El pasado 10 de agosto de 2026 el país sufrió uno de los sucesos naturales más devastadores de su historia reciente, con el terremoto de 7,4 que sacudió al sur y centro del occidente colombianos y que por el momento deja más de 300 víctimas mortales y miles de afectados.

Santiago de Cali, la capital del departamento del Valle del Cauca y la tercera ciudad más importante del territorio nacional, fue una de las que más daños tuvo, especialmente en las edificaciones de mediana altura del centro-sur de la ciudad.

Sin embargo, muchas personas durante los últimos días se han preguntado el por qué las afectaciones estuvieron más que todo en esa zona y en los edificios de entre 4 y 6 pisos, mientras que otros sectores no tuvieron daños o edificios mucho más altos se pudieron mantener en pie y estables.

Algunos edificios quedaron totalmente inhabitables tras el terremoto del pasado 10 de agosto. | Foto: El País

Por ello un grupo de docentes investigadores de la Universidad Javeriana de Cali hizo el análisis de los efectos del sismo, en el que encontraron que más del 80% que llegaron de las zonas afectadas se concentran al occidente de la Carrera 50, la cual es llamada como el “abanico de Cañaveralejo”.

Harold Medina, docente y arquitecto de la institución educativa ubicada también en el sur de la capital vallecaucana y uno de los responsables del estudio, explicó que dicho comportamiento de los edificios no está relacionado siempre con la altura.

“El suelo vibró o osciló en el mismo nivel de resonancia de estas estructuras de 4 o 5 pisos que fueron las que más se afectaron”, explicó.

Más adelante recalcó que el movimiento o frecuencia que tuvo el sismo pudo haber producido un incremento de intensidad que afectó la respuesta de estos edificios, explicando que los de mayor altura pueden tardar más tiempo en regresar a su posición original tras una “oscilación”, mientras que los más pequeños pueden hacerlo con mucha más rapidez.

Edificio Torres del Limonar, en el sur de la ciudad de Cali. | Foto: El País

“Parece que la frecuencia con que vino el sismo vibró en la misma sintonía de estos edificios pequeños que vibraron, digamos, más rápidamente”, indicó el profesor.

No obstante destacó que dicho análisis debe ser estudiado a más profundidad, ya que su visión la ofrece como arquitecto y no como ingeniero.

Otro punto clave puede ser que, aparte de los abanicos de Cañaveralejo, que corresponden a terrenos que muchos años atrás estuvieron relacionados con los cauces de los ríos Meléndez y el mismo Cañaveralejo, además de proceso de aluvión que produjo inundaciones, las edificaciones fueron construidas antes del terremoto de Popayán en 1983, por lo que no fueron construidos con las normas de sismo resistencia de 1984.