Corrupción en la ONU

Corrupción en la ONU

Octubre 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Las Naciones Unidas, que están cumpliendo 70 años, representaron en su momento la encarnación de los más altos ideales de la humanidad. Por fin podíamos hablar de una gobernabilidad global en lo político, en la seguridad, en lo macroeconómico, en materia de reconstrucción y desarrollo (la posguerra), en una Corte de Justicia, en una organización de trabajadores, patronos y gobiernos (O.I.T.), estas dos últimas heredadas de intentos en décadas anteriores. Con el paso del tiempo una constelación de instituciones se fue ocupando de temas concretos: salud, manejo de los mares, aviación civil, lucha contra las drogas ilícitas, promoción de la cultura y la educación, asuntos de la mujer y de los jóvenes, temas de la niñez, del medio ambiente, los de derechos humanos, en fin, un repertorio de instituciones que han jugado un papel central en la formulación de políticas públicas en el mundo entero. No tenemos un balance de lo que ha sido la contribución de la ONU al mejoramiento de la vida de los ciudadanos en este planeta. Sin duda, las guerras mundiales desaparecieron. No olvidemos que hubo dos en la primera mitad del Siglo XX, que tuvieron consecuencias fatales particularmente en Europa, Japón y otros países. Millones de muertos, destrucción, infinito dolor. Claro, ha habido guerras de baja intensidad o conflictos armados internos. Algunos muy letales. Pero se reconoce que a nivel mundial se logró un gran avance en materia de paz. Reconocimiento igual se podría hacer en lo referente a la cultura del respeto a los derechos humanos que, no obstante reconocidas inconsistencias, ha elevado el nivel de respeto a la dignidad de las personas de todas las razas y religiones. Queda mucho por hacer. Y en materia del medio ambiente merece todos los elogios porque, sin duda, tenemos una ciudadanía que cada día más reconoce la urgencia de preservar el planeta y de evitar las acciones que lo ponen en peligro. Por ello, en esta fecha conmemorativa, en la que encontramos luces y sombras, resulta tan doloroso que, una vez más, se haga público un escándalo de corrupción en los más altos niveles de esta organización mundial: los casos de soborno que han sido divulgados y que comprometen, inclusive, a un expresidente de la Asamblea General -John Ashe- .Infortunadamente no es la primera vez. En el 2001, a raíz de las decisiones que se tomaron contra Iraq se presentaron casos muy escandalosos, que comprometieron países, altos funcionarios de la ONU y hasta un hijo del entonces Secretario General Koffi Annan. No sobra una breve descripción de lo que ocurrió: al tiempo que se tramitaba la Convención de Naciones Unidas contra la corrupción, el Secretario General le solicitó a Paul Volcker que presidiera una investigación sobre un escándalo sin antecedentes en la propia Organización, relacionado con una operación humanitaria de 110 billones de dólares (petróleo a cambio de comida). El escándalo involucró a más de 2.200 compañías que pagaron cerca de 2 billones de dólares en sobreprecios ilegales y en sobornos al régimen irakí. Volcker caracterizó el comportamiento de la ONU como una “cultura de la inacción” y señaló que buena parte del desempeño de algunas de sus agencias estuvo por debajo de los estándares de la Organización. Si la sal se corrompe….

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