Para don Luis Hernando Polindara, volver al lugar donde durante años construyó el sustento de decenas de familias y compartió con los suyos la vida en su hogar significa enfrentarse a una doble pérdida que permanece bajo los escombros.
El fundador de Arco 20, una asociación de recicladores de la Comuna 20 de Cali, perdió a su esposa y a su hijo menor, de 12 años de edad, tras el devastador terremoto del pasado 10 de agosto que sacudió al país.
Sin embargo, su preocupación no solo se limita a la pérdida de sus familiares, sino que ahora también espera que sea retirado el material que mantiene bloqueada la bodega de la organización.
Bajo los escombros quedaron 50 carretas y cerca de 150 toneladas de material reciclable que ya había sido separado. La estructura quedó gravemente afectada y, según don Luis, requiere maquinaria para adelantar la remoción, mientras unas 130 familias mantienen comprometida su actividad económica.
“Lo que pedimos en este momento es que las entidades públicas nos ayuden con la maquinaria para la recolección y remoción de escombros. Lo que necesitamos puntualmente es la remoción, porque al menos así podemos armar unas carpas y volver a trabajar”, solicitó don Luis a las entidades correspondientes en conversación con El País.
El día del terremoto, él y otros trabajadores habían comenzado sus labores desde las 6:00 de la mañana, por lo que, antes de registrarse el movimiento sísmico, alcanzaron a sacar cinco carretas y cuatro carromotos.
Cerca de las 7:30 de la mañana, una parte de la estructura colapsó sobre la vivienda ubicada en el lugar, donde se encontraban su esposa, su hijo menor y demás familiares, quienes lograron salir con vida.
“Alcanzamos a sacar a mi esposa de los escombros y al niño. Los llevamos de inmediato al centro de salud de Siloé, pero cuando los ingresaron, ya habían fallecido debido al impacto”, comentó don Luis.
Además de enfrentar la pérdida de sus familiares, se quedó sin vivienda. Por tanto, actualmente duerme en un garaje junto a sus dos hijos, mientras intenta mantener en funcionamiento la actividad de la que depende Arco 20.
Relata que, aunque algunas entidades le ofrecieron un espacio en un edificio para que él y su familia pudieran permanecer temporalmente, decidieron no aceptarlo debido al temor y al estado de alerta en el que aún se encuentran tras lo ocurrido aquel lunes.
En cuanto a la suerte de los demás recicladores que hacen parte de Arco 20, estos han podido continuar sus labores con las carretas que quedaron disponibles y el apoyo de organizaciones cercanas. No obstante, se mantienen a la espera de que su lugar de trabajo pueda ser utilizado, pues continúa bajo los escombros.
El material reciclable almacenado no ha podido ser recuperado y la asociación tampoco puede ingresar al sitio debido a las condiciones en las que quedó la estructura.
“Hasta el momento, ninguna entidad nos ha dado una respuesta. Llamamos y llamamos y nos dicen que hay que esperar hasta que llegue la maquinaria para sacar los escombros, pero hasta el momento no ha pasado nada”, señaló.
El fundador de Arco 20 asegura que ha tenido contacto con entidades como la Unidad de Gestión de Riesgos y la Alcaldía, pero insiste en que la principal necesidad es retirar los escombros.
“La estructura era de tres pisos y la demolición es difícil. No nos dejan hacerla nosotros; tiene que hacerse directamente con maquinaria que permita remover ese material”, explicó don Luis, quien reitera que, una vez despejado el lugar, podrían instalar carpas y buscar la manera de reactivar la labor de los recicladores.