La víctima de violencia sexual que curó sus heridas ayudando a otros

Mayo 30, 2017 - 02:36 p.m. Por:
Redacción de El País 
Mujeres víctimas

Según la Unidad Nacional de Víctimas, 18.544 mujeres fueron abusadas sexualmente en el marco del conflicto armado. La mayoría tenían edades entre los 29 y 60 años. En el Valle del Cauca, la cifra es de 717 de ellas que sufrieron este drama.

Especial para El País

Correr. Huir con cinco hijos a cuestas. Con el cuerpo y el alma rotos. Y otra vez huir, solo unas pocas cosas en una maleta y un mercado entre una caja. Perseguida por el miedo.

Así ha sido parte de la historia de Victoria, una campesina de Arauca, víctima del conflicto armado. Desplazada una y otra vez. A los 12 años tuvo que salir con sus padres de su finca Venezuela, en San José del Guaviare. Luego, años después, abandonó Arauca por amenazas. Y en el 2000 regresó a montar con su hermano, de nuevo, un proyecto piscícola.

Las amenazas regresaron una mañana del 2011 con un mensaje que los paramilitares metieron por debajo de la puerta. Esa semana su hermano estaba de viaje, ella y su cuñada estaban solas con sus hijos en la casa. Les dieron tres días para irse.

No cumplieron el plazo. A las 3:00 a.m., ese minuto que algunos creyentes de fenómenos paranormales le dicen ‘la hora del diablo’, llegaron los demonios. Se oyeron cascos de caballos. Tumbaron la puerta. A los niños los alcanzaron a esconder en un cuarto entre pacas de paja.

-No hablen, no griten, no salgan de aquí, pase lo que pase, les dijo Victoria.

Las violaron. Las golpearon. Les cortaron sus piernas. Y una vez más a huir. A correr de los demonios. Llegó con sus hijos a Bogotá. La más chiquita estaba de brazos, el mayor ya era adolescente. El sacerdote de una parroquia la ayudó. Le dio trabajo y le consiguió un apartamento en el Sur. Allí vivieron varias semanas hasta que una noche lo encontraron destrozado. Los muebles rajados con cuchillos. Y una vez más a huir.
Con la poca ropa que tenían y una caja con mercado que les empacó el padre partieron en bus desde el terminal de transportes de Bogotá hacia Cali.

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Un sacerdote italiano, por recomendación del padre de Bogotá, los acogió en la parroquia. Y si una y otra vez, Victoria corrió. Y si una y otra vez Victoria fue golpeada. Una y otra vez Victoria se levantó.
Resiliencia le llaman los expertos a esa capacidad de sobreponerse al dolor, a la violencia. En Cali la atendieron en un hospital por la hemorragia. Tenía la matriz y sus órganos genitales destruidos. Le dijeron que podía morir -recuerda-. Y sacó fuerzas de ese amor de madre para vivir. Y sacó fuerzas de ese amor por ella misma para salir adelante.

“Mi vida ya no es la misma. Mi cuerpo tampoco. Quedé con mucha rabia. Destrozada. Pero entendí que si Dios me había dejado viva era para algo grande. Y me paré, fue como un milagro”, cuenta.

Con los cuidados médicos fue sanando su cuerpo. Escuchando, conociendo a otras mujeres que habían sufrido lo mismo, empezó a sanar su alma.

El pasado miércoles 25 de mayo se conmemoró en el país el Día de la Dignidad de las Víctimas de la Violencia Sexual en el Marco del Conflicto. Un día que representa el dolor de otras 18.544 mujeres que han reportado a la Unidad de Víctimas haber padecido violencia sexual.
En el Valle del Cauca la cifra es de 717 mujeres que sufrieron este drama. A Cali han llegado, como Victoria, desplazadas de diferentes partes del país.

Según el Registro Único de Víctimas de esta Unidad, 1053 personas han reportado en la ciudad delitos contra su integridad sexual.

Victoria contó su historia en Cali. A la oficina de la Unidad de Víctimas acudió a pedir ayuda. La repararon con ayuda psicosocial y con un dinero, que invirtió en un proyecto.

Ahora apoya a mujeres. En el Distrito de Aguablanca, donde llegó, conoció a decenas de personas afectadas por la violencia. Se reunió con mujeres, desplazadas del Naya -tras la masacre paramilitar del 2001-, desplazadas de Chocó, de Nariño... Montó un comedor comunitario y un proyecto para reciclar.

Dejó de ser víctima y se transformó en líder. Una lideresa, escogida por sus propias compañeras.

De víctima a lideresa

“Cuando llegué al Distrito vi el drama de muchas mujeres. Empecé recogiendo comida en la galería Santa Elena, trabajaba limpiando bodegas o carnicerías a cambio de comida. Llegué a recoger tanta, que me uní con otras mujeres para hacer una olla comunitaria, que luego se convirtió en un comedor. Es que teníamos muchas necesidades, vi mujeres que por hambre, por llevarle comida a sus hijos, se tenían que prostituir”, cuenta.

El proyecto se fue ampliando y cada día llegaban más mujeres. Victoria era la líder. Ya lleva más de quince años en Cali. Ha vivido en varios sectores del Aguablanca. La han amenazado. Pero sigue firme.
A sus hijos les cumplió la promesa de sacarlos adelante: tres de ellos han estudiado carreras tecnológicas y otro espera un cupo para la Universidad del Valle.

En su fundación apoya a mujeres víctimas de violencia. No solo del conflicto. Victoria dice que aquí en la ciudad, o en la Cali en la que ella vive, la guerra puede ser tan dura como la que ella vivió en Arauca.
Frente a su casa violaron a una vecina. Eran miembros de una pandilla dedicada a vender drogas.

No se sabe si la joven denunció, pero una semana después la encontraron muerta.

“Nosotros conocemos muchos casos de abuso sexual. Tenemos mujeres y niñas abusadas por sus padres, padrastros, hermanos. Las mujeres acá son vulnerables. El abuso sexual es una tortura, ellos nos usan como un botín de guerra. Nosotras, las víctimas del conflicto, tenemos una ley especial, podemos reclamar, pero ellas están más desamparadas. En mi barrio los jíbaros abusan de las jóvenes consumidoras y de otras mujeres. La violación es una muestra de poder”, expresa.

En el Valle del Cauca, según la Secretaría de Equidad y Género, se han presentado 589 abusos sexuales a mujeres, la mayoría de ellos en Cali. Esta cifra representa un aumento de 132 % con respecto al año pasado.
Victoria recuerda otro caso: una indígena de 15 años, desplazada, fue violada cerca al Parque del Avión. Intentaré ayudarla en la fundación, pero aún vive su duelo.

“Lo primero que tratamos de hacer es que recuperen la autoestima. Eso es muy importante en el proceso. Algunas mujeres jóvenes acusadas se vuelven muy promiscuas, dicen que ya nada les importa. Convierten el sexo en un arma para vengarse de los hombres. Yo les cuento mi historia y cómo salí adelante. Escuchando a otras mujeres víctimas, saqué fuerza y sané”.

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