Cuento y crónica

Julio 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

A mediados del siglo pasado ocurrió uno de los hechos más importantes en la historia de la comunicación: la fusión del periodismo y la literatura. El resultado se llamó ‘nuevo periodismo’ y hoy se lo conoce como periodismo literario. Truman Capote, Norman Mailer y Gay Talese, entre otros, fueron los primeros en aplicar a la crónica recursos literarios. Colombia, que a todo llega tarde, esta vez madrugó: García Márquez publicó, utilizando estas técnicas, Relato de un náufrago (1955) y dio la mejor definición del género: crónica es un cuento que es verdad. Aquí está dicho todo: la crónica no admite ficción y se construye con lenguaje narrativo. “La luz rojiza de una veladora se extingue lentamente bajo un crucifijo de madera y el cuadro de las tres divinas personas. Un calor sofocante invade la casa de madera y cinc del barrio Caldas de Buenaventura. Cerca a la puerta, Sabina Riascos se ajusta un trapo blanco sobre la cabeza antes de acomodarse en un mueble desvencijado. Tiene 65 años, piel morena y ojos pequeños y muy negros. Durante muchos años Sabina recorrió en lancha la intrincada región del Naya en compañía de su esposo, un comerciante llegado del interior. En esa zona conoció a Marcelino Peña, un anciano a quien la gente le atribuía un poder secreto: Ni las balas, ni el machete, ni la picada de las culebras le hacían daño”. (José Navia, ‘Las balas rezadas no fallan’).Algunos teóricos sugieren comenzar con un punto fuerte, el ancla. “Batistuta es como una fiera que se la pasa enjaulada a pan y agua, de lunes a sábado. El domingo lo sueltan en el área”. (Oswaldo Soriano, en un perfil del futbolista Gabriel Batistuta). Es un buen consejo, pero también se puede comenzar de una manera tranquila, como esas películas que empiezan con una familia feliz en un parque… y el espectador empieza a presentir desgracias (ojo: el primer párrafo puede ser tranquilo, no jarto ni pedante ni confuso).El cuento se rige por la estética, la crónica por la ética. Al primero le basta la verosimilitud, una suerte de coherencia interna; la segunda exige veracidad, rigor, investigación. La ficción es la sabia del cuento. Cuando no hay ficción, el lector siente que le están vendiendo como cuento una mera anécdota. La crónica, en cambio, se ciñe a los hechos.Otro elemento ético de la crónica es la confidencialidad. El periodista no puede traicionar la confianza de la fuente. Si una persona nos revela algo pero nos pide que no lo publiquemos, no podemos publicarlo, así nos vaya el Pulitzer en ello.Ambos, cuento y crónica, necesitan tensión. Sin tensión, el relato es una postal, un bodegón, algo insulso, como un chisme sin nombres propios. En el cuento la tensión se logra por el conflicto: fidelidad / pasión, honradez / ambición, la ley contra el instinto. En la crónica se logra con la inclusión de puntos climáticos, es decir, sucesos dramáticos, lo que los cineastas llaman ‘puntos de giro’. A una crónica corta le basta un punto climático. Si es larga, necesita varios para mantener el interés del lector.En ambos géneros, la buena prosa es esencial. ¿Qué es buena prosa? La que no se advierte. La que es poderosa y discreta a la vez. La que no condesciende a la retórica porque sus asuntos son graves.El periodismo gira en torno a un qué o un quién. A la crónica le interesa sobre todo el quién. Es el factor humano lo que la preocupa. Por eso usa el lenguaje narrativo, que es cálido, y no el informativo, que es tan parco. Por eso las crónicas sobreviven a las noticias.Sigue en Twitter @JulioCLondono

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad