1. El arte de resistir

Un día después del terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el suroccidente de Colombia, el pasado 10 de agosto, comenzaron a circular mensajes en WhatsApp y en redes sociales afirmando que el emblemático Hotel Aristi, ubicado en el centro de Cali, había colapsado por el movimiento telúrico.

En medio de todas las imágenes de destrucción en la ciudad y, aunque no había confirmación oficial de estos mensajes, muchas personas se apresuraron a lamentar la desaparición de esta edificación histórico.

Pero no fue así. Habían caído en un engaño, bastaba con acercarse a la esquina de la Carrera 9 con Calle 10, en el #10-04 del centro de Cali, para observar el edificio —inaugurado en 1951 por el empresario cafetero y comerciante Adolfo Aristizábal Llano—, incólume con sus 10 pisos y su fachada Art Decó. Se trataba de fakes news malintencionadas, por lo que voceros del hotel desmintieron que la edificación estuviera en riesgo.

“El Hotel Aristi está en pie. Resistió el sismo con firmeza y con grandeza, como lo que es: una joya de Cali”, expresa Juan Diego Álvarez, director general del Grupo G50 SAS, consorcio antioqueño que adquirió el edificio en 2015.

“Ese día la ciudad tembló, y el Aristi se mantuvo de pie. Su estructura respondió con la solidez de los edificios hechos para perdurar. Hoy podemos decirlo con orgullo: salvamos un patrimonio de Cali. Ese hecho también debe quedar para la historia, porque el Aristi no es solo un edificio, es un Bien de Interés Cultural y es parte de la memoria de generaciones de caleños”, complementa.

El Hotel Aristi, en el centro de Cali, no tuvo afectaciones durante el sismo del pasado 10 de agosto. | Foto: El País

En la actualidad, el edificio funciona bajo la figura de Aristi Centro Comercial y Hotel, que incluye también las estructuras del antiguo Teatro Colón y el Hotel Columbus, que forman el complejo arquitectónico de casi toda la manzana en este sector, colindando solo con la tradicional Iglesia de Santa Rosa de Lima.

En el primer piso se encuentran locales comerciales y una plazoleta de comidas, mientras que en los demás pisos están ubicadas oficinas de empresas y de algunas dependencias distritales, incluido el despacho del alcalde Alejandro Eder, que permanecen allí de forma temporal.

Y, en el décimo piso, o la terraza, donde antes estaba la famosa piscina del Hotel Aristi, un lugar de peregrinaje para las familias caleñas en los años 60, 70 y 80, ahora se encuentra el reconocido gastrobar y discoteca Callao.

Si bien el Grupo G50 viene realizando un proceso de recuperación del conjunto de edificios, declarado patrimonio urbano arquitectónico de Cali, habilitándolo primero como centro comercial, el propósito a largo plazo es devolverle sus funciones de hospedaje de alta gama y centro de eventos, por lo que el Hotel Aristi se caracterizó a lo largo de su historia y hasta el año 2009, cuando cerraron las operaciones hoteleras.

Jorge Alberto Aristizábal Alvira nieto del empresario que fundó el Aristi. | Foto: El País

Según explica Juan Diego Álvarez, “estamos consolidando, junto con un aliado privado, la estructuración del proyecto que devolverá al Hotel Aristi su lugar en el mundo. No vamos a reabrir un hotel cualquiera. Vamos a devolverle a Cali uno de sus íconos, renovado y listo para recibir de nuevo a sus huéspedes con la grandeza que lo ha distinguido siempre”.

Este año, cuando se cumplen los 75 años del Hotel Aristi, se reabrió al público el espacio donde estaba el antiguo teatro, que había dejado de proyectar películas en 1997 y fue alquilado a una comunidad cristiana hasta el 2002.

“Desde esta región, Adolfo Aristizábal Llano creó un emporio empresarial que lo llevó a convertirse en uno de los hombres más importantes de la primera mitad del Siglo XX en Colombia”. Jorge Alberto Aristizábal Alvira

El mismo lugar donde funcionó el Teatro Aristi, inaugurado en 1950, diseñado a semejanza del Radio City Music Hall de Nueva York y con capacidad para 1261 personas, sin duda uno de los templos donde los caleños se apasionaron por el cine, hoy está reactivado en un formato más reducido como el nuevo centro de eventos con temática deportiva La Jugada Aristi.

Centro de eventos donde estuvo el antiguo Teatro Aristi. | Foto: El País

Allí mismo, donde muchas veces —en su niñez y juventud— disfrutó de los estrenos cinematográficos, Jorge Alberto Aristizábal Alvira, nieto del fundador Adolfo Aristizábal Llano, presentó el pasado jueves, 1 de octubre, un documental titulado ‘El visionario’, que realizó en homenaje a quien en su momento modernizó el centro de Cali, erigiendo el complejo arquitectónico del Hotel Aristi, sumando luego otro edificio de residencias, y dejando un lote comprado para una torre de parqueaderos, construidos en frente y diagonal del emblemático hospedaje.

Jorge Alberto cuenta que su abuelo “vino desde el departamento de Antioquia al Valle del Cauca en el año 1910, cuando estaba recién creado este departamento, y se enamoró de Cali, dedicando su esfuerzo, su talento y sus inversiones a un proceso de renovación urbana de la ciudad, consolidando, entre otros, una serie de inmuebles en el centro de la ciudad“.

El documental Adolfo Aristizábal Llano: El Visionario, sobre el empresario y fundador del Hotel Aristi ya está disponible en YouTube:

2. Los años dorados

Nadie mejor que el cineasta caleño Luis Ospina para transmitir la magia del Teatro Aristi en su mejor época: “Todavía recuerdo la angustia que sentí cuando en 1960 (tenía 11 años y la película era para 21) fui el primero en la fila para el estreno de ‘Psicosis’. Después de más de una hora de expectativa logré burlar la censura para ver los interiores de Janet Leigh”, cuenta en su libro de memorias ‘Palabras al viento: Mis sobras completas’.

El 3 de febrero de 1950 abrió sus puertas este templo del cine, la primera película que se proyectó fue ‘Locura de amor’, de Juan de Orduña. Las boletas de entrada costaban $1,20 en platea, y $1 en luneta y balcón.

En este escenario también se presentaron legendarios artistas como el trío Los Panchos, que realizó tres conciertos en abril de 1951, poco antes de que abriera el Hotel Aristi en septiembre del mismo año, convirtiéndose en el epicentro del entretenimiento caleño.

Hernando Aponte, caleño de 78 años, recuerda que en su juventud asistía regularmente a las matinés del Teatro Aristi, “los domingos salíamos de misa y aprovechábamos que estábamos con la pinta, zapatos serios, camisa y saco, para ir luego al teatro, porque era muy elegante y no dejaban entrar si no estabas bien vestido”.

Adolfo Aristizábal Llano (1887-1963), empresario paisa. | Foto: Archivo personal Jorge Alberto Aristizábal

También cuenta que alcanzó a llevar a sus hijos al Hotel Aristi, “era un paseo familiar, recorríamos el edificio en la parte baja, solo ver el lobby era impresionante, no había en Cali un lugar más lujoso y fino, uno esperaba ver algún artista o famoso, además, en el primer piso también había restaurantes, cafés, salones de belleza y hasta una floristería. En los años 60 y 70 no había en Cali algo mejor”.

Como cuentan Ángel María Ocampo Cardona y Jorge Alberto Aristizábal Alvira en el libro ‘Hotel Aristi, su historia’, publicado en 2023, don Adolfo Aristizábal Llano, empresario antioqueño que desde 1910 se radicó en el Valle del Cauca, donde forjó su fortuna con el comercio internacional y la exportación de café, había adquirido los lotes adyacentes a la Iglesia de Santa Rosa, iniciando desde los años 40 la construcción de edificaciones modernas en el sector.

La inmensa fortuna que tuvo en vida acompañó a don Adolfo aun después de muerto, el 31 de diciembre de 1963, pues su tumba —diseñada por el arquitecto Gerardo Posada y declarada bien de interés cultural—, ubicada en el Cementerio Central de Cali es visitada regularmente por personas que le piden favores, las múltiples placas de agradecimiento adheridas a la lápida lo evidencian.

Con una rapidez sorprendente, para 1943 estaban levantados los edificios del Hotel Columbus y el Teatro Colón que abrieron ese año. Menos de 10 años después, entre 1950 y 1951, abrió justo enseguida el edificio del Teatro y Hotel Aristi, construido “donde estaba el convento de la congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul”.

La obra del Aristi, como detalla Jorge Alberto Aristizábal en su libro, fue encargada al arquitecto mexicano Félix de Mier y Terán, y a “los arquitectos colombianos Álvaro Hernán Calero Tejada y Gerardo Posada González, y el ingeniero Arturo Yusti Nieto”.

“El estilo Art Decó era una tendencia de la época en los edificios de la Florida y California en Estados Unidos, muy adecuados para ciudades soleadas y cercanas al mar”, comenta Jorge Alberto.

Aviso de la inauguración del Teatro Aristi en 1951. | Foto: Archivo personal Jorge Alberto Aristizábal

De hecho, “hace unos 10 años estuvo aquí en Cali un hijo de Félix de Mier y cuando vio el Hotel Aristi me dijo que le recordaba otras construcciones de su padre, y que hay un edificio muy parecido a este en Miami”, agrega.

Este complejo arquitectónico fue pionero en el comercio y el entretenimiento, por cuanto trajo una dinámica de centro comercial con productos de alta gama mucho antes de que existieran Unicentro, Cosmocentro y Chipichape.

Al mismo tiempo, como hospedaje de lujo y centro de eventos convocaba a los artistas más celebrados del momento, así como a importantes personalidades de la cultura y la política.

Hotel Aristi en sus años dorados. | Foto: Archivo personal Jorge Alberto Aristizábal

Ya es leyenda que en el Hotel Aristi estuvieron figuras como Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’, Mario Moreno ‘Cantinflas’, Celia Cruz, Héctor Lavoe, Richie Ray y Bobby Cruz, Rocío Dúrcal, Daniel Santos, Fernando González ‘Pacheco’, Carlos ‘El gordo’ Benjumea, y presidentes colombianos, entre ellos, Gustavo Rojas Pinilla y Alfonso López Michelsen.

El Aristi también fue hogar de la actriz y directora de teatro Fanny Mikey, quien vivió por más 8 años en la habitación 723. Mientras que Carlos Mayolo se quedaba por largas temporadas y, en 1989, cuando dirige la telenovela ‘Azúcar’, graba algunas escenas en el grill subterráneo del edificio. Tampoco puede olvidarse que el empresario de la salsa, Larry Landa tenía casi como oficina el grill subterráneo y el lobby del Aristi.

La piscina en el décimo piso del edificio, con una vista panorámica de Cali, era uno de los mayores atractivos. | Foto: Archivo personal Jorge Alberto Aristizábal

Entre los años 2009 y 2015, el Hotel Aristi albergó diferentes oficinas de la industria cultural. El grupo Chocquibtown grabó un video en sus instalaciones.

3. La historia continúa

Al cumplirse 75 años de su apertura, el Hotel Aristi continúa resistiendo como un referente de la Cali vieja, avivando la nostalgia por una época irrepetible. Pero, la edificación, también es un cuestionamiento sobre el abandono, la representación de un sueño inconcluso: el de recuperar el centro de la ciudad.

Para Fabiola Aguirre, arquitecta y urbanista caleña, “el Aristi, construido por el empresario Adolfo Aristizábal Llano en el sector del centro, es mucho más que un edificio en estilo Art Déco. Es una pieza urbana fundacional”.

“Apostarle al Centro cuando este empezaba a deteriorarse fue un acto de urbanismo. Ese gesto generó un conjunto de cuatro edificios —Columbus y Teatro Colón, el Aristi y Teatro Aristi, las Residencias y la Torre Parqueadero— que durante tres décadas construyó ciudad y que hoy es patrimonio urbano-arquitectónico. Pero su valor no es solo tangible. Hay un patrimonio intangible que debemos valorar”, sostiene.

Hotel Aristi en sus años dorados. | Foto: Archivo personal Jorge Alberto Aristizábal

Por un lado, la arquitecta destaca “la memoria cultural: entre los años 50 y 60, este hotel y sus dos teatros albergaron la cultura nacional e internacional que llegaba a Cali —la ópera, el teatro lírico, los grandes cantantes y músicos que entraban por Buenaventura. Esa música antillana que llegó por el puerto y que Cali convirtió en salsa también se gestó en estos salones”.

Y por otro lado, “los empresarios que invirtieron en los sitios urbanos de la ciudad para crear los hitos urbanos. Esa visión de crear ciudad es también patrimonio intangible”.

Según Aguirre, “hoy esa misma visión se repite con los inversionistas que decidieron salvarlo y refuncionalizarlo, y que, después de superar todas las dificultades, a través del Ministerio de Cultura en Bogotá , lograron que hoy el edificio sea una plataforma comercial en funcionamiento”.

Juan Diego Álvarez, director del Grupo G50, actuales propietarios. | Foto: El País

En conclusión, afirma que en el marco de la celebración de sus 75 años, el Aristi tiene un mensaje claro para Cali, “que nuestro centro histórico no necesita más actitudes negativas. Necesita que apliquemos la norma integral completa, pero con voluntad de buscar el cómo se dinamiza que los inversionistas puedan salvar los Bienes de Interés Cultural. El caso Aristi no es el ejemplo perfecto, pero es la demostración de que cuando queremos, podemos”.

En este sentido, Juan Diego Álvarez, director general del Grupo G50, asegura que “a medida que nosotros revitalizamos el Aristi, otros empresarios han venido sumándose. Hemos dado ese ejemplo de cómo el patrimonio cultural puede coexistir con el comercio, porque muchos piensan que tener uno de estos inmuebles es un dolor de cabeza, porque no pueden hacer muchas intervenciones, pero si uno lo sabe enfocar, sabe a darle un buen manejo, puede ser una inversión exitosa que, además, conserva el patrimonio cultural y la memoria de una ciudad”.