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América, la gran pasión de Gabriel Ochoa, el técnico que volvió grande a la 'Mecha'

Agosto 09, 2020 - 11:45 p. m. Por:
Redacción de El País
Gabriel Ochoa Uribe

Gabriel Ochoa Uribe, legendario técnico del América de Cali.

Archivo/ El País

Siete títulos y tres finales de Copa Libertadores en casi 12 años como técnico del América hablan de lo que fue un paso brillante de Gabriel Ochoa Uribe como técnico del onceno rojo de Cali.

Acabar en 1979 con la famosa 'Maldición de Garabato', ese mito que nació después de una promesa hecha por Benjamín Urrea, exjugador y exdirectivo, en 1948, cuando pronosticó que América nunca sería campeón del fútbol colombiano, fue la llave que le permitió a Ochoa abrir de par en par las puertas del éxito durante su permanencia en el equipo vallecaucano.

Después vino la seguidilla de títulos, desde 1982 hasta 1986, y uno más en 1990, además de tres finales de Copa Libertadores, siendo el cuadro rojo el primero en jugar más instancias decisivas del torneo internacional.

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“El médico fue un ganador; desde que llegó, recuerdo que en América se hablaba mucho de la famosa 'Maldición de Garabato', que decían que nunca seríamos campeones. Y el doctor nos inculcó una actitud ganadora y nos pidió que no le pusiéramos atención a todo lo que se decía. Desde ese momento fue formando un equipo para ser campeón”, dice el exarquero argentino Carlos Alfredo Gay, titular del América en la final de 1979.

Ochoa, como lo reconocen sus 'alumnos', se entregaba de tiempo completo por una causa llamada América.

“Gracias a Dios tuvimos la bendición de que don Pepino Sangiovanni, que era el presidente, lo convenciera para que viniera al América. Llegó y le dio todo al equipo, aportó lo máximo de él y por eso se dieron los resultados. Él venía de ganar en otros clubes, pero América fue su gran pasión. De hecho, se quedó viviendo en Cali”, señala Luis Eduardo Reyes, el 'Hombre de hierro' que fue un bastión de la zaga escarlata en la era Ochoa.

Otro de los consentidos del técnico, Pedro Sarmiento, da fe de la dedicación de Ochoa por el equipo rojo.

“Pasaba tanto tiempo con el equipo que en los últimos años, en las concentraciones y viajes siempre llevaba a doña Cecilia, su esposa. Y los sábados eran fijas las idas a misa, íbamos de Palmira, donde concentrábamos en Provenza, hasta Buga. Era un hombre dedicado ciento por ciento al América y no solo en la parte futbolística, también en lo personal y en lo religioso estaba encima de nosotros, inculcándonos cosas buenas”, asegura Sarmiento.

Un adelantado

Muchos jugadores que estuvieron en América dan fe de que lo que hoy es una moda, el que los técnicos vean videos de los partidos de sus rivales, Ochoa lo hacía desde la década del 80.

“Era un hombre que siempre buscaba el bien para el América, no dejaba pasar nada; por eso mantenía encerrado viendo videos de los rivales y a nosotros también nos ponía a verlos para que tuviéramos una idea clara del equipo que íbamos a enfrentar”, manifiesta Hugo 'Pitillo' Valencia, lateral derecho durante varias temporadas.

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Entre tanto, Sarmiento ratifica que la pasión del técnico era darles a los jugadores detalles importantes a la hora de afrontar al rival de turno.
“El médico era un adelantado porque su única herramienta para ver cómo jugaba el equipo que íbamos a enfrentar era una 'videocassettera'. La ponía a funcionar, después paraba en alguna jugada y nos explicaba algo, y así se la pasaba, parando y devolviendo para que nosotros viéramos los movimientos del contrario. Con nada hizo mucho y en América nos enseñó a ganar”, reconoce el antioqueño.

Agrega que su función con los jugadores del equipo rojo no se limitaba a charlas únicamente futbolísticas.

“Era una gran persona, a todos nos daba consejos de vida, nos decía que teníamos que esforzarnos para ser ejemplo para todos. Y eso lo veíamos en él porque en los seis años que compartimos en América, vi a una persona culta, educada, preparada; era un hombre disciplinado, que hacía respetar su zona. Tal vez por eso algunas decían que era un tipo complicado”, recuerda Sarmiento.

Víctor Lugo, otro de sus hombres de confianza en la cancha, revela que con la llegada de Ochoa en 1979, todo cambió en América.

“Antes entrenábamos una vez en el día y él nos puso a trabajar a doble jornada; yo diría que se la pasaba más en Cascajal que en su casa. Además, en sus ratos libres se iba a nuestras casas para ver dónde y cómo vivíamos y qué comíamos. Impuso su palabra de batalla, “disciplina”, y con eso se acabaron muchas cosas que no funcionaban bien en el equipo”, expresa Lugo.

Con su disciplina, liderazgo, carácter y conocimientos futbolísticos, Ochoa volvió al América un eterno ganador, después de haber cargado durante muchos años con la famosa 'Maldición de Garabato'.

El legado de un hombre triunfador y que le dedicó gran parte de su vida a una pasión llamada América, está para quienes deseen construir un camino victorioso en su vida.

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