Este viernes, 25 de septiembre de 2026, el panorama de la industria de hidrocarburos en Colombia dio un vuelco total. En el marco del acto oficial de posesión de Joaquín Gutiérrez al frente de Ecopetrol, el presidente de la República, Abelardo De La Espriella, anunció el levantamiento de las restricciones vigentes a los contratos de gas y petróleo, dando inicio a una “nueva era” para el sector minero-energético del país.
En una fuerte intervención, el jefe de Estado arremetió contra la estrategia de transición energética que lideró el expresidente Gustavo Petro, afirmando que suspender las actividades exploratorias fue un grave desacierto que puso en riesgo la estabilidad industrial y financiera de la Nación. “Eso no es transición energética, sino dependencia energética, que es lo que ninguna política de este gobierno va a aceptar”, sentenció el mandatario, argumentando que la pérdida de autosuficiencia vulnera directamente la soberanía económica ante el mercado internacional.
Con el objetivo de reasentar los pilares económicos del país y atraer la inversión extranjera, De La Espriella oficializó que el Gobierno nacional rehabilitará plenamente el camino de las licitaciones públicas y las alianzas estratégicas para buscar recursos en el subsuelo. Esta reactivación incluye de manera explícita la implementación del fracking (técnicas de extracción no convencionales), cumpliendo con una de sus promesas centrales de la campaña electoral.
Frente a las alertas que despierta este tipo de explotación, el presidente aseguró que todo el proceso se llevará a cabo bajo los más estrictos criterios de responsabilidad y supervisión ambiental. Para ello, respaldó públicamente las medidas adoptadas por el Ministerio de Ambiente para agilizar los trámites de licencias, haciendo hincapié en la necesidad de encontrar un equilibrio real entre la protección de la naturaleza y el desarrollo productivo.
El mandatario concluyó su discurso ratificando los compromisos que asumió el pasado 7 de agosto en su toma de posesión presidencial, dejando claro que la seguridad energética será el motor fiscal de su administración: “En la era del Tigre vamos a tener soberanía energética”, finalizó.
Sin embargo, organos judiciales y de control como el Consejo de Estado y la Procuraduría General de la Nación han manifestado reparos frente a la técnica por no considerarla compatible con el desarrollo del país ni con los derechos colectivo.
De acuerdo con comunidades científicas, el fracking no es recomendable debido a los graves e irreversibles riesgos ambientales y de salud pública que genera. El proceso requiere un consumo masivo de millones de litros de agua, la cual se mezcla con arenas y aditivos químicos altamente tóxicos y cancerígenos (como el benceno y el xileno); este fluido puede filtrarse y provocar la contaminación irreversible de acuíferos subterráneos y fuentes hídricas superficiales.
La técnica, afirman, libera grandes volúmenes de metano, un potente gas de efecto invernadero que acelera el cambio climático, destruye y fragmenta ecosistemas sensibles, y genera actividad sísmica inducida o microsismicidad por la inyección de fluidos a alta presión en el subsuelo.