El panorama político en Colombia está a contrarreloj. La configuración definitiva de la coalición con la que gobernará el presidente, Abelardo de la Espriella, ingresó en su cuenta regresiva. El próximo lunes vence el plazo legal establecido para que los partidos políticos informen formalmente al Consejo Nacional Electoral (CNE) cuál será su posición jurídica frente a la nueva administración nacional: gobierno, independientes u oposición.
Durante esta última semana, el movimiento en las sedes partidistas se intensificó. El balance preliminar de las notificaciones al tribunal electoral muestra una tendencia dividida, en la cual dos partidos importantes oficializaron su paso hacia la independencia, mientras que una colectividad clave de la centroderecha robusteció las filas de la bancada del Ejecutivo.
La decisión más relevante de la jornada provino de Cambio Radical. A través de sus copresidentes, Enrique Vargas Lleras y Fuad Char, la bancada ratificó de forma unánime que será partido de gobierno. Los líderes del partido recordaron que esta postura alcanzó a ser compartida y coordinada por el fallecido exvicepresidente y jefe natural de la colectividad, Germán Vargas Lleras, antes de su deceso.
A través de un comunicado conjunto, las directivas explicaron el alcance de su decisión: “El partido acompañará al Gobierno Nacional en las reformas, iniciativas y proyectos que respondan a las grandes necesidades del país, especialmente aquellos encaminados a recuperar la seguridad, reactivar la economía, generar empleo, fortalecer el sistema de salud y mejorar el bienestar de las familias colombianas”, señalaron.
Pese al espaldarazo, Vargas y Char advirtieron que mantendrán una agenda legislativa ambiciosa e independiente enfocada en la equidad y los derechos de las mujeres y jóvenes.
En contraste, el Nuevo Liberalismo, liderado por el excandidato presidencial Juan Manuel Galán, notificó al CNE que sus cuatro congresistas se mantendrán en la condición de independientes. La colectividad argumentó la necesidad de apartar al país de la “confrontación estéril”.
“Queremos que al Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella le vaya bien: su fracaso no sería la derrota de un partido, sería un costo más para el país. No hacemos parte de ese Gobierno”, sentenció el partido en su misiva, aclarando que no fueron convocados ni buscaron cuotas burocráticas. Anunciaron un riguroso control político y una postura de voto “proyecto por proyecto”, respaldando lo que reduzca la violencia pero rechazando cualquier iniciativa que debilite la Constitución de 1991.
A esta postura autónoma se sumó la Alianza Verde, que venía de ser partido de gobierno en la anterior administración de Gustavo Petro. Las directivas de los verdes informaron que marcarán distancia con la Casa de Nariño, aunque aclararon que no harán una “oposición automática”. El estudio de los proyectos verdes se priorizará bajo las banderas de la protección del agua, la biodiversidad, el agro y la paz.
Por último, la Alianza Social Independiente (ASI) también radicó su postura como partido de gobierno tras una dividida votación en su Comité Ejecutivo. La decisión provocó fisuras internas inmediatas. El senador Luis Carlos Rúa, una de las figuras más visibles del partido, se opuso a la directriz nacional y solicitó libertad de opinión. Rúa ratificó de forma vehemente que actuará bajo su propio criterio legislativo, desmarcándose de la línea oficialista impulsada por su colectividad.
Se espera que en las próximas 48 horas las agrupaciones políticas restantes radiquen sus declaraciones ante el CNE para trazar, de forma definitiva, el mapa del poder legislativo en Colombia.