Sacar el ‘LP’ de la carátula. Levantar la tapa del tocadiscos y poner el vinilo dentro. Encender el aparato: el acetato comienza a girar. Acomodar la aguja con la mano. Presionar el botón correspondiente para que esta baje y toque los surcos de la pasta y dé fin al silencio eclesiástico del lugar. Se escucha como si alguien arrugara un papel.

Pasan algunos segundos. De pronto, el momento esperado llega. Milagrosamente suena la música que había estado custodiada desde hace décadas por nada más que una carátula de cartón.

Así es el ritual que están practicando no solo las personas que vivieron las mieles de las épocas en que el tocadiscos era rey. Hoy, muchos jóvenes que piensan que escuchar las canciones en un tocadiscos es la experiencia más fidedigna a oír al artista en vivo, han encontrado en los discos de vinilo una manera de viajar en el tiempo a través de un sentimiento llamado nostalgia.

¿Una moda más o una pasión creciente? ¿Se apetece este formato por el culto a la fidelidad del sonido o es solo un impulso pasajero a la tenencia del objeto?

La realidad es que los jóvenes ‘millennials’ tuvieron su primer acercamiento con este formato musical en la casa de sus abuelos o gracias al viejo tocadiscos que conservan sus padres; o también por los recuerdos escuchados de los mayores que rememoraban las épocas en las que llegaban a las fiestas con el álbum del artista del momento o las veces que les tocó hacer de ‘dj’s’ en reuniones familiares.

El especialista en música, el periodista Juan Carlos Garay, piensa que el gusto de los jóvenes hoy por el vinilo es porque “se está reconsiderando y valorando más la calidad del sonido que da escuchar la música en un tornamesa. Volver a los álbumes; tener de nuevo la música en un formato físico es una experiencia muy bonita”.

Garay enfatiza que esta “es una experiencia menos etérea: cuando se reproduce una ‘playlist’ implica que termine convirtiéndose en un sonido de fondo, mientras que todo el proceso que implica escuchar el disco hace que este sea un verdadero ejercicio de escucha”.

Lo cierto es que sin importar la razón, son los jóvenes quienes están desempolvando los discos de 33 y 45 rpm (revoluciones por minuto) que sus padres tienen guardados y comprando los que en las tiendas y puestos de música se venden como pan caliente a los coleccionistas.

A pesar de que existen plataformas virtuales como YouTube, Spotify o iTunes, que brindan la facilidad de encontrar la música deseada, otros prefieren ir hasta el centro de la ciudad a buscar entre cajas repletas de discos antiguos el álbum deseado, esperando tener la suerte de encontrarlo. Y no es que no escuchen música en su celular o computador, es que sienten la necesidad de ver el disco girar y presenciar este momento, para ellos mágico, en el que, afirman, se puede apreciar mucho más la música.

“Apreciar la música en vinilos es algo que me parece muy bonito estéticamente. Es una experiencia muy bohemia porque es volver a rememorar toda una historia de la cual uno no hizo parte. Eso es algo que me genera mucha paz y tranquilidad. Esta es una forma de apreciar mucho más los momentos y la música”, asegura Ingrid Vanessa González, estudiante de 24 años.

La industria musical responde

Gracias al gran interés que causa ya no solo en coleccionistas este formato musical, la industria musical ha respondido a la demanda, poniendo de nuevo en el mercado reediciones de discos que datan de épocas tan importantes para la música como los 60, 70, 80.

Es el caso, por ejemplo, del sello Fania, que en su página web ofrece al público reediciones de trabajos emblemáticos como ‘Siembra’, de Rubén Blades y Willie Colón, ‘De ti depende’, de Héctor Lavoe y ‘Llegamos’, de Los Hermanos Lebrón.

Pero no solo la música de épocas pasadas están siendo escuchadas en vinilo por los más jóvenes. Artistas tan mediáticos como Adele o Ed Sheran han optado por lanzar sus trabajos de manera digital o en cd y también en pasta. Asimismo, lo hicieron cantantes colombianos como Andrés Cepeda en 2014 con su álbum ‘Basado en una historia real’ y Chocquibtown en 2016 con ‘El mismo’.

Incluso es posible encontrar páginas en Instagram como @tlbrecords, una tienda bogotana que oferta una edición en pasta del álbum ‘Energía’, del reguetonero J Balvin por $270.000.

En Bogotá la demanda y la oferta también es muy amplia y abarca géneros que van desde el rock en español, el pop y el reggae hasta la música tropical. @rpmrecordsbog @discosvertigo y @casasantoysena son algunos de los perfiles de instagram donde estas reconocidas tiendas musicales exhiben su abanico de opciones.

En estas tiendas se pueden encontrar discos nuevos de artistas como Artic Monkeys, Coldplay, Gorillaz y hasta de Buena Vista Social Club, en precios que casi siempre superan los $100.000 y pueden llegar a alcanzar valores hasta de $150.000.

La oferta virtual es amplia. La pasta se puede conseguir desde páginas de ventas de todo tipo de artículos como mercado libre hasta ‘discogs’, un portal internacional especializado en discos de vinilo, en el cual los compradores pueden buscar su álbum preferido y encontrar diferentes ofertas de distintos vendedores de todo el mundo.

Esta tendencia no solo ha reactivado la producción de discos sino también las ventas de los tocadiscos. En los mercados de pulgas se pueden adquirir de segunda mano por valores que oscilan entre los $20.000 y los 150.000. Sin embargo, también hay quienes los compran nuevos. El valor promedio de estos es de $570.000.

Los valores de los vinilos son muy variados y dependen de varios factores: la antigüedad, el estado de la carátula y de la pasta, la oferta y la demanda en el mercado, el artista, el país donde se publicó el trabajo en venta, o si es una reedición o un disco actual. Es posible encontrar algunos en $2000 y otros hasta en $150.000.

En el centro de Cali es posible, con algo de suerte, encontrarse con vinilos en muy buen estado que oscilan entre los $10.000 y los $50.000. “Al principio mis papás me decían que no gastara tanta plata en esto; que es un vicio. No puedo tener plata porque inmediatamente quiero comprar. Una vez compré 45 discos de golpe y me di cuenta de que toca cogerla suave. Esto es un gusto muy ‘engomador’: ¡aparece un disco y quieres tenerlo ya!”, dice Mateo Rodríguez, entre risas, rodeado por sus cajas repletas de vinilos y su tornamesa.

Este gusto no es algo que se adquiera de la noche a la mañana. Requiere de tiempo, dedicación y dinero. En el caso de Mateo, un joven salsero de 23 años, que empezó con la simple curiosidad que le causaba ver girar los discos, sin pensar que tres años después tendría más de 200.

Los primeros que llegaron a sus manos los compró en una Feria de Cali cuando todavía no sabía ni dónde los iba a poner a sonar, porque no tenía tocadiscos. “Constantemente voy a encuentros de coleccionistas y es común ver a muchos ‘pelados’ con sus discos, y eso me hace pensar que esto no va a morir”, comenta.

Hace poco Mateo fue a una audición al barrio El Guabal, donde había bastantes personas con experiencia. “Después de que puse mis discos solo recibí palabras de aliento para que siga coleccionando, y eso me motiva bastante”, puntualiza mientras pone a sonar ‘Ay mamá’, la primera versión que salió en vinilo de la famosa canción ‘Pal 23’ de Ray Pérez, que aún pone a bailar a Cali.

El gusto adquirido a pulso por jóvenes como Mateo, los ya reconocidos coleccionistas, la industria musical y los artistas que le siguen apostando a este formato análogo, hacen que hoy, a pesar del tiempo y las múltiples opciones que existen, el ‘elepé’ continúe más vigente que nunca. “¡Que viva la música!”

Dónde comprar en Cali

Si de comprar pasta se trata, el centro es el sector indicado. En el Parque Cultural Santa Rosa hay algunos libreros que también venden música: ese es el caso de Germán Saldarriaga. En su caseta se pueden encontrar filas altísimas de discos y lo mejor de todo es que el que usted escoja se lo puede llevar por la módica suma de 5000. Más arriba, por la Gobernación, se puede encontrar con la Librería Atenas, la cual también mantiene abastecida de vinilos. La cuota digital la tiene Café Vinilo, una tienda virtual de la Sucursal del Cielo, que brinda un abanico de opciones mucho más alternativas con artistas como Bob Marley, Gustavo Cerati y Manu Chao.

Pero si lo suyo son los locales, puede dirigirse a la calle 11 con Carrera 9. Allí encontrará Hermanos Paz y Mi Música, donde seguramente quedará atrapado por la esencia del lugar, que a pesar de estar dedicado a la salsa, también tiene en sus anaqueles discos del mejor rock. Y si lo suyo es la salsa, en el Centro Comercial Plaza Caicedo hay otro lugar que se ha ganado a pulso un espacio en los afectos de los melómanos: Juanchos Producciones.