Por tercer año consecutivo, Cali superó los 500 casos de desnutrición aguda en menores de 5 años, según el más reciente informe del programa Cali Cómo Vamos.

En 2025 se registraron 507 casos, una cifra que muestra una leve reducción frente a 2024, cuando se reportaron 536, y que se suma a 2023, cuando se contabilizaron 506. Pese a ello, se mantiene encendida la alerta sobre la situación nutricional de la primera infancia.

El dato no llega solo. El año pasado el 28,4 % de los niños diagnosticados requirió hospitalización —144 de los 507 casos—, el porcentaje más alto de los últimos nueve años.

“Es un reto para la ciudad, porque vemos que se ha presentado un deterioro en el indicador. En 2020 fueron 329 casos; en 2021 también se mantuvo por debajo de los 400. Y Cali, después de un par de años, desde 2019, no alcanzaba esas cifras superiores a los 500 casos de desnutrición aguda, con un elemento que es agravante: se alcanzó el mayor porcentaje de menores con desnutrición aguda que requirieron hospitalización”, ilustra Danny Angarita, director de Cali Cómo Vamos.

Desde la Secretaría de Salud Distrital, la lectura es más matizada: “Si bien el número absoluto de casos ha estado por encima de 500 en algunos años, esto no equivale automáticamente a un deterioro del evento, y de hecho los datos más recientes muestran señales de estabilización e incluso mejora”.

Según esa dependencia, parte del aumento se explica por una mejor detección de casos gracias al fortalecimiento del sistema de vigilancia epidemiológica.

“Un mayor número de casos notificados también refleja un mejor sistema de vigilancia, no necesariamente un aumento real del problema”, aclaran.

Evolución del número de casos de desnutrición aguda en menores de cinco años en Cali y porcentaje de menores que requirieron hospitalización entre 2017 y 2025. Fuente: Secretaría de Salud de Cali – Cálculos Cali Cómo Vamos. | Foto: El País

Distrito de Aguablanca: el epicentro de la desnutrición

La distribución territorial de los casos evidencia una profunda desigualdad.

El 41 % de los niños con desnutrición aguda se concentra en el Distrito de Aguablanca. Allí, el mayor número de casos se presenta en la Comuna 14, con 61; seguidos de la 21, con 53; la 15, con 51, y la 13, con 44.

A nivel de barrios, Manuela Beltrán registra quince casos, Mojica, doce, y El Vergel, once, siendo los sectores con mayor número de reportes, de acuerdo con el informe de Cali Cómo Vamos.

En el 82 % de los casos de desnutrición aguda reportados en 2025 los menores habitaban en hogares de estratos 1 o 2, lo que corresponde a 417 registros.

Para la Secretaría de Salud de Cali, esta concentración responde a “una desigualdad territorial profunda, donde confluyen determinantes estructurales como pobreza, inseguridad alimentaria y vulnerabilidad social. Esto obliga a mantener un enfoque diferencial y territorializado”.

En menor medida, fuera del área urbana la situación también tiene presencia: en la zona rural se reportaron once casos y en la de expansión, siete.

Lo que implica la desnutrición aguda

La desnutrición aguda no es solo un número en un informe. Es una condición que afecta directamente el desarrollo físico, cognitivo y social de los niños.

“No debería haber ningún caso”, dice el nutricionista Juan Carlos Burgos de la Fundación Éxito. “Es una enfermedad que disminuye las capacidades físicas y de salud en el niño” y lo pone “en desventaja con otros niños que no tienen esa patología para afrontar el día a día, el estudio, las actividades físicas, el crecimiento como tal y el desarrollo”.

Aunque los números de Cali pueden parecer altos, al llevarlos a proporción se acercan al comportamiento nacional.

Burgos explica que “para la proyección de población infantil, menor de 5 años en la ciudad de Cali, esta cifra de 500 casos representaba aproximadamente el 0,4 % (...). Para 2025, Colombia presentaba una prevalencia de 0,56”, lo que ubica a la ciudad en niveles similares al promedio del país.

Este tipo de desnutrición ocurre cuando un niño no tiene el peso adecuado para su estatura. En la mayoría de las situaciones está asociada a problemas de alimentación desde los primeros meses de vida e incluso desde la gestación.

“Hablamos de desnutrición aguda primaria cuando es causada por una inadecuada alimentación, partiendo de que desde los primeros momentos de la vida del niño no se provee la leche materna, que es el alimento más adecuado para este. En etapas anteriores al nacimiento, como lo es la gestación, que es el momento del cuidado de la madre, en donde, si esta no tiene los cuidados, la alimentación adecuada y los controles requeridos, va a tener una probabilidad incrementada frente a otras mamás que sí tienen esos controles de que su niño tenga desnutrición en etapas posteriores”, detalla el especialista.

También existe una forma secundaria, relacionada con enfermedades, “cuando esta disminución del peso para la estatura en los niños es causada, por ejemplo, por una cardiopatía, por un problema en los riñones o por una situación clínica o médica”.

En contextos como los que describe el informe, predomina la primera: “Podemos interpretar que todos estos casos hablan de una desnutrición aguda primaria, que es por falta de alimentación o adecuados cuidados”, añade Burgos.

Las consecuencias son casi inmediatas y progresivas. “Van a tener menor probabilidad de afrontar enfermedades que se presenten en la primera infancia. Por ejemplo, para un niño que tiene un peso adecuado para su estatura, una gripa o una enfermedad diarreica de pronto no pasará del malestar de unos pocos días y se solucionará sin ningún inconveniente, pero para un niño que tiene desnutrición aguda, el sistema inmunológico, las defensas, no van a ser tan efectivas al momento de responder a esa infección respiratoria o a esa infección gastrointestinal”.

En los casos más extremos, “puede llevarlo a la muerte”, pero incluso cuando no ocurre ese desenlace, el impacto se acumula. La repetición de episodios puede derivar en desnutrición crónica y un retraso en el crecimiento.

De acuerdo con la misma fuente, las secuelas de largo plazo son profundas: “Los niños con desnutrición crónica, muchas veces derivada de desnutriciones agudas repetitivas, tienden a presentar hasta cinco años menos de escolaridad y catorce puntos menos de coeficiente intelectual. En edades adultas, por ejemplo, los ingresos pueden reducirse en un 54 % frente a quienes no presentaron ese fenómeno”.

Aun así, hay margen de recuperación si se actúa a tiempo, siempre que exista seguimiento médico y nutricional.

De hecho, según la experiencia de la Fundación Éxito, “de cada cinco niños que la presentan en un momento inicial, cuatro logran recuperarse” satisfactoriamente.

Cali busca avanzar hacia un modelo estructural de gestión del riesgo que integre la desnutrición en el seguimiento familiar, permita monitorear los casos en el tiempo y garantice recuperaciones sostenidas. | Foto: Colprensa

Bajo peso al nacer: una alerta temprana

El informe, a partir de datos de Estadísticas Vitales del Dane, también advierte sobre otro indicador clave: el bajo peso al nacer. En 2025, el 10,7 % de los recién nacidos en Cali (1767 de los 16.583) pesaron menos de 2500 gramos, completando cuatro años consecutivos por encima del 10 %.

Dentro de este grupo preocupa especialmente el aumento de los casos de bajo peso extremo (menos de 1000 gramos), que crecieron un 7,6 % (de 119 a 128) y alcanzaron su nivel más alto en tres años. “Es el grupo de nacidos con mayor riesgo de mortalidad, evidenciando la necesidad de fortalecer las intervenciones en salud materna integral para prevenir su ocurrencia”, considera Angarita.

¿Qué se está haciendo?

Desde la institucionalidad, la respuesta se ha centrado en fortalecer la detección, el seguimiento y la atención de los casos, bajo un enfoque integral y territorializado.

La Secretaría de Salud de Cali destaca que se ha consolidado el uso del Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional y la búsqueda activa comunitaria, lo que ha permitido mejorar la identificación temprana de niños en riesgo, reducir el subregistro y activar rutas de atención más oportunas.

Este proceso se complementa con tamizajes en servicios de salud, centros de desarrollo infantil, instituciones educativas y comunidades.

En los territorios más afectados se han intensificado las intervenciones con búsquedas casa a casa, gestores nutricionales y seguimiento nominal a los casos y sus familias, particularmente en las comunas 13, 14, 15, 18 y 20.

En paralelo, se ha fortalecido la atención integral del niño con desnutrición, con rutas clínicas —ambulatorias y hospitalarias—, hospitalización oportuna de reportes severos, suministro de fórmulas terapéuticas y seguimiento continuo hasta la recuperación.

Actualmente se hace seguimiento domiciliario al 76 % de los casos y más del 50 % de los niños intervenidos está en proceso de recuperación. Además, se han entregado apoyos alimentarios a más de la mitad de los hogares.

A estas acciones se suma un énfasis en la salud materna como eje de prevención, con estrategias como la captación temprana de gestantes, el fortalecimiento del control prenatal, la identificación de riesgos nutricionales y sociales, y el seguimiento a madres adolescentes y multíparas.