El fenómeno de El Niño ya se hace sentir en la capital del Valle del Cauca a través de uno de sus principales efectos: la disminución de la disponibilidad de agua.
Los bajos caudales de los ríos Cali y Meléndez mantienen en vigilancia el sistema de abastecimiento y han llevado a implementar alternancia del servicio en sectores de las comunas 18 y 20, mientras las altas temperaturas y las condiciones secas aumentan la presión sobre los ecosistemas y el riesgo de incendios.
Aunque en los últimos días se han presentado lluvias en diferentes zonas del país, estas no significan que las condiciones generadas por el fenómeno hayan desaparecido. De hecho, Emcali reporta que las precipitaciones permitieron una leve recuperación de los caudales, pero no fueron suficientes para superar la contingencia que atraviesan el Cali y el Meléndez.
La explicación está en el comportamiento general de El Niño. Catalina González Arango, profesora del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes, ingeniera forestal y magíster en Bosques y Conservación, señala que el fenómeno se expresa en Colombia, particularmente en las regiones Andina, Caribe y Pacífica, con una disminución de las lluvias respecto de lo habitual y temperaturas más altas.
“El Niño que ya se está desarrollando plenamente, es, como sabemos, anormalmente intenso”, explicó la experta.
En estas condiciones, según comentó González, el problema no está únicamente en que llueva menos. Las temperaturas elevadas también favorecen una mayor evaporación, por lo que parte del agua que llega al suelo o a los cuerpos de agua puede perderse rápidamente. Ese comportamiento termina afectando los caudales y la disponibilidad del recurso.
El agua, uno de los primeros efectos
En Cali, la situación se refleja principalmente en los ríos que abastecen el sistema de acueducto.
La ciudad cuenta con cuatro fuentes principales: Cauca, Cali, Meléndez y Pance. Cabe señalar que el primero de ellos aporta cerca del 80 % del agua que se potabiliza en la ciudad y, por ahora, mantiene condiciones que permiten operar las plantas que dependen de él.
El panorama es diferente en los ríos de montaña. Durante la última semana, el Meléndez registró un caudal promedio de 0,25 metros cúbicos por segundo, muy por debajo de su nivel mínimo de captación, establecido en 0,90 metros cúbicos por segundo. El fin de semana llegó a 0,48 metros cúbicos por segundo, pero ese incremento no fue suficiente para recuperar las condiciones del afluente.
El Meléndez es fundamental para el abastecimiento de agua en la capital vallecaucana, a través de la planta de La Reforma.
El río Cali también mantiene niveles que requieren seguimiento. Su promedio durante la última semana fue de 1,47 metros cúbicos por segundo.
Después de alcanzar 1,96 durante el fin de semana, el 29 de septiembre registró 1,68 metros cúbicos por segundo. Este afluente abastece sectores del centro histórico, la red hospitalaria y parte de las comunas 18 y 20 mediante la planta Río Cali.
Por eso, aunque el abastecimiento general de la ciudad se mantiene estable, Emcali estableció un esquema de alternancia para algunos sectores de las comunas 18 y 20, precisamente por su dependencia de los ríos Cali y Meléndez.
La situación tiene una dimensión más concreta en los barrios de ladera. Alejandro Pazos, edil de la Comuna 18, asegura que la intermitencia no se ha cumplido de manera uniforme y que algunas familias han tenido que recurrir a carros tanque, a las lluvias o a las horas en las que retorna el servicio.
Entre los sectores que identifica como afectados están Altos de La Luisa, Alto Jordán, Alto Nápoles, Alto Los Chorros, Alto Meléndez y Pampas del Mirador. Y señala que, cuando corresponde el turno de alternancia, algunas zonas llegan a tener entre dos y tres horas de agua, frente a las 24 horas que, explica, deberían estar garantizadas.
La situación, agrega Pazos, también ha generado dificultades para actividades cotidianas como lavar uniformes, tomar duchas o preparar alimentos, especialmente en los comedores comunitarios de la zona.
La ola de calor aumenta
Los bajos caudales son apenas una parte de los efectos asociados al fenómeno. Las condiciones de sequedad y las altas temperaturas también modifican el comportamiento de los ecosistemas y aumentan la posibilidad de que se presenten incendios.
González explica que, cuando disminuyen las lluvias y aumenta el calor, los pastos, los bosques y otras coberturas vegetales pierden humedad y se convierten en material más inflamable. En esas condiciones, un incendio en ellos puede propagarse con mayor rapidez y ser más difícil de controlar.
El problema se vuelve más complejo cuando las fuentes de agua también presentan bajos niveles. De acuerdo con la experta, la reducción de la disponibilidad hídrica limita, además, el recurso que puede utilizarse para atender incendios.
El impacto no se queda en los bosques. La falta de agua genera estrés en los ecosistemas, afecta los suelos y puede llevar a que algunas coberturas vegetales pierdan hojas o incluso que determinados árboles mueran.
También hay consecuencias para actividades productivas. La especialista advierte sobre afectaciones en cultivos y ganadería, así como sobre posibles efectos en el precio de los alimentos.
En materia de salud, menciona las olas de calor, problemas respiratorios relacionados con la calidad del aire y los incendios y enfermedades transmitidas por vectores.
En ese sentido, El Niño no puede entenderse únicamente como un fenómeno relacionado con el agua que llega a los hogares. Sus efectos se extienden a diferentes sectores y tienen una relación directa con el estado de los ecosistemas.
En Cali, una muestra de esa presión sobre los ecosistemas urbanos se observó recientemente en el humedal El Limonar, en la Comuna 17.
Ante las condiciones de sequía, la CVC tuvo que suministrarle 44.000 litros de agua no potable para mantener sus condiciones. El humedal es el único de Cali que no cuenta con un ingreso permanente de agua, por lo que depende en buena medida de las precipitaciones.
La situación muestra que la reducción de las lluvias no afecta únicamente las fuentes usadas para el consumo humano. También alcanza espacios naturales que cumplen funciones ambientales dentro de la ciudad.
En ese sentido, las precipitaciones de los últimos días han generado una recuperación leve en los ríos Cali y Meléndez. Sin embargo, la cantidad, la duración y el lugar donde llueva determinan qué tanto se puede beneficiar realmente a una fuente hídrica.
González explica que una lluvia muy intensa y de corta duración, después de un periodo seco, puede generar escorrentía y erosión, porque el suelo pierde capacidad para absorber el agua.
En cambio, una precipitación más continua puede contribuir a recuperar la humedad del suelo y, si se mantiene en el tiempo, favorecer posteriormente el aumento de los caudales.
Además, incluso cuando ingresa agua a un embalse, las altas temperaturas pueden mantener elevados los niveles de evaporación.
Por eso, la presencia de lluvias no representa automáticamente una recuperación de las fuentes hídricas. En Cali, por ahora, los registros de los ríos Cali y Meléndez muestran que el sistema continúa bajo presión.
Ante este escenario, Emcali mantiene activo un protocolo de contingencia que incluye el Comité Unificado para la Mitigación del Estiaje, encargado del seguimiento de caudales y alertas; bombeos y trasvases entre la red baja, abastecida por el Cauca, y la red alta, relacionada con los ríos; además de campañas de ahorro de agua.
La empresa también anunció que mantendrá el seguimiento de las condiciones de los ríos y reforzará los esquemas de compensación mediante bombeo, si persisten los bajos caudales.
Mientras tanto, la recomendación para los hogares es reducir el consumo. Emcali plantea duchas de entre tres y cinco minutos, evitar el uso de mangueras para lavar vehículos o espacios exteriores, reutilizar el agua fría que sale de la ducha mientras se calienta, usar la lavadora con cargas completas y reparar fugas.
Pero para Catalina González el llamado durante el fenómeno de El Niño debe ir más allá del ahorro de agua. La experta considera necesario que los ciudadanos también revisen la manera en que utilizan la energía, especialmente en momentos de altas temperaturas.
El uso de aires acondicionados, por ejemplo, puede aumentar de manera considerable el consumo energético. Por eso sugiere utilizarlos únicamente cuando sea necesario y optimizar su funcionamiento.
Aunque los ventiladores también representan un consumo, el gasto energético de los aires acondicionados es mayor, por lo que reducir su uso puede contribuir a disminuir la presión sobre el sistema energético.
“Una forma de ahorrar agua es ahorrando energía”, plantea González, al recordar que en Colombia una parte importante de la generación eléctrica depende del recurso hídrico.
La relación, explica, es directa: cuando se consume más energía, también se está demandando agua para su generación.
La especialista plantea, además, que a mediano plazo las ciudades deben pensar en formas distintas de mantener frescos los espacios, desde la manera en que se construyen y ventilan las viviendas hasta la incorporación de más árboles que ayuden a contener las altas temperaturas.
En el corto plazo, insiste en medidas sencillas: duchas más cortas, lavadoras con cargas completas, uso racional de los electrodomésticos y cuidado permanente de ríos, quebradas y demás fuentes hídricas.
El comportamiento de los ríos será, por ahora, uno de los principales indicadores para determinar cómo evoluciona el abastecimiento en Cali.
Pero El Niño plantea una mirada más amplia: el agua disponible, las temperaturas, los incendios, el consumo de energía y el estado de los ecosistemas están conectados.
Así, para la capital del Valle, el desafío no está únicamente en esperar la próxima lluvia. También está en reducir la presión sobre los recursos mientras persistan las condiciones secas y, al mismo tiempo, cuidar y hacer seguimiento a unas fuentes que, especialmente en la zona de ladera, ya muestran los efectos de la temporada y requieren especial atención.