Sebastián Trujillo Cárdenas tiene 14 años, entrará a octavo grado en el Colegio Bennett y fue el único caleño entre los catorce estudiantes que integraron la delegación colombiana en el Simoc (Desafío Internacional de la Olimpiada Matemática de Singapur), la mundial de matemáticas que se disputó en el país asiático entre el 17 y el 21 de julio.

La competencia tuvo tres pruebas: la primera, Math Olympiad, fue un examen individual en el que los participantes resolvieron 25 problemas matemáticos.

La segunda, Math Warriors, consistió en un juego de mesa por equipos internacionales en el que, mediante dados de distintas caras, los estudiantes debían capturar las fichas de sus rivales, usando cálculo mental, lógica y estrategia.

La tercera, Math Master Mind, desafió a los equipos a resolver acertijos matemáticos contra el tiempo, utilizando únicamente las cuatro operaciones básicas —suma, resta, multiplicación y división— para llegar a un resultado específico.

Sebastián obtuvo reconocimiento en las dos últimas: medalla de oro en una y de plata en la otra.

Llegar a ese escenario tomó varias olimpiadas y varios meses: la del Valle, la Nacional, Olimpri (Olimpiada Internacional de Matemática para Primaria) y la Sasmo (Olimpiada Matemática de las Escuelas de Singapur y Asia). Cada una fue un escalón hacia la siguiente.

13 de los 14 estudiantes que integraron la delegación colombiana regresaron de Singapur con al menos una medalla o una mención honorífica. | Foto: Álvaro Pío Fernández / El País

Para costear el viaje a Singapur, su familia salió a buscar apoyo y encontró una respuesta que llegó desde los medios de comunicación, la comunidad e incluso desde otras regiones de Colombia.

Su mamá, Mireya Cárdenas, recuerda, por ejemplo, a una mujer de Vichada que le escribió: “Me dijo que a su hijo también le encantaban las matemáticas, que estaba muy asombrado con la historia de Sebastián y que le decía: ‘Yo quiero ser como él’. Para mí, como madre, eso significa que Sebastián está generando una inspiración positiva en otros niños: una inspiración de aprendizaje, de sueños y de disciplina”.

De regreso en Cali, esta es la conversación con el estudiante que llevó el nombre de la capital del Valle hasta uno de los escenarios más importantes de las matemáticas en el planeta.

¿De dónde nace su gusto por las matemáticas?

Las matemáticas son un tema muy grande. Uno no puede decir: “Yo lo sé todo”. Nunca. Siempre hay algo más por descubrir, algo más por explorar, algo más por decir. Y esa es la parte chévere: aprender, conocer y crecer en lo que uno sabe.

¿Cómo fue el proceso para llegar a competir en el Simoc de Singapur?

La primera fue la Olimpiada Regional de Matemáticas del Valle, la ORM. Después de las pruebas, los filtros, la semifinal y la final, logré quedar de primero en mi grado. Por eso, los mejores de cada departamento pasamos a la Nacional. Ahí también logré quedar primero en mi grado.

Era un clasificatorio para elegir a quienes iban a hacer parte de la Selección Colombia en Olimpri, que es una olimpiada con todos los países de Latinoamérica y algunos de Europa. En esa logré conseguir la medalla de bronce.

¿Cómo fue el viaje a Singapur?

Con la ayuda de la comunidad, logramos conseguir los recursos para poder ir a Singapur a representar a Colombia.

El viaje fue muy bonito y muy intrigante, porque iba a la otra punta del mundo sin saber nada de lo que hay allá, de lo que comen allá, de lo que visten allá.

Hay muchas cosas raras, raras para nosotros. Muchas cosas muy diferentes: la cultura es muy diferente, las personas son muy diferentes, la comida es muy diferente. Es una gran experiencia. Allá no comen casi carne. Por ejemplo, allá no vas a ver hamburguesas, vas a ver ramen. Allá no vas a ver agua de panela; hay un té verde o naranja. Pero es muy bonito poder convivir con otra cultura.

Llegamos después de muchas horas de vuelo y el primer día nos conocimos con la Selección de Colombia. Entre los colombianos estábamos bien, pero luego fuimos a la prueba y allá había mucha tensión. Todo el mundo estaba pensando: “¿Será que me va bien? Tengo que hacer todo para que me vaya bien”. Pero, al fin y al cabo, todos somos niños con los mismos sueños, con las mismas pasiones. Y mientras se desarrollaba la competencia, nos fuimos dando cuenta de eso.

¿Cómo eran las pruebas?

Son tres pruebas. Una es en papel y las otras dos eran de agilidad mental y de estrategia. En una se enfrentaba un niño contra otro niño y también había desafíos por equipos.

Los ejercicios eran muy difíciles. Estoy esperando que salga el examen en internet para poder chequear las respuestas. Ecuaciones hay, pero no son normalmente de “te pongo esta ecuación superlarga y tienes que despejar la X”, porque eso al final uno se propone hacerlo y lo hace. No. Son cosas que uno no tiene ni idea por dónde empezar.

Por ejemplo, una ecuación que ni siquiera te la muestran completa: es un patrón y tienes que saber cuál es el patrón para contestarla. O no es una ecuación, sino un problema: si los factores son estos, pero sucede esto, tiene que suceder esto y esto está prohibido, ¿cuántas son las posibilidades?

Las tres pruebas eran por separado. La primera duró cerca de dos horas, luego tuvimos el almuerzo, la siguiente fue como de hora y media, y la última fueron aproximadamente otras dos horas.

La primera fue muy tensionante. Nos fuimos conociendo con bastantes mexicanos, bastantes chinos. Muy bonito, pero estaba muy complicado. Luego fue avanzando el tiempo y ya fui fluyendo. En los últimos minutos de la primera prueba contesté de una y en las siguientes ya me fue superbién.

¿Cómo fueron los duelos de agilidad mental?

Fueron dos duelos de tres partidas. Me tocó contra un chino y contra un inglés. Muy buenos, es lo que uno espera. Uno está en ese escenario con los más pilos de cada país, gente muy inteligente. Con el chino, de las seis partidas que jugamos, gané cinco.

El juego era con un pocotón de dados. Uno los giraba y tenía que hacer operaciones para coger los dados del oponente. Se tiene muy poquito tiempo. En la práctica, nos habían dicho que eran quince segundos para hacer la operación, pero a este nivel eran máximo cinco segundos.

De la competencia no sabíamos nada, pero yo ya había practicado para esos desafíos. Antes de que nos invitaran, no teníamos ni idea de cómo eran las pruebas.

¿Cómo vivió el final de la competencia y la espera por la premiación?

No vi mi celular, pero volvimos al hotel como a las 8:00 de la noche. Yo estaba con la emoción todavía adentro, pero llegué y me dormí de una, caí tumbado.

Durante los días antes de la premiación, estaba confiado de que iba a ganar algo en alguna de las pruebas. En la individual, al final me fue muy bien y en las siguientes, en equipo, también me fue bastante bien.

Como líder me desarrollé bien. Entonces estaba casi certero de que iba a ganar algo.

Mireya Cárdenas, madre de Sebastián, acompañó a su hijo en el camino que lo llevó hasta Singapur y celebra que su historia motive a otros niños a creer en sus propias capacidades. | Foto: Álvaro Pío Fernández / El País

¿Qué sintió en la ceremonia de premiación?

Fue una ceremonia muy bien organizada, con unos shows que uno no está acostumbrado a ver. Para abrir la ceremonia hubo un dragón chino que pasó por el escenario. También hubo una presentación con tambores e instrumentos que fue muy enriquecedora. Le abre los ojos a uno.

Ya en la parte de la premiación, mientras esperaba en la fila para que nos premiaran, tenía muchos nervios. Pero cuando subí al escenario, me sentí emocionado. No podía no sonreír.

¿Cuál es su próximo objetivo en las competencias de matemáticas?

Estas olimpiadas son filtros. Al principio está la Olimpiada del Valle, con los mejores del Valle; luego la Olimpiada de Colombia, con los mejores de Colombia; después la de América, con los mejores de América, y así va siendo. Esta es de las más grandes del mundo y sí me encantaría poder ir a más y más, llegando, si Dios quiere, a la IMO, que es de grado noveno en adelante.

Ese es el objetivo final. Pero ahorita, por estos resultados, está la invitación —que todavía no ha llegado— para participar en otra olimpiada aún más prestigiosa, en Uzbekistán, la Ijmo (Olimpiada Internacional Junior de Matemáticas).

¿Después de este logro tiene más claro a qué le gustaría dedicarse?

Sigo explorando las posibilidades. Sí creo que va a ser algo relacionado con las matemáticas, porque es algo que me gusta, pero hay muchas ramas que podrían salir de ahí. Entonces toca seguir viendo.

Con todo lo que fue Singapur, que es un país muy organizado, muy desarrollado, muy tecnológico, también me llamó mucho la atención todo lo que era la arquitectura. Esos árboles de luces que hay, un puente de cristal muy lindo... todo eso me intrigó mucho.

¿Cómo transcurre su día a día y qué otros intereses tiene además de las matemáticas?

Entreno básquet y hago Modelo ONU. En los días de colegio me levanto a las cinco de la mañana para ir al colegio. Estoy de siete de la mañana a dos y media de la tarde. Cuando llego a la casa, estudio para las olimpiadas y después me voy a entrenar baloncesto en el Club Leones, de cinco a ocho de la noche. Cuando vuelvo a la casa, también practico un poco para las olimpiadas.

La verdad, con este Simoc estaba muy emocionado por las olimpiadas, entonces, con toda la euforia, practiqué mucho.

¿Qué mensaje les daría a los demás niños y jóvenes del Valle del Cauca?

Me encantaría que este logro, este reconocimiento, no sea solo mío. Que no se quede únicamente en: “Ay, ese niño tan pilo, qué bien que se ganó eso”. A mí me gustaría que esta sea la prueba viviente de que todos los niños de Cali, del Valle y de Colombia sepan que soñar en grande vale la pena y que todo lo que se propongan lo pueden lograr.