Cali parece estar sin rumbo en los temas de monitoreo de su salud ambiental. Muestra de ello es que el Dagma no tiene funcionando la totalidad de las estaciones de medición de calidad del aire, no hay capacidad para identificar el origen de los malos olores que abarcan gran parte del territorio e incluso no se ha encontrado una solución definitiva a los problemas de contaminación de algunos cuerpos de agua de la capital vallecaucana.

El País consultó a fuentes especializadas en medio ambiente, algunas de las cuales incluso estuvieron en altos cargos del Dagma, y encontró que en esta entidad hay muchas cosas que, al parecer, no están funcionando correctamente, siendo una de las principales la medición de la calidad del aire.

Este tema volvió a estar en la boca de los ciudadanos debido a los olores que se propagaron por el sur y el oriente de la ciudad la semana pasada. Al conocer esto, el Dagma en lugar de entregar una solución oportuna o anunciar un estudio sobre lo que estaba sucediendo, solo habilitó una encuesta para preguntar a los ciudadanos de dónde creían que venía el olor y también qué creían que estaban oliendo. Una respuesta que, según algunos expertos, no es aceptable de parte de la máxima autoridad ambiental caleña.

Para las fuentes consultadas, estas respuestas serían el reflejo de que en hoy el Dagma parece estar con las manos atadas, teniendo en cuenta que, de las trece estaciones de medición de calidad del aire, no habría ninguna cumpliendo su tarea.

“Nosotros entregamos diez de estas estaciones funcionando. En su momento teníamos las certificaciones al día, pero ahora entiendo que se perdieron. Hicimos un informe de empalme en el que se estipuló una ejecución presupuestal para tener la certificación y calibración de los equipos. Sin embargo, no entiendo qué pasó”, indicó a este medio una fuente que hizo parte del Dagma, pero que prefirió guardar su identidad.

La voz experta puntualizó que, si bien los olores son diferentes a la calidad del aire, estos dos aspectos no están del todo desligados. Además, el poder tener datos claros de este último ítem podría dar luces de los pasos que se deberían seguir frente a casos como estos.

El funcionamiento de las estaciones de monitoreo de calidad del aire en Cali es de suma importancia para poder tener acciones de prevención ante cualquier eventualidad. | Foto: El País

Otro de los aspectos que la exintegrante del Dagma mencionó es que también se entregó una auditoría de estos equipos, la cual fue realizada por una entidad externa, en donde se retrató que la red de sensores no estaba al 100%, tenía aspectos para ajustar, pero al menos tenía datos que estaban siendo registrados para poder focalizar acciones.

“Incluso nosotros teníamos un seguimiento por Contraloría porque había unos hallazgos. Nosotros hicimos hasta un plan de mejoramiento para poder bajar esos hallazgos. Ahora falta entonces saber qué ocurrió con eso”, agregó.

Lo grave del asunto

De acuerdo con datos de Cali Cómo Vamos, en su Informe de Calidad de Vida de 2025, solamente cuatro estaciones de calidad del aire monitorean la presencia de materiales contaminantes en la ciudad, pero ninguna de ellas alcanzó al menos el 75 % de datos válidos para la toma de decisiones y se consideraron como meramente indicativos.

Sebastián Ríos, ingeniero de sistemas y desarrollador e ingeniero de datos de la organización Tángara (colectivo que vela por la calidad del aire de la ciudad), calificó como grave la ausencia de la medición de la calidad del aire en Cali, debido a que en realidad no se sabe a ciencia cierta si las personas podrían llegar a generar problemas de salud.

“La Organización Mundial de la Salud ha hecho estudios que dicen que la presencia de material particulado en el aire (elementos contaminantes) podrían generar problemas en el cerebro, corazón y pulmones. Entonces, si no se tienen datos para saber la realidad en este tema en Cali, no podríamos tener una trazabilidad para saber por qué se incrementan algunas enfermedades, especialmente en niños y adultos mayores”, argumentó.

Lo paradójico del tema es que Tángara es un colectivo que a la vez desarrolla medidores de calidad del aire, aunque tienen menos precisión que los que se usan en la ciudad, y en la actualidad cuentan con cerca de 25 de ellos operando.

No obstante, al ser de menos potencia, solamente sirven para medir pocos metros a la redonda de los sitios en los que están ubicados, por lo que se necesitarían muchos más de estos elementos para conocer la verdadera realidad de la ciudad.

“Ahora podríamos estar respirando un aire malo, pero los efectos no los vamos a ver en un mes, sino que pueden ser a mediano o largo plazo. Me parece grave que las autoridades competentes que tienen la obligación de esos equipos no estén tomando acciones para que esos datos se estén recolectando y estén disponibles hasta para la consulta ciudadana”, aseveró Ríos.

En la actualidad, los caleños no pueden tener certeza sobre el aire que están respirando. | Foto: El País

Este medio solicitó a la Secretaría de Salud una entrevista para conocer si ha existido aumento o disminución de enfermedades relacionadas con la calidad del aire de la ciudad, pero no se obtuvo respuesta hasta el cierre de esta edición.

Por otra parte, el concejal Rodrigo Salazar alertó que el no funcionamiento de los sensores de medición harían que el Dagma se quede sin los suficientes ‘dientes’ para poder demostrar posteriores infracciones a la norma ambiental, por lo que cualquier acción de sanción podría ser apelada por un infractor con facilidad.

Calidad de algunos afluentes, otro aspecto que está en deuda

Aunque Cali es conocida por tener varios ríos en su interior, y por ende varias quebradas, la realidad es que algunas de ellas tienen problemas de contaminación de sus cauces por aguas residuales que no son tratadas por falta de infraestructura, además de pasivos de minería que siguen pasando factura desde hace varios años.

Un ejemplo de ello es lo que ocurre con la quebrada El Chocho, que en últimas desemboca en el río Cali. Allí, hay materiales de antiguas minas de carbón que caen a las aguas y, combinados con desechos de los habitantes del corregimiento de Montebello, generan una reacción que cambia el Ph del río Cali y forma en ocasiones la ya conocida caparrosa en algunos sectores, principalmente en inmediaciones al CAM.

“En estos momentos de Fenómeno de El Niño, de reducción de niveles de los ríos, podría haber un espacio más bajo para que exista la dilución que se espera que se presente (de los desechos de las minas y las aguas residuales de los habitantes de Montebello). En condiciones normales el río se recupera, pero hoy se debería estar monitoreando las condiciones”, alertó Franklin Castillo, exsubdirector del Dagma.

A pesar de conocer esta problemática, y que se está acercando El Niño, desde el Dagma no se ha hecho ningún plan para poder prevenir, afrontar o solucionar una eventual aparición de la caparrosa, según le comentaron a este medio fuentes anónimas al interior de esa entidad.

Castillo agregó que hace algunos años la CVC invirtió recursos para estudiar una solución de fondo de la problemática, pero que desconocía en qué estaba actualmente el proceso.

La CVC confirmó que en el pasado se realizó el cierre de alrededor de 60 bocaminas de antiguos espacios para extracción de carbón en la parte alta de la ciudad, además de que se hizo un plan piloto para la conducción de los desechos ácidos de estos sitios, pero que esto no obtuvo un buen resultado.

“La montaña tenía muchas grietas y los desechos ácidos salían por cualquier lugar, entonces el caudal que se recuperaba en el piloto era muy pequeño, lo que nos hizo concluir que no vale la pena construir una gran planta de tratamiento solamente para tratar los drenajes ácidos. ¿Cuál es el problema mayor entonces? Montebello es el corregimiento más poblado que tiene Cali, por lo cual el caudal mayor de afectación está en las aguas residuales, no de la minería. Lo que hay que hacer es un tratamiento de aguas residuales que conduzca todo”, explicó la CVC.

La quebrada El Chocho es la que principalmente se afecta por los drenajes ácidos de la minería y las aguas residuales de los habitantes de Montebello. Esto va a parar en el río Cali. | Foto: El País

Hay que recordar que la administración de Alejandro Eder tenía entre sus planes construir una planta de tratamiento en Montebello, pero, hasta el momento, este proyecto no ha iniciado.

Esta realidad es preocupante al tener en cuenta que solo queda poco más de un año de mandato de la actual Alcaldía, un tiempo que parece insuficiente para construir una planta de tratamiento para el corregimiento más poblado de la ciudad.

Aunque hay que abonar que la Alcaldía ya anunció su intención de hacer esta planta de tratamiento, que costaría alrededor de $33.000 millones, hasta ahora solamente se han hecho reuniones con la comunidad para socializar el alcance del proyecto, pero no se ha entregado información exacta sobre las fechas en las que iniciaría el proceso de construcción y su posterior terminación.

“La CVC le ha dicho a la Alcaldía que tenemos experiencia en la construcción de plantas de tratamiento, que estamos a la disposición de ayudar e incluso de cofinanciar. Sin embargo, es una obligación que ellos consigan el lote, porque eso no lo podemos hacer nosotros, aunque entiendo que eso ya lo superaron. Pero, hasta ahora no ha existido un acercamiento formal por parte de ellos”, advirtió la CVC.

A manera de opinión, el concejal Rodrigo Salazar Sarmiento reprochó la forma en la que el Dagma está abordando sus aspectos misionales, a la par que comentó que este desempeño de la entidad podría deberse a que en la actualidad es vista como un espacio para hacer presuntos movimientos que obedecen a favores políticos.

“Hay que decir que la alta rotación de personal y la llegada de nuevos contratistas sin experiencia ha arrasado con la memoria institucional, tenemos funcionarios que son permanentemente removidos por situaciones no muy claras, pero que se presume que son del orden político, lo cual impide que se consoliden capacidades técnicas estables”, reveló el cabildante.

Salazar opinó que una de las grandes falencias del Dagma es que es una dependencia está amarrada al poder central (Alcaldía), pero que en realidad debería ser un organismo descentralizado para tener cierta independencia económica y de acciones y así asegurar un mejor desempeño para el cuidado del medio ambiente de la ciudad.

El País se comunicó con el Dagma en reiteradas ocasiones para obtener respuesta de todos los aspectos planteados en este informe, pero no se obtuvo una respuesta.

Sigue sin estar claro el origen de los malos olores en la ciudad

Más de una semana después que los caleños empezaran a reportar malos olores en varios sectores de la ciudad, la Alcaldía todavía no ha dado una respuesta definitiva frente a cuál es el origen de estos olores, aunque ya ha descartado algunas posibilidades.

Estos olores se sienten principalmente en la noche, de acuerdo con los reportes de los ciudadanos. Hasta el momento, el Dagma solo ha lanzado una herramienta a manera de encuesta para preguntar a la ciudadanía dónde se siente el olor y cuáles son sus características.

La CVC impuso una medida preventiva que ordena a Refinal S.A.S. suspender las descargas de aguas residuales hacia una subderivación del río Fraile. | Foto: SUMINISTRADO

Con respuestas que obtuvo, el Dagma se dirigió hasta el antiguo basurero de Navarro para inspeccionar su funcionamiento y determinar si es la fuente de los malos olores.

“Tras revisar detalladamente las lagunas de almacenamiento de los residuos líquidos, la planta de descontaminación y los antiguos vasos de disposición, se confirmó el manejo adecuado del lugar. Esto hace presumir que el aporte de esta infraestructura es descartable frente al origen de los olores percibidos por la comunidad”, precisó el Dagma.

En la actualidad, el antes basurero de Navarro es considerado un gran parque de la ciudad, en donde hay gran cantidad de vegetación e incluso de fauna silvestre.

Aunque todavía hay varias piscinas que almacenan aguas residuales, la realidad es que estas son tratadas de forma adecuada y llegan incluso a superar un nivel de pureza del 95% para el uso de actividades industriales y agrícolas.

Al haber sacado este sitio de las posibilidades, la entidad precisó que ahora sus esfuerzos se están centrando en la búsqueda en la zona perimetral de la ciudad, concretamente entre el área de expansión y Cauca Seco.

Por otra parte, la CVC atendió la denuncia de la ciudadanía que señalaba a la empresa Refinal como posible responsable de los malos olores, esto tras algunos videos que circularon por medio de las redes sociales en los que se veían algunos gallinazos en el predio de esta empresa, ubicada en Candelaria.

Al llegar al sitio, la CVC hizo una inspección y ordenó a Refinal suspender de manera inmediata la descarga de aguas residuales domésticas y no domésticas, tratadas y sin tratar, al río Fraile. No obstante, no se confirmó ni se negó que este sea la fuente de origen de los malos olores.