En medio de los escombros, las ambulancias, los equipos de rescate y las ayudas que llegan desde distintos puntos de Cali, el médico Pablo Gómez intenta mantener la calma. Desde hace cuatro días permanece en el puesto de atención instalado en el sector de Cuarto de Legua, en el sur de Cali, donde coordina la entrega de medicamentos, insumos y personal médico para atender a los afectados por el terremoto.
Pero para Pablo, estar allí no es solamente una labor profesional. Entre las personas que quedaron atrapadas bajo los bloques de concreto estaban tres mujeres que conocía desde su infancia: las trillizas Saavedra.
“Me conmoviste el corazón un poquito porque las personas que han fallecido acá, unas eran muy cercanas”, dijo el médico durante una entrevista con El País, mientras intentaba explicar cómo han sido estos últimos días. Su voz se quebró al recordar a sus amigas.
Pablo conoció a las trillizas desde el colegio. Aunque no compartió directamente con ellas las aulas, sí hizo parte de los grupos de amigos que crecieron junto a ellas y que, con los años, mantuvieron una relación cercana.
Por eso, mientras ayudaba a remover escombros, cargar personas y atender a los heridos, también esperaba noticias de sus amigas.
“Son tres: Isa, Ana, Sofía. A la espera todavía de si Isa sigue ahí (Dijo en la tarde del jueves 13 de agosto, pero horas después se confirmó que la joven fue hallada muerta) . Ana fue operada con éxito ayer. Sofi falleció junto con sus padres”, relató.
La tragedia comenzó con la muerte de Sofía Saavedra, una de las trillizas. Posteriormente, los equipos de rescate confirmaron que Jairo Saavedra y su esposa, Victoria Caicedo, también habían muerto y fueron encontrados abrazados entre los escombros del edificio que colapsó en el sector de Cuarto de Legua.
La esperanza de la familia quedó entonces puesta en Ana María. La joven fue encontrada con vida entre los bloques de concreto y trasladada a un centro asistencial, donde fue sometida a una cirugía de pelvis debido a las graves lesiones que sufrió durante el colapso.
Mientras Ana María permanece hospitalizada, la búsqueda continuó para encontrar a Isabella.
La noche del 13 de agosto llegó otra noticia devastadora para familiares y amigos: Isabella Saavedra fue encontrada sin vida entre los escombros.
Para Pablo, la tragedia es difícil de asimilar. Las mismas manos con las que durante estos días ha atendido heridos y distribuido medicamentos también han tenido que enfrentarse al dolor de saber que algunas de las personas que buscaban eran sus propias amigas.
“Uno genera un bloqueo emocional muy grande. Tratar de ayudar, estar pendiente de la situación es complejo”, confesó. Aun así, decidió permanecer en el lugar.
Desde el puesto de atención de Cuarto de Legua, Pablo y otros profesionales de la salud han trabajado para garantizar que los afectados tengan medicamentos, alimentos y atención médica. También han recibido insumos que, según explica, ya son suficientes en ese punto y que ahora pueden ser redistribuidos hacia otros sectores de la ciudad donde todavía se necesitan.
“Estamos todos muy unidos con la esperanza de poder sacar adelante lo que más podamos desde la parte médica”, señaló.
Pero la labor de Pablo y de los amigos que llegaron hasta el lugar ha ido mucho más allá de sus profesiones. Han removido escombros, ayudado a cargar personas y realizado tareas para las que no necesariamente estaban preparados, pero que asumieron ante la magnitud de la emergencia.
“Son labores que hemos tenido que improvisar muchas también, que no son nuestro quehacer del día a día, pero que hemos estado acá por personas que han sido cercanas y que hemos querido por mucho tiempo”, contó.
En medio de la tragedia, Pablo conserva los recuerdos de las tres hermanas. No quiere que su historia quede únicamente asociada al terremoto y a los escombros. Prefiere recordar la alegría que, según él, las caracterizaba.
“Mucha alegría. Ani todavía, gracias a Dios, está con nosotros. Eran tres mujeres espectaculares, son espectaculares y lo seguirán siendo”, dijo.
Sus amigos las recuerdan como las más divertidas del grupo, las que hacían reír a los demás y las que siempre estaban dispuestas a decir que sí a cualquier plan. “Creo que la sonrisa y la fraternidad era lo que las caracterizaba”, recordó Pablo.
Hoy, mientras Ana María permanece hospitalizada y lucha por recuperarse de las graves heridas que sufrió, familiares y amigos adelantan una campaña para ayudarla económicamente. La joven no solamente enfrenta la recuperación física después de haber quedado atrapada bajo los escombros, también perdió a sus padres, a sus dos hermanas y gran parte de sus bienes materiales.
Pablo, entretanto, continúa en Cuarto de Legua. Sigue atendiendo a quienes llegan, ayudando a distribuir los insumos y acompañando las labores de emergencia. Lo hace como médico, pero también como amigo.
En los últimos días ha tenido que atender el dolor de desconocidos mientras intenta procesar el suyo. Y aunque admite que no ha sido fácil, encuentra algo de esperanza en la solidaridad que ha visto en las calles.
“Las personas que han fallecido acá, unas eran muy cercanas”, repite. Pero también rescata una imagen que, en medio de la tragedia, le permite seguir: caleños y colombianos ayudándose unos a otros.
“No ha sido fácil, pero estamos todos aquí para poder ayudarnos como caleños y como colombianos”, concluyó.