Políticos desacreditados

Políticos desacreditados

Junio 16, 2017 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Francia vuelve a sorprender. El proceso electoral que culmina mañana lo demostrará.

El triunfo del nuevo Presidente Emmanuel Macron refleja un tsunami político. La elección parlamentaria de mañana proporcionará datos que mostrarán el revolcón; el Partido Socialista, informan los periódicos, podría perder 264 parlamentarios y ya está generalizada la idea de que Macron obtendría más de 400 escaños. Se habla de traición de Hollande a los ideales socialistas y de un sentimiento de abandono.

Cómo negar que se ha producido verdadero terremoto político en Francia. Que un partido político dirigido por un novato menor de 40 años logre en menos de un año de acción, la Presidencia de la República y abrumadora mayoría parlamentaria, es auténtica hazaña. Los partidos que han gobernado desde 1958 están por el suelo. Los socialistas que estaban gobernando han disminuido catastróficamente.

El gran interrogante es si esta rebelión popular se traducirá en significativa transformación. Macron antes de posesionarse anunció una estrategia para moralizar la vida política. Es el primer paso que debe darse para restablecer digna sintonía entre dirigencia política y opinión pública. Para superar la brecha política que ha venido creciendo en el Reino Unido, Estados Unidos, España, Italia y otros países. No deja de asombrar que en menos de un año dos Primeros Ministros conservadores en el Reino Unido, país de alta cultura política, hayan hecho equivocada evaluación del estado de ánimo de la opinión pública. Cameron y May convocaron dos procesos electorales extraordinarios. Uno el referendo sobre el retiro o continuidad de Gran Bretaña en la Unión Europea; y la señora May para asegurar más fuerte posición en la negociación con esa organización y sus países miembros. Dos fiascos electorales. Y no sin consecuencias. Encontrar las causas de estos inusitados fenómenos no es fácil. Ya algunos libros los anticipaban. El desencuentro entre políticos y ciudadanos; el descontento con los parlamentarios; y cómo no mencionarla, la corrupción, el abuso del poder que ha venido contaminando el necesario, bello y exigente oficio de la política.

Estos y otros factores han contribuido a generar desencanto entre los ciudadanos con la política y los políticos. Deplorable. Porque es difícil conseguir una sociedad ordenada, vivible, progresista, solidaria, si no existen política y políticos realmente en concordancia con los anhelos y valores de la población. Es muy difícil que la democracia rinda los frutos esperados si los ciudadanos desprecian sus dirigentes.

El maridaje entre política y negocios, entre políticos y corrupción, entre contratación pública y políticos y funcionarios públicos, ha desvirtuado la esencia del buen gobierno. Abundan libros sobre el tema. El más reciente, es de una distinguida profesora del Carnegie Endowment for International Peace, Sarah Chayes, titulado ‘Cuando la corrupción es el sistema que opera: el caso de Honduras’. No es la primera vez que ella se ocupa, y de qué manera, de la megacorrupción, de la criminalización de la política y del Estado. Dramático caso de cleptocracia, entendida como una red criminal que involucra al sector público, al privado y a importantes actores internacionales. Libro de lectura obligatoria porque, aunque no sea idéntico lo ocurrido en Guatemala, Honduras y Brasil, hay elementos comunes que no se pueden pasar por alto en una auténtica estrategia anticorrupción. Un aprendizaje indispensable. Es, primordialmente, la preservación de la decencia política y el sistema democrático.

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