El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente colombiano el pasado 10 de agosto dejó al Valle del Cauca como el departamento más golpeado: más de 130 muertos solo en la región, cerca de un centenar de ellos en Cali, donde parte del Hospital Universitario del Valle colapsó y localidades como El Cairo perdieron hasta el 80 % de sus viviendas.
Con las labores de rescate aún en marcha, empieza a asomar la pregunta que sigue a toda catástrofe: cuánto tomará reconstruir y cómo será ese camino.
A menos de 700 kilómetros, Venezuela transita ese mismo trayecto desde hace seis semanas. El doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 que azotó su noroccidente el 24 de junio dejó más de 6300 muertos y daños que el Banco Mundial calcula en US$19.600 millones. Lo que Caracas ha hecho y ha dejado de hacer ofrece a Cali y al Valle un anticipo realista de los tiempos, las cifras y los dilemas que vienen.
Lo primero: clasificar antes de reconstruir
La reconstrucción no arranca con cemento, sino con inspecciones. En Venezuela, una Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad se creó apenas cinco días después del sismo y, a mes y medio, ha realizado 47.369 inspecciones a viviendas, puentes y avenidas, a un ritmo cercano a los 2.000 abordajes diarios. Cada inmueble recibe una etiqueta de color, un sistema de semáforo que ordena las prioridades:
- 58 % con etiqueta verde: habitables, sin daños estructurales.
- 23 % con etiqueta amarilla: uso restringido, requieren revisión.
- 19 % con etiqueta roja: alto riesgo.
El dato que más tranquiliza a las comunidades venezolanas —y que conviene tener presente en el Valle— es que rojo no significa demolición. El titular de la comisión, Francisco Garcés, ha insistido en que de las casi 9.000 viviendas en rojo, menos del 10 % tendrán que derribarse: “La gran mayoría pueden ser reparadas con técnicas especializadas. La segunda fase del proceso es precisamente reevaluar en detalle los inmuebles en amarillo y rojo para definir cómo intervenirlos”.
Las cifras que marcan el pulso
El balance oficial venezolano fija en 41.624 los hogares con algún grado de afectación. Sobre ese universo, el plan de reconstrucción —bautizado Venezuela Renace— reporta más de 13.000 viviendas en obra simultánea en los siete estados afectados, con la meta de beneficiar a 66.000 personas. La progresión da una idea del ritmo posible: de 9.055 viviendas en reconstrucción el 19 de julio se pasó a 11.794 dos días después y a más de 13.000 a comienzos de agosto, un aumento superior al 10 % en poco más de una semana.
La entrega, sin embargo, es más lenta que la intervención. En seis semanas, los actos de adjudicación masiva han devuelto cientos de viviendas por tanda, 212 casas en la parroquia caraqueña de Santa Rosalía, 60 apartamentos en La Guaira, 240 en el complejo Ciudad Tiuna, no miles. Es la distancia habitual entre reparar un parque habitacional y entregar llaves, y anticipa que en el Valle la recuperación se medirá primero en obras iniciadas y solo después en familias de vuelta en casa.
El albergue, la etapa que se prolonga
Mientras la reconstrucción avanza, la gente vive en otra parte. En Venezuela, seis semanas después, 23.811 personas siguen alojadas en 107 campamentos transitorios con capacidad para 28.212 plazas.
Es quizá la lección más dura para Cali: la fase de albergue no es un paréntesis de días, sino de meses, y su gestión (alimentación, servicios, dignidad) pesa tanto como el ladrillo. La presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, ha tenido que repetir el mensaje a las familias que esperan: “Quienes están en campamentos transitorios deben tener la certeza de que pronto van a tener un hogar”.
Cómo se paga: subsidios, activos y exoneraciones
La reconstrucción cuesta, y la ecuación financiera venezolana combina varios frentes que pueden servir de referencia para el diseño colombiano:
- Un fondo inicial de 200 millones de dólares, constituido en las primeras horas con recursos desbloqueados en instituciones globales.
- Crédito hipotecario con subsidio estatal escalonado: 80 % del valor para viviendas de hasta 70.000 dólares y 50 % para el rango entre 70.000 y 100.000 dólares.
- Exoneración de tasas impositivas en registros, alquileres y compraventa de inmuebles, más la prohibición de exportar materiales de construcción para contener precios.
El Banco Mundial, que estima los daños físicos directos venezolanos en 19.600 millones de dólares —47 % en vivienda residencial—, advirtió que una reconstrucción lenta puede frenar la recuperación económica durante la próxima década. La advertencia aplica igual a un lado y otro de la frontera: la velocidad no es un lujo, es economía.
La hoja de ruta larga: de meses a años
Venezuela ha puesto plazos públicos que conviene leer con realismo. El objetivo declarado es completar 4000 viviendas entre julio y diciembre de 2026 y superar las 10.000 durante 2027. En paralelo, una comisión identificó 40 terrenos —584.000 metros cuadrados— para levantar ciudades antisísmicas completas, con escuelas, canchas y centros comerciales, no solo casas. Es el reconocimiento de que un terremoto no se repara: se reconstruye, y eso toma años, no temporadas.
Un elemento final que el Valle probablemente verá replicarse es la llegada de asistencia técnica internacional. Venezuela sumó a su esquema al ingeniero sísmico Kit Miyamoto, cuya firma ha trabajado en la reconstrucción tras los terremotos de Haití, Nepal, Ecuador, Turquía y Marruecos. La experiencia acumulada en desastres previos —incluido el venezolano en curso— se vuelve, ella misma, un recurso para quien reconstruye después.
Ninguna recuperación es idéntica a otra, y las diferencias políticas, institucionales y económicas entre Colombia y Venezuela son grandes. Pero los tiempos de un terremoto se parecen: primero el rescate, luego la clasificación, después el albergue prolongado y, por último, la reconstrucción medida en años. Cali empieza hoy ese reloj. El vecino ya lleva seis semanas corriéndolo.