Los científicos Pelayo Correa y Nubia Muñoz, profesor y egresada de la Universidad del Valle, honrados por sus vidas dedicadas a investigar el cáncer. Ovacionados.
Era el hijo del farmaceuta del pueblo. Y no de cualquier pueblo, sino de Sonsón, cuna de los arrieros de la colonización antioqueña, que poblaron el Eje Cafetero y sus alrededores.
Pelayo de Jesús Correa Vélez típico nombre de pila paisa nació casi con el siglo, un 3 de julio de 1927. Aventajado estudiante, a los 22 años ya se había graduado de médico en la Universidad de Antioquia (1949).
De allí sus primeras investigaciones sobre el cáncer de la región, realizadas entre 1944 y 1951, reconocidas por la Fundación Kellog, que lo becó para realizar su especialización como patólogo en la Universidad de Emory, Estados Unidos.
En una intensa y extensa carrera de investigador en cáncer gástrico, su hoja de vida suma más de 600 publicaciones y 50 distinciones. Y la Universidad del Valle, de la que fue docente, le sumó el doctorado Honoris Causa en Salud que le confirió el pasado 29 de julio en Cali.
Radicado hace más de 20 años en Nashville, Estados Unidos, esta distinción lo trajo de nuevo al alma mater, 46 años después de haberse ido a Estados Unidos. Ceremonia en la cual se reencontró con la epidemióloga caleña Nubia Muñoz Calero, quien también fue distinguida con el título Honoris Causa en Salud, por sus valiosos aportes en las investigaciones de cáncer de cuello uterino y papiloma humano.
Ambos doctorantes evocaron los tiempos en que Nubia fue alumna del profesor Pelayo, cuando ella empezaba su carrera de Medicina en la Universidad del Valle, y él era el jefe del Departamento de Patología allí. De hecho, ella participó en las primeras encuestas y y etapas de registro de cáncer en Cali. Estudios que la motivaron a especializarse en Patología en la misma universidad.
Compartir este reconocimiento con Nubia tiene una connotación especial y me lleva a recordar los tiempos en que trabajamos juntos en la investigación del cáncer, esfuerzos que apenas comenzaban en la Universidad del Valle. En ese entonces, Nubia era mi alumna, una discípula brillante y con sueños de mejorar el mundo. Yo continué por el camino del cáncer gástrico y ella se dedicó plenamente al cáncer de cérvix, área en la cual hizo aportes muy significativos, escribió el profesor Pelayo en su discurso de agradecimiento, que leyó su hijo, también médico patólogo, Hernán Correa Gracián.
Pelayo Correa, como es conocido en el mundo científico, regresó de Estados Unidos en 1954 como profesor de Patología de la Universidad del Valle, departamento que fundó y dirigió hasta 1970, como fundó también la Sociedad Colombiana de Patología, que no existía en el país.
Como tampoco había una estadística de cáncer y él fue el primero que tuvo la idea y la disciplina de recopilar datos sobre el tema.
Así publicó el Registro Poblacional en Cáncer en Cali, RPCC, el primero no solo en Colombia sino en América Latina, proyecto que realizó con sus colegas Carlos Cuello y Guillermo Llanos, en asocio con el profesor William Haenszel, jefe de Biometría del Instituto Nacional de Cáncer, en Washington, EE. UU.
Con el RPCC, Pelayo encontró una alta incidencia de cáncer gástrico y eso lo inquietó. Durante los 16 años que estuvo en la Universidad del Valle, se concentró en buscar las posibles causas de esa patología.
Y documentando resultados de autopsias de 1500 adultos y cruzando datos, descubrió que la mayoría (58 %) de estos pacientes, provenían de Nariño, frente a 19 % de Cali y 21 % de las costas. Y observó que las lesiones cancerosas de estómago eran más grandes en los nariñenses.
Esto lo llevó a ahondar más en las causas de tan alta prevalencia. Formó dos centros de investigación, uno en Túquerres, donde hizo la caracterización de las etapas de formación de la enfermedad, conocida en el ámbito oncológico como la cascada precancerosa de Correa.
Lo que en su discurso de doctorante, calificó como un generoso reconocimiento con el cual me siento muy honrado. Este modelo, creado hace más de 40 años, es aún aceptado internacionalmente. También halló relación entre los pacientes de cáncer gástrico y un excesivo consumo de sal y baja ingesta de frutas.
Entonces hizo un ensayo clínico con antibióticos y suplementos dietéticos antioxidantes para erradicar la infección de la bacteria Helicobater pylori, causa de la gastritis, y documentó la disminución en la progresión de lesiones precancerosas.
Pelayo, en su discurso, destacó la colaboración de sus colegas en su carrera, pero sitial de honor le dio a su esposa Rosario Gracián de Correa, con quien tiene cuatro hijos: Hernán, patólogo, como su padre; Gonzalo, radiólogo y Ana María, psicóloga. El mayor, Miguel, está pensionado.
Su devoción por la ciencia le trajo hasta el amor, cuando participó en 1950 en la comitiva que recibió en el aeropuerto de Medellín al profesor Miguel Gracián, proveniente de España. Allí vi por primera vez a Rosario, una de sus hijas, quien se convertiría en mi esposa. Rosario, quien me ha soportado pacientemente durante los últimos 63 años, siempre estuvo al tanto de alentar y estimular mi carrera, poniendo mis intereses profesionales por delante de los suyos, comprendiendo el tiempo que dejaba de dedicarle por mi trabajo, y convirtiéndose en mi mejor aliada, reconoció en un lindo gesto.
[[nid:561914;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/08/univalle-doctorados.jpg;full;{El placer más grandees haber recibido este reconocimiento junto a mi querido profesor Pelayo: Nubia Muñoz.Foto: Anthony Bocanegra | Especial para El País}]]
Por su parte, Nubia es la primera mujer colombiana nominada al Premio Nobel de Medicina en 2008, en la primera vez que un científico del país logra este mérito. Su postulación fue por sus estudios epidemiológicos que identificaron y demostraron que el virus del papiloma humano causa el cáncer de cuello uterino, que sacrifica millones de vidas al año.
Estudios que fueron la base para la creación de la vacuna contra ese virus, VPH, que se aplica en 77 países, y avalada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, IARC, en Lyon, Francia, entidad en la que trabaja desde 1970.
También identificó y clasificó los virus papiloma en los de alto y bajo riesgo, decisivo para el desarrollo de la vacuna. Aportes reseñados en más de 390 artículos suyos publicados en revistas científicas, en doce libros y monografías editados y en más de 1200 ponencias en congresos.
Su contribución ya no se mide en citas, como se estila en el mundo científico, sino en vidas humanas, dijo el doctor Gerardo Campo Cabal, decano de la Facultad de Salud, en la presentación de su semblanza.
Ambos doctorantes agradecieron a un largo listado de amigos, colegas y colaboradores para llegar a logros tan importantes. Saben que la ciencia no se hace sola, se necesita trabajar en equipo con profesionales con igual dedicación y compromiso. De hecho, Nubia confesó en su discurso de agradecimiento que cuando le comentaron que la iban a postular para este doctorado, aceptó recibirlo sí, solo sí, se lo conferían también al Dr. Pelayo, su maestro y mentor.
También ella dejó sobre la mesa la reflexión de por qué los títulos Honoris Causa de la Universidad del Valle, han sido otorgados en Filosofía y porqué no en salud, si es una de las áreas emblemáticas de esta institución de educación superior.
Hernán, hijo de Pelayo, confesó que siempre recibió el consejo oportuno y riguroso de él, no solo como padre, sino como científico. Siempre lo consulté y siempre ha estado dispuesto a darle respuesta a quien lo requiera; es muy generoso en su conocimiento, declaró y añadió que era muy estricto y exigente con lo que el hijo del farmaceuta de Sonsón llamaba el onceavo mandamiento: Paciencia y perseverancia.
Pelayo en distinciones Premio de Investigación Schering a Estudiantes de Medicina en Colombia, 1951. Medalla del Centenario del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de EE. UU. 1962. Miembro Honorario de sociedades latinoamericana, colombianas y españolas de Patología, Anatomía Patológica, mastología y Epidemiología. Premio al Mérito Fondo de la princesa Takamatsu en Investigación Cáncer, 1989.Premio de la Sociedad Americana del Cáncer, 1992.Miembro del Consejo Asesor Nacional del Cáncer, 1992- 1998, por nombramiento presidencial.Premio Logro Distinguido de la Sociedad Americana de Oncología Preventiva, 1995.Medalla Marshall and Warren, 2009.Premio Jane Cooke Wright, Premio a la Cátedra 2012 y Premio al Logro Distinguido Asociación Americana de Gastroenterología, 2013.
Nubia en distincionesDoctor Honoris Causa de la Universidad de Antioquia y de la Universidad de Mc-Gill en Canadá.Premio Distinguished Alumna y miembro de la Society of Scholars de la Universiddad de Johns Hopkins. Premio Distinguished Epidemiologist de tres Sociedades de Epidemiología de Nortea- mérica; premio Sir Richard Doll de la Asociación Internacional de Epidemiología, y de la Fundación Bruchbacher en Zúrich.Premio Canadá Gairdner Global Heal-thAward; Medalla de Honor de la IARC en Lyon y Chevalier de la LegiondHonneur, de Francia.Cruz de Boyacá 2011 y Premio de Ciencias de la Fundación Alejandro Ángel Escobar 2014.