A Luis Alberto Valencia se le quiebra la voz cuando recuerda el terremoto de Armenia. Tiene 82 años y han pasado casi 27 años desde aquella tragedia que marcó su vida. En enero de 1999 perdió el empleo, sus pertenencias y la casa en la que vivía. Ahora, casi tres décadas después, otro terremoto volvió a ponerlo frente a una situación que creyó haber dejado atrás.
Esta vez el escenario es Cali. Luis Alberto vive desde el año 2000 en Chiminangos, en un apartamento ubicado en la torre B. Su vivienda, según la revisión que le realizaron después del sismo, está en condiciones habitables. Sin embargo, las torres que la rodean presentan afectaciones y algunas tienen restringido el paso por el riesgo que representan sus estructuras.
Por eso, aunque su apartamento sigue en pie, Luis Alberto no ha podido regresar a él. A sus 82 años terminó refugiado en uno de los albergues instalados en Chiminangos, junto a otras familias que también tuvieron que abandonar temporalmente sus hogares.
“Para mí, volver a vivir algo así después de haber pasado por el terremoto de Armenia es muy duro. Eso me quiebra mucho. No quiero recordar el de Armenia. Fue muy duro”, contó Luis Alberto.
El recuerdo de aquel terremoto todavía está presente. Luis Alberto llegó a Cali 15 días después de la tragedia de Armenia. Primero estuvo en Villacolombia, donde unas primas de su esposa le dieron albergue. Un año después logró establecerse en Chiminangos, donde permaneció durante más de dos décadas hasta que el sismo del pasado 10 de agosto volvió a obligarlo a salir de su casa.
“Para mí fue perderlo todo. Perdí el empleo, perdí enseres. Familia no, afortunadamente. Vivía en una casa en alquiler y se perdió, y obviamente también perdí los enseres y todo en aquel terremoto de Armenia”, recordó.
Quienes deseen brindarles ayuda a Luis Alberto Valencia, de 82 años, y su hija, que es enfermera, se pueden comunicar con ellos en el celular 316 6637144.
La experiencia de esta vez fue diferente, pero el miedo regresó. Durante el sismo del pasado 10 de agosto, Luis Alberto estaba dentro de su apartamento y, por el susto, permaneció encerrado en la habitación.
“Esta vez yo me quedé encerrado en la alcoba. No sé, del susto como que no pude salir y me resigné a quedarme ahí”, relató.
Ahora lleva varios días en el albergue. Cuenta que, pese a la incertidumbre, allí ha recibido alimentación, cobijas y atención. También hay duchas disponibles para las personas evacuadas. Sin embargo, existe una preocupación que comienza a crecer entre quienes permanecen en el lugar: las ayudas podrían disminuir mientras ellos todavía no saben cuándo podrán regresar.
“Estos días han sido un poco angustiosos por el detalle, pero estoy muy contento porque hemos tenido muchas atenciones de parte de este albergue. Es temporal, sabe uno que es temporal, pero de todas maneras hemos recibido muchas atenciones y la alimentación no ha hecho falta hasta ahora”, explicó.
Para Luis Alberto, las principales necesidades no están relacionadas tanto con él como con su familia. Dice que sus nietos necesitan ropa y artículos de aseo. Pero hay una preocupación que lo afecta especialmente: su hija, una enfermera que lleva tres meses sin trabajo y que tiene dos hijos.
“Tengo una hija que lleva tres meses sin trabajo. Ella es enfermera. Tiene un niño de cuatro años y una hija de 12. La situación que está atravesando ella sí es horrible, porque no tiene cómo sostener a sus hijos y la está viendo muy mal”, manifestó.
Luis Alberto sabe que tendrá que esperar. No puede regresar a su apartamento mientras las condiciones de las estructuras vecinas sigan representando un riesgo. Y, aunque ya pasó por una tragedia similar hace casi tres décadas, intenta mantenerse firme.
A los 82 años, la vida lo volvió a poner frente a una escena que creía superada: dormir lejos de su casa después de un terremoto. Esta vez, sin embargo, espera que la historia tenga un desenlace diferente y que pueda regresar pronto al apartamento que ha habitado durante más de 25 años.
“Ante todo, les pido ayuda para mi hija, que es lo que me duele”, dijo Luis Alberto antes de continuar su espera en el albergue de Chiminangos.