialistas en Neurocirugía y Cuidado Intensivo realizaron una valoración exhaustiva. Las pruebas clínicas y paraclínicas llevaron a una conclusión irreversible: muerte cerebral. Entonces se activó un protocolo que no empieza con bisturíes sino con palabras.

Una vez descartados los criterios de exclusión para la donación de órganos, la notificación a la Red de Donación y Trasplantes del Instituto Nacional de Salud, INS, fue el primer paso. El siguiente fue hablar con la familia.

En Colombia, ese momento es decisivo. Aunque existe la presunción legal de la donación, la conversación con los familiares sigue siendo el punto más delicado del proceso. En este caso, la respuesta fue inmediata.

Según relata Andrés Tejada Pantoja, coordinador operativo de trasplantes en la entidad, “desde la primera instancia, de forma muy receptiva, ya tenían conocimiento de qué es la donación y de cuántas vidas se pueden salvar”. No hubo titubeos. La madre y la hermana aceptaron continuar con el protocolo.

Antes de ingresar al quirófano, el donante fue llevado a través de una calle de honor. | Foto: Hospital Universitario Departamental de Nariño

Había una razón más profunda. El joven lo había dicho en vida. “Le había manifestado a la familia que, si en algún momento llegaba a sufrir un accidente catastrófico que lo dejara en muerte encefálica, quería ser donante”, explica Tejada. La familia no tomó una decisión: respetó una.

A partir de ahí, el tiempo dejó de ser simbólico y se volvió crítico. En los trasplantes, las horas no se cuentan igual. El coordinador detalla que cada órgano tiene un margen preciso para sobrevivir fuera del cuerpo: el corazón entre seis y ocho horas; el hígado, hasta quince; los pulmones, alrededor de seis; y el riñón, entre veintidós y veinticuatro. Ese lapso se llama tiempo de isquemia. Todo debe ocurrir dentro de él.

Esta unidad de alta complejidad no realiza trasplantes de todos los órganos, pero sí es parte activa de la red nacional de donación. En coordinación con la Fundación Hospital San Pedro, la entidad trasplantadora de la región, se llevó a cabo el rescate de dos riñones.

La actuación fue rápida, casi coreografiada: “En cuestión de horas se hacen los dos procedimientos, el rescate y el trasplante”, afirma el gerente del hospital, Antonio José Veira Castillo.

El equipo del Hospital Universitario Departamental de Nariño, en articulación con la Fundación Hospital San Pedro, realizó con éxito el séptimo rescate de órganos. | Foto: Hospital Universitario Departamental de Nariño

Ese mismo día, los dos riñones fueron implantados en pacientes con enfermedad renal terminal. “El riñón derecho fue para una persona y el izquierdo para otra; de esa manera se pudieron salvar dos vidas”, cuenta Pantoja.

Este fue el séptimo rescate de órganos realizado por el hospital. Desde 2022 existe el programa en la institución, pero fue en el último año cuando se fortaleció con un equipo médico dedicado exclusivamente a esta labor.

El centro médico es cabeza de red de alta complejidad para Nariño y Putumayo. Su área de influencia se extiende también al sur del Cauca, y en total abarca 64 municipios que dependen de la articulación del sistema.

Familiares del paciente donante. | Foto: Hospital Universitario Departamental de Nariño

Cómo donar órganos en Colombia

En Colombia, la Ley 1805 de 2016 establece la presunción legal de donación: todas las personas son donantes de órganos y tejidos, salvo que hayan manifestado expresamente lo contrario.

“Se presume que se es donante cuando una persona durante su vida se ha abstenido de ejercer el derecho que tiene a oponerse a que de su cuerpo se extraigan órganos, tejidos o componentes anatómicos después de su fallecimiento”, señala el artículo 2 de esa ley.

Sin embargo, en la práctica, la clave está en la voluntad comunicada. “Lo primero es hablar con la familia, informarle que se quiere ser donante de órganos”, destaca Tejada. Esa conversación es la que permite que, llegado el momento, la decisión se respete.

Además, cualquier persona puede dejar constancia formal de su voluntad ingresando a la página web del Instituto Nacional de Salud. Allí existen dos trámites distintos: uno para registrar la decisión de ser donante y otro para expresar la negativa, que exige un paso adicional.

La donación de órganos y tejidos ofrece una nueva oportunidad de vida o mejora la calidad de vida de muchas personas en lista de espera. | Foto: Hospital Universitario Departamental de Nariño

La manifestación de oposición a la presunción legal de donación está regulada por el artículo 4 de la Ley 1805 de 2016, que establece que toda persona puede expresar su voluntad de no ser donante “mediante un documento escrito que deberá autenticarse ante Notario Público y radicarse ante el Instituto Nacional de Salud”. Esta oposición también puede realizarse al momento de la afiliación a una EPS, la cual tiene la obligación de reportarla.

Ese documento notariado puede radicarse de manera física ante el INS, enviarse por correo electrónico o cargarse en la plataforma institucional, adjuntando el soporte correspondiente. Sin ese procedimiento formal, la presunción legal de donación se mantiene.

En Colombia se realizan trasplantes de corazón, pulmones, hígado, riñones, intestino y páncreas. En cuanto a tejidos, es posible trasplantar córneas, piel, huesos, médula ósea, vasos sanguíneos, válvulas cardíacas, cartílagos, tendones, esclera y membrana amniótica.

“La donación de una persona puede salvar alrededor de ocho vidas y mejorar la calidad de vida de otras 75; es brindar esperanza y una segunda oportunidad”, concluye Tejada.