Por Mauro Díaz, empresario sector cultural y creativo - Columna de opinión
Hay ciudades que se desarrollan construyendo grandes obras de infraestructura. Otras, grandes avenidas o parques industriales. Cali ha construido algo mucho más difícil y valioso para Colombia: una identidad. Una ciudad donde la alegría no es un eslogan, sino una forma de vivir; donde la salsa no solo se baila, sino que se convierte en lenguaje; donde el Pacífico encuentra una de sus voces más poderosas; donde la gastronomía, el cine, el diseño, las artes digitales, el arte urbano y la diversidad cultural conviven para recordarnos que la creatividad es el verdadero patrimonio de nuestra gente.
Durante años hemos hablado de la cultura como un sector que debe protegerse. Hoy el mundo entiende que también debe impulsarse. Los proyectos culturales y creativos son una herramienta para generar empleo, atraer turismo, fortalecer la identidad y proyectar internacionalmente a las ciudades. Cali lo ha entendido. En 2023, la economía cultural y creativa representó el 1,5 % del PIB de la ciudad y su valor agregado creció, en promedio, un 7,94 % anual durante la última década, demostrando que la creatividad también es desarrollo económico.
Pero las cifras solo explican una parte de la historia. La verdadera riqueza de Cali está en su capacidad para reunir expresiones de las industrias creativas y culturales que pocas ciudades del continente logran integrar con tanta naturalidad. Aquí conviven la marimba del Pacífico y los estudios audiovisuales; las escuelas de salsa y los desarrolladores de software; el patrimonio histórico y los artistas digitales; las cocinas tradicionales y los laboratorios de innovación. Esa mezcla ha convertido a Cali en un ecosistema creativo vivo, donde la tradición no compite con la tecnología, sino que encuentra en ella nuevas formas de crecer y llegar al mundo.
No es casualidad que la Unesco haya reconocido a Cali como Ciudad Creativa en la categoría Media Arts, siendo la única de Sudamérica en esta categoría. Ese reconocimiento no fue un premio a un proyecto específico; fue el reconocimiento a una ciudad capaz de unir arte, patrimonio, tecnología y talento para crear nuevas maneras de contar historias, preservar la memoria y ofrecer experiencias culturales con impacto global. Las Media Arts no sustituyen nuestras tradiciones; las amplifican y las acercan a las nuevas generaciones.
Hoy Colombia inicia un nuevo ciclo político desde Cali. Más allá del simbolismo de este momento, quisiera pensar que representa una oportunidad para que el Gobierno Nacional vuelva la mirada hacia una ciudad que ha demostrado que la cultura puede convertirse en un proyecto de desarrollo importante. En pocos días comenzará una nueva edición del Festival Petronio Álvarez, la mayor celebración de la cultura del Pacífico colombiano; luego el Festival Mundial de Salsa y la Feria de Cali, que año tras año moviliza millones de personas y genera un importante impacto económico. Son apenas tres ejemplos de una ciudad que produce cultura durante todo el año y que ha convertido la creatividad en una de sus mayores fortalezas.
Por eso, el gran reto de la nueva ministra de Cultura, Paola Holguín no solo debería ser acompañar los grandes festivales. El verdadero desafío consiste en fortalecer el ecosistema cultural de Cali que los hace posibles: invertir en formación artística, apoyar a los emprendedores culturales, consolidar las industrias creativas, impulsar la internacionalización de nuestros creadores, fortalecer las artes digitales y generar políticas que permitan que miles de jóvenes encuentren en la cultura una oportunidad de vida y que las expresiones culturales de Cali tengan un gran impacto a nivel nacional.
Invertir en cultura no es un lujo. Es invertir en convivencia, en educación, en innovación, en turismo, en empleo y en desarrollo. Cada estudio creativo que abre sus puertas, cada colectivo artístico que crece, cada escuela de salsa que forma nuevas generaciones, cada producción audiovisual que elige a Cali como escenario, cada proyecto que mezcla tradición con tecnología demuestra que la creatividad puede transformar vidas y abrir el camino a nuevas oportunidades.
Quiero que dentro de diez años no solo recordemos este como un acontecimiento histórico porque el presidente Abelardo de La Espriella tomó posesión en Cali, sino porque fue el momento oportuno en que Colombia decidió creer de verdad en el inmenso potencial cultural de esta ciudad. Porque cuando se invierte en la cultura de Cali no solo gana una región. Gana Colombia. Y pocas inversiones tienen un retorno tan profundo como aquella que fortalece la imaginación, el talento y la capacidad de crear de toda una sociedad.