Hace quince años, cuando Carlos Andrés Pérez asumió la rectoría de la Universidad Santiago de Cali, USC, el panorama era incierto: bloques tomados, tensiones internas, dificultades financieras y un ambiente de desconfianza rodeaban a una institución con décadas de historia.

Hoy, recorriendo mentalmente ese trayecto de su gestión, recuerda la crisis de esa época, pero también cómo la comunidad académica fue clave en una apuesta por transformar una universidad de ciudad en un proyecto con proyección científica y cultural.

Esta es la conversación con Pérez, quien ha pilotado esa travesía.

Rector, la primera imagen que recuerdo de su llegada a la Universidad Santiago de Cali es la de una institución en crisis, hace quince años. ¿Cómo evoca esa época?

Fue una etapa compleja. Había una situación institucional difícil, tensiones internas, problemas administrativos y financieros. Mucha gente pensaba que era imposible transformar la universidad. Pero siempre tuvimos fe en el trabajo y en nuestra comunidad académica. Antes de llegar a la rectoría, ya habíamos adelantado un proceso con profesores y estudiantes. Veníamos desde el estamento profesoral, construyendo con la gente.

La Santiago es una universidad de ciudad, un símbolo cuando se habla de Cali y de la región. Identificamos esas potencialidades y empezamos un trabajo arduo.

Carlos Andrés Pérez Galindo, rector de la Universidad Santiago de Cali. | Foto: El País

¿En algún momento dudó de que esa transformación fuera posible?

Parecía difícil. Hubo oposiciones desde distintos sectores. Pero en la crisis vimos una oportunidad, no solo para potenciar a la Santiago, sino para darle la proyección que se ha merecido.

Se hizo una reestructuración profunda en lo administrativo y lo financiero, y se fortaleció la investigación académica. Eso fue clave.

Quince años después, ¿qué cifras resumen ese cambio?

Hoy estamos superando los 26.000 estudiantes. Más de 24.000 son de pregrado, más de 1700 de posgrado y cerca de 500 en programas técnico laborales.

Hemos tenido un crecimiento representativo, especialmente en los últimos seis años, donde se ha acelerado la tasa de ingreso. Hay un reconocimiento y un voto de confianza, estamos hablando de la formación de jóvenes que quieren continuar su proceso educativo con nosotros.

Además del crecimiento en matrícula, hay una transformación visible en infraestructura...

Sí. La Santiago, a lo largo de su historia, ha tenido puntos emblemáticos. La Plazoleta de los Sabios, por ejemplo, fue referenciada como uno de los lugares destacados de la ciudad.

Decidimos mantener ciertos puntos icónicos y hacer una apuesta no solo universitaria, sino también con impacto más amplio.

La arena que se construyó acaba de quedar como el tercer escenario de eventos más importante de América Latina. Eso permite abrir espacios para expresiones culturales y artísticas en Cali.

Usted habla de una universidad heterogénea...

Lo es. Es una universidad con múltiples expresiones, no solo académicas, sino culturales y formativas, concentradas en Pampalinda y en nuestra seccional de Palmira.

Cuando uno camina por los pasillos, encuentra diversidad en todos los sentidos. Es una universidad cosmopolita, como Cali: aquí llega gente del Pacífico, del sur del país y de otras regiones.

En un contexto donde la educación superior enfrenta dificultades para captar estudiantes, ¿cuál ha sido el diferencial de la Santiago?

Hemos destacado nuestros valores históricos y ampliado una oferta educativa pertinente, complementada con excelencia. Por ejemplo, laboratorios de última generación en ingeniería de energías, nuevos laboratorios para análisis de materiales en ingeniería civil, desarrollos en el área farmacéutica.

Sin perder nuestra esencia, como la Facultad de Derecho. El 72 % de la Rama Judicial de Cali es egresada de la Santiago. Eso es un sello.

También han mantenido matrículas asequibles...

Sí. En un sistema mixto como el colombiano, donde la educación privada ha sido un bastión importante, creemos que debe reconocerse ese papel. Los jóvenes que estudian en universidades privadas también hacen país. Hemos logrado compaginar matrículas con costos asequibles y espacios de primer nivel.

El nuevo edificio de Tecnologías cuenta con una infraestructura que responde a criterios de sostenibilidad ambiental con sistemas de iluminación eficiente, ventilación natural y espacios verdes integrados al diseño. | Foto: El País

Llama la atención el concepto de universalidad que usted menciona. Se ven camisetas, souvenirs, incluso una cerveza de la universidad. ¿Cómo se articula todo eso?

Es ligar diferentes segmentos esenciales de la universidad. La cerveza, por ejemplo, tiene mucha biotecnología: fermentación, procesos bioquímicos y físico químicos. Pero también implica registro de marca, aspectos legales, plan de negocios. Intervienen estudiantes de distintas áreas. No es solo producirla en un laboratorio, es venderla. Eso genera espacios de práctica real. Es una aproximación al mundo profesional.

Es decir, la universidad como laboratorio vivo...

Exactamente. Buscamos una formación integral: primero mental, y luego todos los aspectos necesarios para la vida profesional. Eso se refleja también en la investigación. Hoy tenemos catorce grupos en categoría A1 y más de veinte en categoría A. Son las máximas categorías del Ministerio de Ciencia y Tecnología según producción científica.

¿Qué significa eso en términos concretos?

Que somos la sexta universidad de mayor producción de artículos científicos internacionales. Nuestras investigaciones tienen difusión mundial relevante. El número de consultas y citaciones a nuestros artículos se hace a nivel internacional. Eso posiciona la universidad.

Han anunciado también proyectos ambiciosos...

Queremos ser la primera institución en producir cannabis grado farmacéutico. De ahí se desprenderán investigaciones en terapias farmacéuticas y en el área química. Además, hemos tenido la aprobación de un nuevo doctorado. Hoy contamos con cinco doctorados; el último es en ciencias de la salud, y se articulará con un sexto en química farmacéutica.

Si mira hacia los próximos cinco años, ¿qué viene para la USC?

En infraestructura, laboratorios impresionantes en áreas de salud, principalmente en odontología e ingeniería civil y química. También la inauguración de un nuevo hotel en la zona de San Antonio, como parte de un impulso en hotelería y de apoyo a la transformación de la ciudad. En el centro de Cali, nuestra sede de Derecho será remodelada, se ampliarán los servicios de consultorio jurídico y centro de conciliación, y se constituirá un centro empresarial.

Hay también obras internas...

Empezaremos la construcción de un nuevo bloque de salones y parqueaderos. Tenemos un déficit en ese aspecto. Y en lo académico, seguiremos con la acreditación de programas. Hoy tenemos doce programas acreditados; cuando asumimos había dos, y uno estaba a punto de perderla. Recientemente obtuvimos la reacreditación institucional, con una calificación destacada.

Después de este recorrido, ¿qué balance personal hace?

Después de quince años, todos somos generales después de la guerra. Pero creo que la USC ha logrado convertirse en un punto de unidad de ciudad. La transformación ha sido administrativa, financiera y académica, con la convergencia de la comunidad caleña y de mucha gente del país y del mundo. Mi agradecimiento es para todos ellos.