“Los ladrones se siguen metiendo acá y han ido robando. Hemos visto que se metieron hasta de día al edificio, están sacando las cosas de los vecinos”, relató con indignación Juan Pablo Peláez, habitante del barrio Cuarto de Legua, quien resumió los temores que enfrentan las familias luego de que el terremoto del 10 de agosto les obligó a abandonar sus viviendas por el riesgo que representan los edificios afectados que aún permanecen en pie.

Peláez, quien vive junto con sus familiares en una casa que, según contó, no sufrió daños estructurales, tuvo que desalojar, ya que está ubicada al lado del edificio María Mercedes, que tiene riesgo de colapso.

Desde entonces, además de no tener servicio de electricidad, ha tenido que estar atento, junto con sus seres queridos, a lo que ocurre alrededor de su casa.

El médico de profesión relató que apenas 24 horas después del terremoto tuvo que salir con la comunidad y la Policía porque inescrupulosos habían intentado ingresar a la zona.

Aunque reconoció que no puede determinar quiénes eran ni qué pretendían hacer, dijo a El País que posteriormente ha observado a personas entrando durante el día y sacando pertenencias de los vecinos, puesto que los bloques de apartamentos ubicados en la Calle 4 con Carrera 57 quedaron sin paredes, lo que le ha facilitado el ingreso a presuntos ladrones.

La preocupación se ha repetido en otros puntos de la ciudad, donde viviendas y edificaciones quedaron afectadas.

En el edificio Laureles, ubicado en la Calle 9 con Carrera 44, al lado del edificio Vanessa, que colapsó, los vecinos aseguran que han encontrado sus puertas violentadas y apartamentos con pertenencias faltantes.

Ángela Ibarra, una de las propietarias, contó que desde que empezaron a ingresar de manera excepcional para rescatar algunos de sus objetos personales, se han encontrado con señales de que otros habían ingresado antes. “Las chapas están violentadas, todo tirado en el suelo”, relató. Ella misma es una de las afectadas, pues, según indicó, le robaron la mercancía con la que trabaja y que tenía guardada bajo llave.

Otro de los residentes también encontró vacíos los lugares donde guardaban objetos de valor, como dinero, computadores, joyas y las mercancías de pequeños emprendimientos.

Familias afectadas por el terremoto aprovechan los permisos de ingreso para retirar los enseres que permanecían en el edificio Laureles, en la Calle 9 con Carrera 44. | Foto: El País

Según Ibarra, en la parte posterior de la edificación, debido a los daños y a la cercanía con el edificio colapsado, hay zonas vulnerables para el ingreso a sus apartamentos.

El problema es que los propietarios no pueden ingresar a sus casas para recuperarlas, ya que el riesgo estructural les impide permanecer allí y, al mismo tiempo, también les dificulta la recuperación de sus pertenencias.

“Estas personas inescrupulosas sí han podido entrar a todos los apartamentos”, dijo Ibarra, mientras explicó que los vecinos tienen temor de entrar, ya que el edificio, como lo indica la señalización de la Oficina de Gestión del Riesgo de Cali, representa un peligro.

En este mismo sector, un habitante del edificio Laureles, quien solicitó mantener reservada su identidad, aseguró que la situación ha dejado desprotegidos a muchos de los residentes.

El barrio Cuarto de Legua fue uno de los más afectados por esta tragedia. | Foto: El País

Según relató, encontraron indicios de que los ladrones habrían utilizado los kits de emergencia que contenían hachas para violentar las puertas de algunas viviendas.

Entre los afectados, señaló que hay personas mayores y pensionados que, además de perder todos sus enseres, también perdieron las mercancías con las que generaban ingresos.

Sin embargo, la inseguridad es solo una parte de la emergencia que enfrentan estas familias: Sandra García, habitante de Laureles, aseguró que uno de sus pedidos es que el edificio sea apuntalado de manera adecuada para que los vecinos puedan ingresar y recuperar sus pertenencias sin exponerse a un posible colapso.

A esto se suma otro problema y es que, con el paso de los días, la salubridad también se comienza a afectar, pues las neveras quedaron llenas de alimentos y han comenzado a generar olores desagradables, mientras que los ciudadanos siguen sin saber cuándo podrán ingresar de manera segura a sus apartamentos.

El edificio Laureles, al lado del edificio Vanessa que colapsó completamente, también está en riesgo inminente de colapso. | Foto: El País

Un nuevo temor para los sobrevivientes

En Cuarto de Legua, la situación ha afectado a familias que ni siquiera viven dentro de los edificios comprometidos.

Viviana Bedoya, residente en una casa ubicada cerca del edificio María Mercedes, contó que seis familias tuvieron que evacuar, pese a no presentar daños directos. Uno de sus familiares se queda ocasionalmente frente a la casa para cuidar sus pertenencias, pero la falta de iluminación en la cuadra ha aumentado la preocupación durante las noches.

Las chapas de las puertas de los apartamentos están violentadas, todas nuestras pertenencias están tiradas en el suelo y desaparecieron los elementos de valor”.

Ángela Ibarra, afectada por el terremoto.

Bedoya sostuvo que también ha visto a personas ingresar al edificio afectado, aparentemente para sacar objetos de valor, por lo que pidió a las autoridades que se les dé una respuesta sobre el futuro de la estructura.

“Solicitamos también que nos ayuden con iluminación para esta cuadra”, señaló, ya que hasta el pasado miércoles no contaban con ese servicio.

Entre las personas afectadas también se encuentra Nicole López, una madre cabeza de hogar que en su vivienda también tiene la base de su emprendimiento, Box House Cali. Ella estaba preparando una cocina oculta para comenzar a vender desayunos sorpresa y brunch, pero el proyecto quedó suspendido porque no puede regresar a casa.

En la vivienda del doctor Juan Pablo Peláez, el muro de separación del edificio María Mercedes cayó sobre sus vehículos, pero su vivienda no tuvo daños. | Foto: El País

La inversión que había hecho para poder poner en marcha su negocio permanece dentro de la vivienda y para ella el temor es que alguien ingrese y se lleve todos esos elementos que representan también el riesgo de perder la posibilidad de generar nuevamente ingresos.

“Mi vida en pocas palabras está en pausa”, contó López con desesperación, ya que, ante la situación, tuvo que refugiarse en el hogar de unos familiares en el otro extremo de Cali.

Una situación similar enfrenta José René Mundol, habitante del Edificio María Mercedes desde hace nueve años. En su apartamento aún tiene todos sus enseres y no los ha podido sacar ante el riesgo de colapso.

Aunque en el día ronda cerca de la edificación para cuidar sus pertenencias, tiene problemas de visión, por lo que debe retirarse en las noches y su temor aumenta debido a que algunos residentes han manifestado ver personas que acceden para retirar los elementos de valor.

Habitantes del María Mercedes revisan los daños que dejó el terremoto en la estructura del edificio, que permanece en riesgo de colapso. | Foto: El País

Mientras los ciudadanos relataron estas situaciones a El País, las autoridades manejan otro panorama.

La Policía de Cali aseguró que hasta inicios de semana no habían tenido ninguna denuncia formal por casos de saqueo.

El comandante de la institución, Hebeth Benavidez, indicó que desde el comienzo de la emergencia se dispuso un dispositivo especial de seguridad en las zonas afectadas y hay equipos de reacción motorizados distribuidos por polígonos.

De acuerdo con el uniformado, cerca de 1200 hombres y mujeres fueron dispuestos desde el momento del terremoto para atender diferentes servicios relacionados con la emergencia.

Por su parte, el secretario de Seguridad de Cali, Javier Garcés, aseguró que la Alcaldía mantiene un dispositivo de vigilancia con la Fuerza Pública en los sectores más afectados y que se han priorizado puntos como Capri, Los Cámbulos, Ana Pilar, la Calle 5 con Carrera 42, Cantabria y el Edificio de Colores.

La recomendación es no exponerse ni confrontar. Ante cualquier intento de ingreso no autorizado o sospechoso, se debe llamar al 123”.

La recomendación es no exponerse ni confrontar. Ante cualquier intento de ingreso no autorizado o sospechoso, se debe llamar al 123”.

Según explicó, allí se realizan patrullajes y vigilancia en coordinación con la Policía y el Puesto de Mando Unificado, además de sumar el apoyo de empresas de seguridad privada.

Además, a las familias les recomendó no exponerse ingresando a inmuebles evacuados o declarados inhabitables y, cuando las autoridades lo autoricen, reforzar y cerrar los accesos para controlar el ingreso y salida de personas.

Ante cualquier intento de ingreso no autorizado o movimiento sospechoso, la instrucción es no confrontar a los intrusos y llamar inmediatamente a la Línea 123.

Vecinos del edificio María Mercedes observan las paredes que se desprendieron tras el terremoto y que hoy mantienen evacuadas a varias familias. | Foto: El País

“No queremos que las personas se pongan en riesgo intentando enfrentar por su cuenta una situación de este tipo”, señaló el Secretario de Seguridad de Cali.

El terremoto del 10 de agosto les quitó la posibilidad de volver a sus casas y ahora para muchos también está la incertidumbre de saber si, cuando finalmente puedan regresar, encontrarán las pertenencias que dejaron.

Estas familias aseguraron que no solo esperan que las autoridades determinen lo que ocurrirá con los edificios en riesgo. También necesitan que se les permita recuperar sus muebles, electrodomésticos, herramientas de trabajo y, en algunos casos, los elementos que constituían su sustento.

Para ellos, volver a su casa no significa solamente tener un lugar donde dormir, sino recuperar una parte de la vida que quedó en pausa desde que se movió la Tierra.