Los cinco edificios comparten aspectos en común. Todos se ubican en el llamado cono de Cañaveralejo, al sur de Cali, considerada una zona de alto riesgo sísmico, debido a sus suelos blandos.

Además, se encuentran en calles donde el pasado 10 de agosto, tras el terremoto de magnitud 7,4, hubo centros comerciales que se cayeron, así como edificios que colapsaron o quedaron en riesgo de hacerlo. Ellos no.

Los cinco, también, sufrieron averías graves en el temblor de 2004, cuyo epicentro fue en Pizarro, Chocó. Después de aquel sismo, sus propietarios no solo tuvieron que reparar lo que se había dañado; emprendieron obras de reforzamiento estructural. 22 años después, con el terremoto del 10 de agosto, de alguna manera ‘sacan pecho’: “Hicimos las cosas bien y hoy somos un ejemplo de lo que debe hacer Cali para protegerse de los temblores”, dicen algunos.

Un residente de una de las estructuras en cuestión lo resumió así: “Esta es la historia de las edificaciones reforzadas en 2004 que ‘probaron finura’ con el terremoto de 2026”.

Después del terremoto de 2004, las Torres de Plazuela, construidas en 1989 frente al Centro Empresarial, fueron sometidas a obras de reforzamiento para mejorar su comportamiento sísmico. La intervención incluyó el retiro de parte de la mampostería, el engrosamiento de pantallas de concreto y la instalación de elementos metálicos. | Foto: El País

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A veces la memoria intenta olvidar lo que nos duele, como una forma de protegerse del dolor, pero Cali ya ha vivido situaciones similares a las de este año.

A las 4:06 de la madrugada del 15 de noviembre de 2004, un temblor de magnitud 6,7 despertó a Colombia. Pese a que el epicentro fue en el Pacífico, se sintió incluso en Bogotá. Según un informe de Ingeominas, 45 edificios presentaron daños en la capital del Valle.

Uno de los más afectados fue la conocida en la época como Clínica Materno Infantil, hoy Farallones. Algunas madres que estaban a punto de dar a luz debieron bajar corriendo por las escaleras, antes de que estas se desplomaran. En total, 24 recién nacidos debieron ser evacuados.

Lo mismo ocurría a unas pocas cuadras. Los residentes de Torres de Alicante, unidad ubicada sobre la Calle 9, salían de sus apartamentos mientras las paredes se venían abajo, lo que también sucedía en el edificio vecino, Torres de Tequendama. Algo similar pasaba en Torres de la Plazuela, en la Roosevelt.

Edificio Marañón: dos torres que dejaron de golpearse. Después del terremoto de 2004, las dos estructuras, que habían sido diseñadas como edificios independientes, fueron unidas mediante una intervención de reforzamiento. Según el ingeniero Gilberto Areiza, la decisión contribuyó a su comportamiento durante el terremoto del 10 de agosto de 2026. | Foto: El País

Muy cerca, el edificio Marañón —en ese entonces, dos torres muy juntas una de la otra— se golpeaba entre sí durante el temblor.

Estas estructuras fueron construidas bajo las normas de sismorresistencia de 1984, las primeras de Colombia después del terremoto de Popayán del año anterior. Para los días del temblor de 2004, la norma más reciente y actualizada había sido expedida en 1998.

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La oficina del ingeniero Carlos Alberto Olano Abadía está en un octavo piso, pero él parece no temerle a las alturas tras el terremoto. En cambio, sonríe cuando le mencionan el que considera “uno de sus hijos”: la Clínica Farallones. En su despacho, efectivamente, hay fotos tanto de su familia como de los edificios que ha ayudado a construir en Cali.

— Lo realizado en la Farallones es un caso para seguir. No solo por la ingeniería hecha adecuadamente, sino por las decisiones de los propietarios y las inversiones inteligentes que se hicieron después del temblor de 2004 para tener un edificio actualizado. Dos décadas después, con el terremoto del 10 de agosto, el edificio se comportó perfecto durante ese movimiento sísmico tan bravo —dice.

Su empresa, Olano Ingeniería, fue contratada para gestionar el proyecto de reconstrucción de la clínica, financiado tanto por los dineros del seguro como por capital de los médicos dueños del edificio.

Cuando ocurrió el temblor de 2004, la mampostería de ladrillo, tanto de la fachada como de los muros interiores, falló. Las paredes se cayeron. También hubo daños en las escaleras internas y en las instalaciones: tubos y redes eléctricas. No se presentaron problemas estructurales, lo que permitió que la clínica fuera evacuada, pero quedó inservible.

Cali: Clínica Farallones Cali. foto José L Guzmán. EL País | Foto: El País

— Como la Materno Infantil fue construida con la norma de sismorresistencia de 1984, dicho código pretendía cuidar la vida de las personas, es decir, que los edificios no se cayeran. Pero iba a sufrir todo lo que sufrió con un sismo de gran magnitud. Lo que se decidió fue actualizarlo a la norma de sismorresistencia de 1998, que buscaba, además de evitar el colapso, mejorar el desempeño de las edificaciones y reducir los daños —dice Olano.

El encargado de reforzar la nueva Clínica Farallones fue uno de sus maestros en la universidad: el ingeniero Roberto Caicedo. Una de sus primeras decisiones fue cambiar los ladrillos de la fachada y de los muros interiores por mampostería liviana: drywall.

Los ladrillos, explica Olano, tienen un problema: son rígidos. Y todo edificio está construido para que, durante un sismo, tenga cierta flexibilidad, como una palmera. Pero mientras la edificación se mueve para evitar romperse, los ladrillos no lo hacen de la misma manera y terminan quebrándose.

Además, a la Farallones se le hizo un reforzamiento estructural con perfiles metálicos. A lo lejos se ven como X sobre la fachada. Eso permitió “amarrar” el edificio y hacerlo más rígido durante un terremoto.

El pasado 10 de agosto, cuando ocurrió el movimiento telúrico, varios médicos de la Farallones llamaron a Olano.

— Me dijeron: “Gracias, acertamos con lo que hicimos”.

El reforzamiento de Torres de Alicante fue financiado por la aseguradora, por lo que los copropietarios no tuvieron que asumir directamente el costo de las obras. La experiencia del edificio muestra el papel que pueden cumplir los seguros en la recuperación después de un terremoto. | Foto: El País

A diferencia de hace 22 años, la clínica no fue evacuada. Por el contrario, fue allí donde empezaron a llegar los primeros heridos del sismo. La médica Sandra Tello, asistente de cirugía, lo confirma.

— La Farallones está en perfectas condiciones. Pero uno de los edificios de Torres de Tequendama, donde vive mi mamá, a un par de cuadras, por poco colapsa. Fue justo la torre que no se reforzó en 2004, por costos. La que se reforzó no sufrió daños tan graves.

Al momento del terremoto, la doctora Sandra se encontraba en clase de inglés en Cosmocentro. Bajó rauda al sótano 2 para sacar su carro e ir donde su mamá, pero no había nadie levantando la talanquera del parqueadero. Entonces volvió a estacionar y salió corriendo del centro comercial.

Las cuadras que separan Torres de Tequendama de Cosmocentro las recorrió a la velocidad de los atletas que compiten en los 100 metros planos.

— Cuando llegué a la zona, lo primero que vi fue el edificio Cantabria, vecino a Torres de Tequendama, en el suelo. Sentí que me moría. El apartamento de mi mamá está en el décimo piso y ella, que sufre de alzhéimer, se levanta a las 8:00 de la mañana. A las 7:34, cuando empezó a temblar, mi hijo la cargó y, descalzo, empezó a bajar mientras las paredes se caían. En el cuarto piso ya no había escaleras: colapsaron. Él saltó de piso en piso, entre los escombros. Se llama Nicolás David Tello. Es diseñador gráfico, el mejor chef y un héroe de la Patria —relata la doctora Sandra, orgullosa.

Colapso de Estructura Centro de Profesionales de la calle novena, Edificio Vanessa, Cantabria y Torres de Tequendama. | Foto: El País

Afuera se encontraba el ingeniero Gilberto Areiza, revisando a sus “hijos”. Fue él quien, en 2004, hizo el reforzamiento de uno de los edificios de Torres de Tequendama, pese a que sugirió reforzar los dos. La torre que intervino no colapsó en este 2026; la otra por poco cae.

Areiza fue quien reforzó varios de los edificios del cono de Cañaveralejo.

— En 2004 también hicimos el proyecto de rehabilitación sísmica de Torres de Alicante, sobre la Calle 9, que tiene dos edificios. Y el otro que pudimos reforzar y al que le fue muy bien fue Marañón, en la Avenida Roosevelt con Carrera 42. Es alto, de 18 pisos. Allí había un detalle técnico que se resolvió. Desde que fue diseñado, fue pensado como dos edificios independientes. Y así se construyó, pero nunca se dejó la separación de 70 centímetros recomendada.

Cada vez que temblaba, los dos edificios se golpeaban.

— En 2004 unimos los dos edificios y hoy es uno solo. Es una decisión que sirvió mucho en el terremoto del 10 de agosto —explica Areiza.

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En la oficina de la administración de Torres de Alicante, como si se tratara de un trofeo, se aprecia un reportaje colgado a la manera de un cuadro. El dice titular: “Torres de Alicante, renovado y seguro”.

Al frente de esta unidad residencial está el Centro de Profesionales, que colapsó el pasado 10 de agosto. Atrás se encuentra el lote donde se erigía el edificio Cantabria. Y, a un par de cuadras, el lote del edificio Vanessa, que se desplomó.

En Torres de Alicante los daños fueron menores, a diferencia de 2004, cuando las paredes de los apartamentos se cayeron y se podía ver hacia el interior a lo lejos.

Con la asesoría del ingeniero Areiza y la participación de residentes como el ingeniero Jairo Vicente Fonseca Medina, decidieron retirar la mampostería de ladrillo y reemplazarla por Superboard desde el primer piso hasta el séptimo -son doce-, para alivianar las cargas. También agregaron reforzamientos metálicos y pantallas de concreto. Los apartamentos que se dañaron esta vez fueron justo los que seguían con paredes en ladrillos, desde el piso ocho hasta el último. Lo más probable es que se les instale mampostería liviana.

Este es parte del reforzamiento estructural realizado en Torres de Alicante, sobre la Calle Novena. | Foto: El País

Germán Castaño, el administrador de Torres de Alicante, recuerda que los copropietarios no pagaron un solo peso para realizar el reforzamiento; todo se hizo con el dinero de la aseguradora.

— Hay algo muy importante en el temblor de 2004 y en este de 2026: los papeles de los corredores de seguros. Son quienes asesoran a la copropiedad en las reclamaciones. En 2004, nuestro corredor era Willys Colombia y la aseguradora es la misma de hoy, AXA Colpatria. Este año el corredor es Fonseca Sanclemente. El pasado 10 de agosto, también lo creo, una fuerza sobrenatural nos protegió. La misericordia de Dios —asegura.

Muchas familias de Torres de Alicante se fueron fue porque había daños en el gas o al interior de los apartamentos, pero no porque exista riesgo de colapso, como en los alrededores.

Lo mismo ocurre en Torres de Plazuela, sobre la Roosevelt, frente al Centro Empresarial. Algunos se fueron mientras arreglan los apartamentos, pero los edificios no tienen riesgo de caerse, a diferencia de unidades vecinas.

Paola Andrea Londoño Duque, residente y administradora de Torres de Plazuela, estaba en su apartamento cuando tembló en 2004. El sismo del 10 de agosto la sorprendió en el piso trece.

Así celebró la copropiedad de Torres de Alicante el reforzamiento realizado tras el temblor de 2004. | Foto: El País

— Aunque el de 2004 fue de menor escala que el de 2026, el edificio quedó con bastantes averías en ese entonces, similares a las que estamos viendo hoy en otras unidades residenciales —recuerda.

Durante años, los residentes de Torres de Plazuela —varios ingenieros civiles, por cierto— cargaron con un estigma. En Cali señalaban hacia las torres y decían que se habían “caído”. En realidad, las estaban reconstruyendo después del temblor y reforzándolas.

El ingeniero calculista contratado para llevar las torres de 16 pisos, levantadas en 1989, a la norma de sismorresistencia más reciente -1998- fue Diego Rengifo. Retiró la mampostería de ladrillo, engrosó pantallas de concreto e hizo reforzamientos en metal. En el terremoto de agosto pasado, en Torres de Plazuela no cayeron escombros desde las alturas.

Reforzamiento de Torres de Plazuela. | Foto: El País

— Fueron dos años en los que nos tuvimos que ir mientras el edificio hacía el reforzamiento estructural. En 2006 regresamos la mayoría, aunque tuvimos un problema: nadie quería asegurar la unidad. Es un vacío en la ley: es obligatorio que las copropiedades tengan seguro, pero no es obligatorio para las aseguradoras otorgarlo. Finalmente superamos ese problema y estamos asegurados —cuenta Paola, y recuerda lo que le dijo un residente después de caminar por la zona y ver los edificios vecinos evacuados con las paredes en el suelo: “Torres de Plazuela probó finura”.

El ingeniero Gilberto Areiza no lo duda: la experiencia que ya tiene Cali con el temblor de 2004 es la que debe seguir ahora, tras el terremoto de 2026.

— La palabra demolición debería ser la última. La ingeniería tiene la obligación de presentar propuestas de rehabilitación. Y todo edificio es rehabilitable, así tenga daño estructural. La ciudad debe reforzar los edificios que lo necesitan y llevarlos a cumplir el más reciente reglamento de sismorresistencia, la NSR de 2010.