Así opera 'Los Malagueños', la red de estafa profesional que engañó a varios caleños

Así opera 'Los Malagueños', la red de estafa profesional que engañó a varios caleños

Octubre 17, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País 
¡Cuidado!, estas son las cinco modalidades de estafa en las que puede perder su plata

34 estafadores ha capturado en 2017 la Policía, 22 más que en 2016.

El País 

Como en una trama novelesca, seis años tardó la víctima en darse cuenta que quien se había ganado su confianza como un hombre de bien, era un estafador al servicio de una banda bien organizada para timar hasta el más avezado abogado litigante.

Carlos Mejía Gómez, profesional del derecho dedicado a negocios inmobiliarios, mostraba un apartamento en venta cuando conoció a Willie Marín Marín, quien le impactó por sus buenas maneras y amabilidad. Le presentó a su familia y con mucha labia, logró convencer a Mejía de que “él era la persona de confianza que necesitaba para ayudarle a manejar sus negocios”.

El abogado lo nombró administrador de un establecimiento comercial, en el barrio Junín. Y fue cuando Willie, con su poder de seducción con la palabra, le pintó un negocio muy rentable de repuestos y accesorios para motocicletas, que Mejía Gómez le pareció creíble y rentable.

Marín decía estar actuando en nombre de un señor español Francisco González Santos, de Málaga, España, que según él, era un magnate internacional de repuestos y accesorios para motos y decía que ya tenía varios de esos artículos en tránsito hacia Colombia por vía marítima.

Convencido de ese artilugio, Mejía Gómez le desembolsó diversos cheques que suman más de $300 millones, pero que Marín pidió girar a nombre de su señora madre, Francynelly Marín de Marín; de su hermana Lady Johanna Marín y de su hermano, Norman Marín, para comprar los repuestos y ponerlos supuestamente entre pequeños comerciantes de estos artículos.

“Él endosaba esos cheques, los cobraba y se embolsillaba la plata en vez de invertir en lo que decía, él dispuso abusivamente de esos recursos”, dice la víctima que denunció el hecho ante la Fiscalía contra Marín y González.

“Marín había vivido un tiempo en España como subalterno del gran malagueño y llamaba al español González su jefe. Pero según se ha podido investigar, Marín decía ser empresario, pero lo que hacía en España era vender perros calientes en la calle”, cuenta ahora el abogado Mejía.

Era tal el poder de convicción de Marín, que cuando Mejía estaba vendiendo dos apartamentos en el Limonar, cada uno a $80 millones, aquel se ofreció a comprarlos. Como Mejía creía ciegamente en su administrador, le firmó las escrituras porque supuestamente los $160 millones que valían, entrarían a una cuenta general después. Y obviamente nunca entraron.

Como si todo este entramado fuera poco, en esos mismos días, Mejía estaba vendiendo un penthouse de 210 mts.2 en Versalles, por $240 millones. E inmediatamente Marín le dijo: “Le tengo el cliente para ese propiedad”. Adivinen quién: el magnate español Francisco González. Pero que todo dependía de que le gustara a la esposa de éste, María Rocío Jara Ámbito.

La pareja vino a conocer el penthouse y de inmediato decidieron comprarlo. Pero con la capacidad de Willie para enredar a su víctima, aparecieron con otro integrante de lo que ahora él llama la banda ‘Los Malagueños’, llamado Ricardo Fernández Atuesta, que supuestamente era el apoderado de la esposa, María Rocío Jara Ámbito, que era de confianza de las dos partes y que firmaría las escrituras como se hizo en la Notaría 10.

A la víctima la convencieron de que para agilizar el procedimiento, firmara las escrituras declarando como recibido el pago del penthouse, pero que se haría en repuestos que ya venían en barco desde España y por el valor transado.

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Ese mismo día firmaron un contrato de compraventa donde el vendedor declaraba recibido el pago y un segundo contrato de compraventa de repuestos donde el comprador declaraba haber recibido esa suma de $240 millones en repuestos, como pago de ese penthouse.

Pero lo raro es que ese contrato lo firmó un nuevo integrante de la banda, Jaime Vásquez Gómez, supuesto proveedor de repuestos y representante legal de una sociedad fantasma Bedoya y Caicedo, que luego ampliaron a Inmobiliaria Financiera Integral SAS, que figura registrada en la Cámara de Comercio de Cali. Luego, la víctima consideraría que era una fachada de los bandidos porque de un día para otro desapareció del edificio Seguros Bolívar.

“Supuestamente me pagaban con esos repuestos enviados por el malagueño por barco, pero tal barco no existía”, admite Mejía Gómez ahora. Solo estaba en la prolífica imaginación y capacidad de enredar de Willie Marín Marín y en la buena fe de Carlos Mejía Gómez, que después de cuatro o cinco meses, de recibir papelitos de Willie que le decía que ya venía en altamar, se quedó esperándolo: “no llegó ni un tornillo, está más vivo el Titanic”, acota.

Todo reventó cuando él pidió que le hicieran entrega del almacén, así fuera sin repuestos. Y ahí fue Troya: después de una pelea fuerte, le dejaron las llaves con otras personas. “No dejaron ni un alfiler”, cuenta el abogado estafado.

Y ahí no terminaba la estafa. Marín le había dicho antes a Mejía, cuando todavía confiaba en él, que lo mejor para ampliar el almacén de repuestos, era comprar la casa de enseguida, que era del sacerdote Alberto Rico Patiño y donde funcionaba una cooperativa educativa.
Mejía le desembolsó $130 millones a Marín para la adquisición de ese inmueble, pero cuando el dueño creyó que la escritura saldría a su nombre, el estafador la había vendido ocho días antes a un tercero. Es más, supo que al sacerdote Rico Patiño le hicieron firmar sin estar presente el supuesto comprador, al que el religioso dice que nunca conoció.

De la misma manera que considera que María Rocío Jara Ámbito era más la testaferro que la esposa del malagueño Francisco González Santos. “Ella le dio el poder a Ricardo Fernández Atuesta y allí dice que él debe pagarme el precio y él firma como apoderado de ellos y los dos como testigos garantes del acuerdo”, relata Mejía e ironiza que también firmaron Willie como coordinador de orquesta y Francisco como gran determinador y su mujer como su testaferro.

Y para cerrar la estafa que sumaba más de $450 millones, el malagueño González Santos llamó a la víctima a decirle que sino le dejaba la mitad del negocio a Willie Marín, ellos le hacían quitar todas sus propiedades, configurando el delito de extorsión.

Todos están desaparecidos en este momento, aunque ante la demanda interpuesta ante la Fiscalía por la víctima, el proceso ya ha llamado a indagatorias y está próximo a llamar a audiencia de imputación de cargos.

El epiléptico y la anciana

Dos nuevos estafadores enredan a ciudadanos caleños. Uno es un hombre que aborda en espacios públicos a personas diciéndole que él es epiléptico y que requiere urgente la medicina para que no le den convulsiones, que lleva varios días sin tomarlas porque es muy cara y coincidencialmente le da el ataque en el cual el hombre se tira al piso y echa espuma por la boca. La gente se conmueve, recoge dinero y le da para las medicinas, pero quienes han sido víctimas de su show, lo han visto al día siguiente haciendo la misma solicitud en otros sitios a otras personas.

La otra trama es de una anciana que cojea con un bastón y entra al banco con una mochila de monedas y le pide a la cajera que le cuente el dinero. La cajera le dice que hay $45.000 y entonces la mujer comienza a lamentarse y a gemir diciendo que no le alcanza para sus terapias de la pierna y que no tiene más dinero, que por favor le colaboren. Al menos en este caso, el vigilante le pidió que se retirara de la entidad bancaria.

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